¿de quién es el bebé?

48. La decisión.

Rubén colgó la llamada a su padre y miró a Álvaro sentado en el centro de la cama con la carpeta que dejó el abogado en las manos. 

— ¿Tienes hambre? Puedo preparar pasta. — Le preguntó Rubén. 

— Sí, me muero de hambre y ver tantas propiedades, cuentas y negocios solo me da más hambre. — Respondió Álvaro. 

— ¿Por qué? ¿Tenía muchos restaurantes? — Álvaro lo miró y Rubén sonrió por la broma. Luego se sentó en la cama y le preguntó seriamente. — ¿Estás pensando en aceptar? 

Álvaro asintió y miró la carta de Fernando abierta en la cama. En ella, Fernando admitía que les había tomado cariño, les daba las gracias por ser para su hijo lo que él no podía ser y les instaba a aceptar su patrimonio. La carta estaba escrita y firmada de su puño y letra. 

— Tendría que ser muy tonto para decir que no dos veces, ¿no te parece? 

— Nos cambiará la vida. 

— Pero Cami tendría el futuro asegurado. Solo tendríamos que asegurarnos de darle una buena educación y todo el amor del mundo. Lo que no me convence es que tenga que hacerme cargo yo de la gestión de todo, mi sueño era no trabajar para pasar más tiempo con él, no al revés. ¿Crees que serías capaz de sacarte la carrera de administración? 

— ¿Quieres ponerme a mí a trabajar? — Sonrió Rubén y Álvaro lo hizo también. 

— No lo había pensado, mi idea era trabajar los dos como un equipo y hacer la carga más ligera. — Dijo Álvaro y soltó la carpeta en la cama. — ¿Qué te ha dicho tío Óscar? 

— Que no nos preocupemos y hagamos lo que creamos correcto. También que nos ayudará en lo que pueda. 

Álvaro sonrió contento por escuchar eso. 

— Puede dejar su trabajo y ayudarnos. Tengo claro que si acepto será por Camilo y por ayudar a nuestros padres. — Álvaro se movió hasta Rubén y se subió en su regazo. 

— ¿Quieres hacer cochinadas? Pensé que tenías hambre. — Le preguntó Rubén, que lo agarró del trasero. 

— Te comeré primero a ti. 

Se comieron la boca y se tumbaron en la cama. 

Pasado un mes, Rubén vio a su hermano Derek salir del vestidor de una tienda luciendo un traje de novio en color caqui. 

— ¿Y este? — Preguntó Derek, yendo hasta un espejo. 

Álvaro, que estaba sentado en una banqueta con Camilo en brazos para que no tocara nada, lo miró y sonrió. 

— Ese te sienta bien. Mejor que los dos anteriores. — Dijo Álvaro sonriente y Derek lo miró. 

— ¿Seguro? Solo me casaré una vez. 

— ¿De verdad crees aguantar con Támara toda la vida? — Bromeó Rubén.

Álvaro lo miró serio. 

— La pregunta sería si Álvaro te va a aguantar a ti toda la vida. — Contestó Derek, mirando en un espejo como le sentaba el traje. Se imaginó con Támara en el altar y le gustó, aunque aún no había visto el vestido de ella. 

— De momento me lleva aguantando dos años casados. — Presumió Rubén, apoyándose con una mano en el hombro de Álvaro. 

Álvaro le golpeó el costado con la mano lacia y miró a Derek que se giró a mirarlos. 

— ¿Cómo es eso? 

— Nos casamos hace dos años para agilizar la adopción de Camilo. — Explicó Álvaro y miró a su hijo. 

— Nuestros padres y los de Álvaro no lo saben, así que esta vez no te vayas de la boca. — Le dijo Rubén a su hermano. 

— Lo primero, perdón por contarle a tu padre. — Se disculpó Derek con Álvaro y se acercó después a ellos. — Y lo segundo, ¿por qué os habéis callado algo cómo esto? 

— En principio solo nos casamos por Camilo. — Respondió Álvaro y miró a Rubén. — Pensábamos hacer algo más adelante cuando estuviéramos preparados… 

Rubén asintió dándole la razón. 

— Qué tal esto… — Derek atrajo la atención de los dos y les propuso. — ¿Por qué no invitamos a tía Margaret y tío Mark a la cena de esta noche y le dais la noticia a los cuatro? 

— Es tu cena. — Se sintió Álvaro mal. 

— Y era vuestro derecho contar que estabais saliendo. — Respondió Derek. 

Rubén sonrió por la actitud de su hermano mayor y miró a Álvaro cuando sintió su mirada. 

— ¿Quieres hacerlo? — Le preguntó Álvaro. 

Derek se le acercó a un más y le bajó a Camilo del regazo. 

— Me encargo mientras de él. — Dijo y le dio a Rubén una palmada en el hombro. — Vamos a buscar al tío Dalton. — Distrajo luego al niño para poder llevárselo lejos de sus padres. 

Álvaro se levantó entonces y se puso delante de Rubén. 

— ¿Quieres hacerlo o no? — Se sintió ansioso por no tener su respuesta todavía. 

— Sabes que quiero soltarlo por la boca desde el primer día, pero, ¿qué pasará con tía Margaret? — Preguntó Rubén. 

Álvaro pensó en su madre y negó con la cabeza. 

— Me da igual. Mi padre y Sara me apoyan. Tus padres nos apoyan, hasta Derek nos apoya ahora. — Sonrió orgulloso del punto en el que estaban y le dijo. — Quiero contarlo. 

Rubén lo agarró de la cara y le plantó un beso en los labios. Álvaro sonrió por sentirse feliz viendo a Rubén serlo. 

— Falta algo. — Rubén bajó las manos hasta las manos de Álvaro y éste entendió por dónde iba. 

— Podemos conseguir unos anillos otro día. 

— O podemos usar los que llevo encima desde hace un mes. 

Rubén le soltó las manos y se sacó su cartera de un bolsillo del pantalón. 

— ¿De dónde los has sacado? — Le preguntó Álvaro, sorprendido al verlo sacar dos anillos iguales de la cartera. 

Le quitó los anillos y los miró. Por dentro llevaban grabados una fecha. 

— Es el día que te besé. 

Álvaro miró a Rubén. 

— Eres un cursi. — Le sonrió. — Me gustan. 

— ¿No me vas a preguntar el precio? — Se extrañó Rubén. 

— El dinero ya no me preocupa. — Dijo Álvaro. — Elliot ya ha conseguido un reemplazo para mí. Mañana será mi último día en la inmobiliaria. — Le extendió los anillos y le pidió. — Esperemos a contárselo a nuestros padres para usarlos, ¿vale? 



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En el texto hay: romance, drama, gay

Editado: 17.05.2024

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