De Vuelta

Capítulo 21

—Hola nana—Saludo al llegar. 


—Hola mi niña—Contesta la dulce mujer. 


—¿Va a cenar? —Pregunta, de forma cortés. 


—Si, Juana—Pon otro plato, para mi amigo—Contesto mirando a Mario. 


—Nana, traeme el botiquín, al despacho, por favor—Le pido a Juana, mientras avanzo hacía el despacho, seguida de Mario, que mira todo con curiosidad. 


—No tenía idea, que eras una niña bonita y millonaria—Dice Mario, un poco incómodo. 


—¿Eso es un problema?—pregunto—Tú no eres precisamente, un hombre pobre—Digo divertida. 


—Bueno, todo ha sido gracias al trabajo y al esfuerzo de Sam y mío—responde. 


Puedo notar como se enciende su rostro, cuando menciona mi nombre, bueno mejor dicho, el nombre de Sam. 


La nana entra, me deja el botiquín y yo me acerco a Mario, para invitarlo a sentarse, para iniciar a curar sus heridas. 


—¿La amaste mucho? —Pregunto, mientras me acerco, con un algodón, para curar la herida de su ceja derecha.


—Si, la amé mucho—Sam era mi mundo entero y la perdí de forma tan repentina, que aún me parece mentira—Dice con los ojos cristalizados.  


—Debió haber sido un amor, muy bonito—Digo intentando, no mostrar en mi voz, la emoción que me embarga, escucharlo hablar de mí, de esa manera. 


—Definitivamente lo fue y  aun lo es, ella sigue viva aquí—Dice, llevando su mano a su pecho, justo donde está su corazón. 


—Ojalá algún día, yo pueda conocer un amor así—Digo con algo de tristeza en mi voz, al recordar que lo tuve y lo perdí. 


—Estoy seguro que lo conocerás—Responde Mario, mirándome fijamente—Eres una niña, muy bonita—Agrega sonriendo.  


—No creo que ser bonita, sea suficiente—Respondo, mientras busco en el botiquín, más algodón. 


—Cuando te digo niña bonita, no solo me refiero a lo externo Hanna, también me refiero a tu esencia, a aquello que hay en tu interior, a esa belleza que no se marchita o envejece. Eres especial Hanna una mujer de la que cualquier hombre podría enamorarse, si ningún problema y no solo porque le llame la atención tu bien formado cuerpo o tu rostro de muñeca, sino porque también eres dulce, genuina, transparente, valiente y leal—Todo eso eres tú, niña bonita.  


Mi mirada se posa en él y me comporto como una niña boba, que ha quedado hipnotizada en los ojos, del hombre que le gusta, porque no puedo negarlo, Mario me gusta, me encanta, me fascina. Ni siquiera, me doy cuenta cuando me acerco a él y lo beso, lo beso con ansias, con desespero, con hambre, es un beso robado, pero también es un beso anhelado, al menos por mí.  
Noto que al principio, mi osadía lo sorprende, porque no responde al beso, pero unos segundos después, siento como entreabre su boca y me da acceso, para disfrutar juntos de un beso húmedo, en el que damos libertad a nuestras lenguas, para danzar juntas, siento como su mano, va a mi nuca; para estrechar nuestro contacto, siento como mi corazón se acelera, emocionado de probar sus labios, después de tanto tiempo, pero cuando siento que estoy en la gloria misma; Mario se aparta de mí, de forma abrupta, dejando mi boca sedienta y deseosa de más. 


—Hanna, esto no está bien—Dice mientras, lleva sus manos a su cabello de forma desesperada. 


—Yo, yo…—Intento hablar, pero no me salen las palabras.


—No me mal entiendas, Hanna—No es que no me gustes de hecho me encantas, pero en este momento, mi vida es un caos, yo no tengo nada que ofrecerte, soy un hombre viudo, que aún piensa en su esposa muerta, supuestamente tengo un hijo con una mujer; que no me provoca ni un mal pensamiento y para serte sincero, no me siento listo, para iniciar una relación, y lo que menos quiero es lastimarte Hanna.  


Lo miro, intentando que las lágrimas, no fluyan de mis ojos, pero no lo logro, las muy condenadas, empiezan a correr como cascadas. 


—Lo siento, yo no debí—Es lo único que logro decir, antes de salir, corriendo del despacho, rumbo a mi habitación. 

                 💚💚💚💚💚💚 


El beso de Hanna me sorprende, pero no puedo negarme al placer de disfrutarlos, el roce de sus labios suaves y húmedos, hace que mi boca se entreabra en busca de más, llevo mi mano a su nuca  y la pego a mis labios, hambrientos y deseosos de saborearla, nuestras lenguas, inician una sensual batalla, en busca de hacer el beso, mucho más exquisito. Pero en medio del placer que causa en mi su beso, viene a mi mente Sam, mi Sam. Salgo del éxtasis en el que me encuentro y sin poder evitarlo, me aparto de golpe de Hanna, no porque no me guste lo que acabo de experimentan con ella, sino porque en medio de ese beso, me encontré pensando en Sam. 


No puedo negar que Hanna, me gusta, que me encanta, que despierta en mi cuerpo, al lobo feroz deseoso de comerse a la dulce caperucita. Pero tampoco, puedo negar que sigo amando a Sam, mi esposa muerta, no ha salido de mi cuerpo y mucho menos de mi corazón.  


—Hanna, esto no está bien—Digo mientras me pongo de pie y llevo ambas manos a mi cabello. 


—Yo, yo…—Intenta decir algo, ella. 


—No me mal entiendas, Hanna—No es que no me gustes de hecho me encantas, pero en este momento, mi vida es un caos, yo no tengo nada que ofrecerte, soy un hombre viudo, que aún piensa en su esposa muerta, supuestamente tengo un hijo con una mujer; que no me provoca ni un mal pensamiento y para serte sincero, no me siento listo, para iniciar una relación, y lo que menos quiero es lastimarte Hanna.  


—Lo siento, yo no debí—Es lo único que Hanna dice, antes de salir corriendo del despacho. 


La veo salir llorando del lugar y me siento, como un miserable, un imbécil que acaba de lastimar a una chica inocente, que no tiene la culpa del caos en el que se ha convertido mi vida. 






































 




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