De tu cielo a mi estrella

Prólogo

El regalo que dejó el cielo

Hay amores que terminan con una despedida, y hay otros que no saben irse del todo.

Skay aprendió eso de la forma más dolorosa.

Amó a Estela con la intensidad con la que solo se aman las personas que llegan para cambiarte la vida entera. La amó entre canciones, silencios, cielos pintados y promesas que parecían capaces de vencerlo todo. La amó incluso cuando el miedo empezó a mezclarse con los días. Incluso cuando el tiempo dejó de parecer infinito, cuando la realidad quiso arrancársela de las manos.

Y cuando Estela se fue, no solo perdió a la mujer que amaba.
Perdió la versión de sí mismo que existía cuando ella todavía respiraba.

Desde entonces, la música siguió sonando, los escenarios siguieron encendiéndose y el mundo continuó girando con una crueldad insoportable.

Pero dentro de él, algo quedó suspendido en el instante exacto de la pérdida. Como una nota que nunca termina de apagarse. Como un cielo que alguien pintó una vez y después quedó vacío.

Skay siguió viviendo porque a veces vivir no es una elección heroica. A veces es solo lo único que te queda cuando el amor de tu vida ya no está y aun así, en medio de la tristeza, hubo algo que jamás murió: el amor.

No el amor que exige quedarse para siempre.
No el amor egoísta que encadena sino el amor inmenso, valiente y luminoso que incluso al partir es capaz de dejar una última caricia en la vida de quien se queda.

Estela amó así.
Por eso, incluso después de su ausencia, encontró la forma de regresar.

No como una sombra.
No como un adiós incompleto, sino como un puente, y al otro lado de ese puente, estaba Estrella.

Estrella, la chica que también había conocido el dolor demasiado pronto.

La bailarina que había vuelto a habitar su cuerpo después de la enfermedad. La joven de ojos brillantes у alma herida que todavía no sabía que algunos encuentros no ocurren por accidente, sino por amor.
Por un amor tan grande que se niega a desaparecer, aunque cambie de forma.

Ella no llegó para borrar nada.
No llegó para ocupar el lugar de nadie.
No llegó para arrancar a Estela del recuerdo de Skay.

Llegó para demostrar que el corazón puede romperse y aun así seguir siendo capaz de florecer porque esta no es una historia sobre olvidar.

Es una historia sobre continuar.
Sobre aprender que amar de nuevo no traiciona al pasado.
Sobre entender que hay personas que dejan tanta luz en el mundo, que esa luz sigue guiando a otros,
incluso cuando ellas ya no están.

Algunos milagros llegan en silencio.
En un sueño.
En una canción.
En una mirada compartida detrás de un escenario.
En la sensación extraña de reconocer a alguien que jamás habías visto, y así fue como comenzó todo.

Con una chica que pintó el cielo antes de partir.
Con otra que volvió de la oscuridad bailando.
Y con un hombre que todavía no sabía que el amor, a veces, no termina...solo aprende nuevas formas de encontrar el camino de regreso.

Esta es la historia de una segunda oportunidad, no para reemplazar lo perdido, sino para honrarlo.

La historia de una promesa convertida en destino.
De una ausencia que se volvió luz.
De un regalo nacido del amor más puro, porque algunas personas no se van del todo.

A veces, se quedan en el viento.
En la música.
En los cielos pintados al atardecer.
En la forma en que dos almas heridas se reconocen y deciden no huir.

Y a veces...cuando aman de verdad,
se convierten en el comienzo de una nueva historia.

Estela fue eso.
El recuerdo.
La herida.
La luz y también el milagro.

Porque antes de irse, dejó el cielo abierto..
para que Skay pudiera encontrar una estrella.

"Porque incluso después de la muerte, Estela siguió amando de la única forma que sabía:
regalando luz."




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