De Vuelta

Capítulo 28

La impresión de lo.ocurrido, me deja en shock, escucho la voz de Walter, pero no logro reaccionar a lo que me dice. Mis guarda espaldas ya se encuentran junto a mi. Veo como personal médico del hospital, corre para atenderla, pero en las expresiones de su rostro es fácil deducir, que ya no hay nada que hacer. 

Siento como alguien me guía hacia una de las bancas que está cerca, tomo asiento, pero sigo sin reaccionar, los curiosos empiezan a llegar y de repente, hay mucha gente alrededor. 

No sé cuánto tiempo pasa, pero de pronto un hombre vestido de policía  se pone de pie frente a mí. 

—Señorita Marshall, necesitamos que nos acompañe, para que rinda su declaración.

—¿Necesito un abogado?.

—No, no ws necesario, lo hará en calidad de testigo, tenemos las grabaciones de las cámaras y sabemos que la occisa le apuntaba, con un arma y que luego salio corriendo hacia la calle, es obvio que usted no la empujó. 

—Voy con usted, niña—Dice Walter.

—Si, se lo agradezco, dijo en tono amable.

Tomo mi teléfono y llamo a Mario. 

—¡Hola!—Responde, casi inmediatamente. 

—¿Puedes verme en la comisaría, Mario? 

—¿Qué pasó? ¿Tú estás bien?—pregunta.

—Sin lo estoy, pero Sasha murio, un auto la atropello y debo ir a dar mi versión, porque fui testigo. 

—Voy  saliendo para allá— Responde Mario. 

Llegamos a la comisaría y tardan casi dos horas atendiendome, al salir veo a Mario sentado,  en una de las bancas, una vez me ve sale a mi encuentro y me abraza. 

Es justo en ese momento  cuando me derrumbo y dejo salir el llanto que he estado conteniendo, no por Sasha, sino porque pude haber sido yo quien muriera hoy, nuevamente a manos de Sasha

—Cálmate, nena—No pasa nada, ya todo está bien.

Me abrazo a él con fuerza, mientras el corresponde de la misma manera.

—Todo esta bien, niña bonita—Vamos te llevo a casa.

Salimos de la comisaría y veinte minutos después, estamos llegando a mi casa. 

—¡Gracias! —Digo al bajar del auto—Estaba pensando que, necesitamos avisarle a Pablo, supongo que le corresponderá hacerse caso del bebé de Sasha.

—¿Crees que quiera hacerlo?.

—Si, lo creo Mario. Vi sus ojos brillar, cuando conocio a su hijo. 

—¿Tienes su número? —Me pregunta.

—Si ya te lo paso.

Entramos a la casa, la nana apenas me  ve  me abraza mientras solloza, todavía algo asustada.  

—¿Estás bien mi niña?.

 —Si nana.

—Gracias por acompañarla, joven Mario. 

—No tiene mada que agradecer, para eso son los amigos—Responde Mario.

Sus palabras lejos de hacerme sentir bien, me dejan un mal sabor de boca. Su amiga, eso es tofo lo que tengo permitido ser. 

Conversamos por un rato más, antes de que Mario se retire, porque ciertamente ya es algo tarde. 

— Iré por el bebé— Dice antes de salir, para todos yo era el padre— Lo llevaré a casa, en lo que Pablo legitima lo de  su paternidad. 

—Me parece bien— Respondo— Es un angelito, que no tiene la culpa de nada. 

—Si, lo sé— Descansa, niña bonita.

—Descansa, Mario y nuevamente gracias por todo. 

Un mes ha pasado, desde la muerte de Sasha  tal como Mario lo dijo  se hizo cargo del bebé, por los primeros días. El abogado de mi familia, ayudo a agilizar los trámites del reconocimiento y oficialmente Pablo es el padre de Pablito. 

He preferido, poner distancia con Mario  después de lo que pasó, me cuesta estar cerca de él. Lo amo más cada día y no es fácil disimular este amor. 

He estado sintiéndome algo mal  sospecho de que se trata, pero hoy mismo confirmaré mis sospechas, sé que es muy probable que esté embarazada, había dejado de cuidarme luego de terminar con Carlos y cuando estuve con Mario, no me interesó hacerlo. Siempre soñé tener un hijo suyo, siendo Sam mi cuerpo enfermo no lo permitió, pero ahora siendo Hanna tenía todas las ventajas y condiciones para lograrlo.

Paso al laboratorio del hospital y recojo los resultados del examen, estoy nerviosa, llamé a Tania para que me acompañara a abrirlos, lo único malo es que me exigirá que le diga quién es el papá. 

Llego a la cafetería, donde ya me espera Tania impaciente. Me arranca el sobre de las manos y lo abre, sin dilación.

— Estás un poquito preñada amiga—Dice sonriente—Ahora dime, ¿Quién es el responsable?.

—Mario Vargas—Contesto sonriendo  porque me siento realmente feliz.

—¡Ay  madre! — mi sobrino, va a salir bien guapo. 

—¿Cuándo vas a decirle? — Pregunta Tania. 

—No lo haré—Respondo.

—¿Por qué  no? — pregunta intrigada.

—Porque no necesita saberlo, además lo concebimos  una noche que estaba ebrio y él ni siquiera lo recuerda, además Mario sigue enamorado de su difunta esposa, no necesito que se sienta comprometido conmigo solo porque estoy embarazada.

—¿Estás segura  Hanna?

—Muy segura y espero, que sepas guardar el secreto, Tania. 

—Te lo juro  que lo haré— responde,mientras me abraza y da saltitos feliz,de que ser tia. 

Término de almorzar con amiga  en la cafetería, para luego presentarme al turno.

Cuando me reporto, con la doctora Cooper, una vez la hago, mi mentora me pide que la acompañe a su oficina, para  entregarme algo. 

La sigo y ya estando en su consultorio, saca un sobre de una gaveta y me lo entrega. 

—¿Qué es? —Pregunto intrigada.

—Te recomendé para una especialidad en Londres y fuiste aceptada, si aceptas, debes estar allá en una semana, la capacitación dura dos años, después de eso regresarías con una  especialidad en genética. ¿Te interesa? —Pregunta, segura de conocer mi respuesta.

—Por supuesto que me interesa—Respondo—Solo tengo una pregunta. ¿Es un problema que esté embarazada?.

—Para mí no, ¿Para tí? —Dice con ceño, fruncido.

—En lo absoluto—Respondo.

—Bien, prepara tus maletas—Te irás a Londres por un tiempo Hanna. 

Es la oportunidad perfecta, para irme lejos y tener a mi bebé tranquila y lejos de Mario, no podría explicarle como quede embaraza, sin que se me caiga la cara de la vergüenza. Sin embargo, eso no empaña mi felicidad ni un poquito, por fin seré madre, tendré un hijo, del hombre que amé, en mi.vida pasada y que amo en esta




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