Hace más de mil años atrás las misiones y herramientas mágicas de los Cupidos eran diferentes. Se tenían que flechar a ambas partes para que la magia funcionara con gran precisión. Con el paso del tiempo eso fue cambiando pero esta historia transcurre mucho antes de eso. Específicamente, en la era de Joseon, en Corea.
La historia se ha ido recortando mucho hasta ser rápida de narrar pero los sentimientos que hay detrás sigue siendo inmenso. No tuvo un final feliz… No aún, por lo menos.
Todo inició con una joven dama de familia acomodada que tenía un matrimonio ya arreglado, como era común. El Cupido encargado de esta misión debía flecharla y a su ser amado destinado. Era sencillo, ya que se habían cruzado bastantes veces sin saberlo, solo que aún no se habían dado cuenta de la existencia del otro y de lo unido qué estaban sus almas sin saberlo.
Había un problema del que el Cupido de esta misión era consciente… Si los flechaba, su historia de amor en realidad pasaría a ser trágica ya que su amor sería algo prohibido, mal visto, castigado o muy probablemente alguno de los dos acabase muerto.
Esto era algo de lo que los Cupidos tenían prohibido preocuparse, los Guardianes del Destino decían que ya habían permitido mucho al darles la oportunidad de conocer a su alma gemela en vez de pasar toda su corta vida sin haberlo hecho. Ellos les daban esta pequeña bendición y los humanos tenían el libre albedrío para decidir si luchar por ese amor o morir en el intento. La decisión era de ellos, los Guardianes del Destino no podían interferir más allá de eso.
Pero este Cupido no pudo sacar la espina de la duda luego de flechar a la chica. Más aún no había flechado al chico, su otra mitad. Pasaron los días en los que el Cupido meditó mucho los pros y contras de su trabajo, tanto fue su descuido que se dejó ver la dama que flechó. La primera vez solo se dejó ver por un descuido, la próxima vez entablaron una conversación que duró horas, la próxima solo caminaron uno al lado del otro. Un paseo que parecía muy inocente pero en la mente de la chica poco a poco empezaron a surgir sentimientos nunca antes experimentados… Y el Cupido empezó a tener más y más curiosidad sobre ese mundo, su gente y sus emociones.
Así pasaron 28 días donde ellos cada pocos días se encontraban y compartían momentos juntos. Ella nunca supo lo que él era en realidad, él tampoco se lo contó. Nada de eso importaba para ellos, solo lo que estaban experimentando cada uno.
La inocente curiosidad de él y las inocentes emociones que habían surgido de ella tomaron forma el día 30… también fue el final de todo.
Ese día cuando se encontraron en su lugar secreto cerca de un río sus manos se tocaron por primera vez accidentalmente. El Cupido todo ese tiempo se había cuidado de ni siquiera rozar ninguna parte del cuerpo a menos que estuviera cubierta. Pero en un descuido sus manos se tocaron y un montón de sentimientos inexplicables explotaron dentro de él. Pero su romance estaba prohibido más allá del hecho de que ella ya estaba comprometida, sino también porque él ni siquiera era humano, no del todo.
Pero ella no era consciente sobre nada de esto y al despedirse hizo algo que nadie vió venir: le dió un beso en la mejilla al Cupido. Este inocente y tímido acto fue lo que causó la rebelión del Cupido ante sus superiores y todo lo que creía correcto.
Más nada de esto duró mucho y ese mismo día fue castigado por un Guardián del Destino. Fue reprendido por no haber flechado a la otra mitad, por dejarse ver y usar su tiempo en la tierra para convivir con humanos, por alterar el destino prescrito entre dos personas y sobre todo por dejarse tocar y vincularse con este humano cuando se estaba estrictamente prohibido.
El Cupido fue sentenciado frente a otros Cupidos para que fueran conscientes de las repercusiones que hay por romper las reglas y alterar el orden ya escrito.
Su castigo fue presenciar como la dama, de la que terminó perdidamente enamorado sin saber lo que era eso, termina enamorándose del chico con el que estaba destinado al principio y luego ver cómo su amor fracasa. El chico termina muerto y ella es casada a la fuerza, pasando años y años de un matrimonio infeliz y desdichado hasta que termina con su vida a los 30 años.
El Cupido presencia todo esto sin poder hacer nada y sufriendo cada día como un fantasma en la tierra, anclado a la primera persona que lo hizo sentir algo. Luego de la muerte de la mujer a él sólo le quedaban 30 días más de agonía para al fin desaparecer por completo, orando cada día para poder encontrarla en el más allá.
En sus últimos 5 minutos de vida una de las hijas que llegó a tener su amada lo logró encontrarlo mientras él se refugiaba en el lugar secreto que tenía con su único amor.
Él quedó muy confundido del por qué ella podía verlo pero la niña, de 12 años, le contestó:
“No puedo verte, puedo ver tu hilo. No sé cómo te ves ni quién eres, sólo puedo escuchar tu voz. Llegué hasta aquí porque seguí tu hilo desde que lo vi arrastrarse. Es diferente a todos los que he visto hasta ahora, todos son rojo intenso pero el tuyo está poniéndose pálido, incluso creo que tiene partes grises… me recuerda al qué tenía mi mamá.”
“Estoy apunto de morir, tal vez por eso el color”.
“No. El hilo desaparece cuando la persona muere pero el color no debería cambiar, solo he visto esto en el hilo de mi madre y el tuyo.”
“No importa, ella ya estaba unida a otra persona, ya no tiene nada que ver conmigo.”
La niña dudó por unos segundos pero al final se mantuvo firme y le contó al Cupido:
“Soy la tercera hija de mi madre, la menor, tengo dos hermanos mayores que son el orgullo de mi padre. Mi madre me decía que le había costado mucho tenerme ya que mi padre estaba satisfecho de haber tenido puros varones y no tenía necesidad de tener más hijos en ese momento.”
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Editado: 24.01.2026