¿de quién es el bebé?

42. El ansiado día.

Pasados casi dos años, Camilo corría por su habitación con su peluche de nutría en la mano y siendo perseguido por su papi Rubén. 

La risa risueña del niño llegaba hasta el otro lado del pasillo, a la habitación de sus padres, donde Álvaro trabajaba en su ordenador portátil desde un sofá. 

— ¡Rubén! — Lo llamó Álvaro en voz alta. — Deja de darle juego o no va a dormir en toda la noche. 

Su teléfono sonó en el sofá y lo cogió viendo que era una alarma que programó para recordar que era el gran día. El reloj marcaba las doce de la noche en punto, eso significaba que por fin tenía veinticinco años, la edad requerida para adoptar a Camilo. 

Su corazón se aceleró al pensarlo y tardó en apagar la alarma. 

Escuchó a Camilo llorar y soltó el teléfono, dejando el portátil a un lado en el sofá y poniéndose en pie. 

Camilo entró corriendo y llorando en la habitación con su peluche de nutría. 

— Papá. — Camilo lo llamó queriendo escalar por sus piernas y Álvaro lo cargó en brazos. 

— ¿Qué ha pasado? — Le preguntó Álvaro, limpiando de grandes lágrimas las mejillas de su hijo. — ¿Qué te ha hecho papi? — Miró a Rubén en la puerta de la habitación y luego a Camilo que le enseñó el peluche. 

— Roto… — Dijo Camilo. 

— Oh. — Álvaro se sorprendió y miró con enfado a Rubén. — ¿Por qué eres tan bruto? 

— ¿Por qué crees que lo he hecho yo? — Le preguntó Rubén. 

— Porque eres un bruto jugando con él y porque tu hijo no tiene tanta fuerza. 

Rubén sonrió sabiéndose culpable. 

— No es nada. — Dijo acercándose. — Le pediremos a la abuela Margaret que lo arregle. — Quiso contentar a Camilo. 

Álvaro se puso serio y dejó al niño en el suelo. 

— Mejor a la abuela Lucy. — Prefirió. 

— Vamos, ¿cuánto llevas sin ir a ver a tus padres? 

— Estoy muy ocupado. — Rubén no le creyó y Álvaro le reconoció. — Cada vez que voy me mira con esa mirada de decepción y tristeza, y acabo sintiéndome un mal hijo. 

Rubén lo abrazó por la cintura, apoyando su mentón en el hombro de Álvaro. 

— Mi pobre Álvaro… — Lo consoló acariciando también su cabeza y Álvaro se rió. 

— No es gracioso. 

Rubén lo soltó para agarrarlo de la cara y sonreírle.

— Ve a verla mañana. Es tu cumpleaños y de paso llevas a Cami y el peluche. — Lo besó en la boca y lo felicitó. — Feliz cumpleaños, mi amor. 

Álvaro sonrió. 

— ¿Y mi regalo? 

Rubén inclinó la cabeza hacia Camilo que se mantenía al lado de ellos. 

— Cuando se duerma seré todo tuyo. 

— ¿Eres mi regalo? 

— No quieres que gaste dinero, así que… 

— Así que duerme a Cami para que pueda disfrutar de mi regalo. — Lo mandó Álvaro y se soltó de él. Le quitó luego el peluche a Camilo y se agachó. — Te lo guardo para que no se rompa más, ¿vale, mi vida? 

Camilo asintió y se rió cuando Rubén lo levantó de las axilas. 

— A la cama. — Dijo Rubén, llevándoselo a su habitación. No hizo más que salir al pasillo cuando escuchó la puerta de la casa y se giró para mirar a Álvaro. — Fernando. 

Álvaro dejó el peluche en la cama y salió al pasillo para ir con Rubén a la planta baja. 

— Tito. — Avisó Camilo a sus papás cuando bajaron y vio a Fernando. 

— Hace mucho que no venías. — Habló Álvaro. 

— He estado trabajando mucho. — Respondió Fernando, que dejó su maletín en el sofá y abrió su chaqueta. — Pero mañana es el día, tenía que venir. 

— Pareces cansado. — Opinó Rubén. 

— Con la vida que lleva no me extraña. — Dijo Álvaro y se giró hacia Rubén para hacerse cargo de Camilo. — Lo llevaré a dormir. 

Camilo le echó los brazos y se abrazó al cuello de su padre cuando éste lo cargó. 

— Ahora subo. — Dijo Rubén.

Álvaro le asintió y caminó hacia las escaleras, parándose cuando escuchó un fuerte golpe y encontrando al mirar a Fernando en el suelo. 

Rubén salió de la habitación de Fernando y cerró la puerta. Álvaro estaba en el pasillo. 

— ¿Deberíamos hacer algo más por él? — Se sintió mal por no hacer nada. 

Le habían ofrecido llevarlo al hospital cuando recuperó la conciencia, pero se había negado. 

— Es agotamiento físico por no parar. Se le pasará durmiendo. — Habló Rubén y Álvaro asintió. — ¿Y Cami? 

— En su habitación. 

— Vamos a ver si se ha dormido y te doy mi regalo. — Rubén lo agarró de la mano llevándolo en dirección a la habitación de Camilo. 

Álvaro sintió hambre por él y aceleró el paso. 

— Vamos rápido. 

Para sorpresa de ellos, Camilo no estaba en su cama ni en la habitación. 

— ¿Dónde está? — Rubén miró a Álvaro y ambos miraron su habitación al otro lado del pasillo. 

Camilo dormía hecho un ovillo en la cama de sus padres, abrazado a su peluche de nutría, los dos se quedaron mirándolo con amor. 

— Mierda. — Dijo Álvaro al darse cuenta de que se quedó sin regalo. 

Rubén le pasó el brazo por encima de los hombros y le puso enfrente un regalo de cumpleaños. 

— Afortunadamente, tengo otro regalo para ti. — Habló Rubén y lo besó en la mejilla. 

Álvaro lo correspondió con un beso en el mismo lugar. 

— ¿Puede haber un mejor novio? 

— Solo por si acaso, no lo busques. — Bromeó Rubén. 

Álvaro se rió agarrando el regalo y lo abrió sin hacer demasiado ruido con el papel para no despertar a Camilo. La caja del regalo le dio una idea de lo que era y miró a Rubén.

— Rubén. 

— No me preguntes por lo que he gastado y abre la caja. 

— Gracias. — Le agradeció Álvaro primero y se giró hacia él para besarlo de nuevo en la cara, luego abrió la caja viendo dentro un reloj de muñeca. 

Por la mañana los dos permanecieron en la casa ya que habían pedido el día libre en sus respectivos trabajos para esperar la llegada del abogado Orlando con buenas noticias. Con toda la documentación recopilada con antelación, solo debían esperar a que la propuesta de adopción fuese entregada y aceptada por el juez. 



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En el texto hay: romance, drama, gay

Editado: 17.05.2024

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