~ D-6 ~
B1.
—¿Entonces tu querida y tonta humana te invitó a una cena familiar para que fueras a conocer a su papá? —le pregunto desde su cama, donde estoy tirada jugando con un cubo de Rubik mientras él sigue sacando ropa y poniéndola sobre la cama para combinarlas.
—En resumen, sí. Y no la insultes —se pasea de una esquina de la cama a la otra mientras descarta y cambia atuendos. Se detiene y me mira—. ¿Crees que debería usar una corbata?
No puedo evitar rodar los ojos.
—Demasiado formal. —Lo veo morderse los labios, dudoso. Yo entrecierro los ojos y él evita mi mirada—. ¿Compraste una corbata con el dinero que me dieron a mí para mis vacaciones?
—Puede ser... —grito indignada y le lanzo el cubo de Rubik. El muy listo se agacha a tiempo y este solo golpea contra la pared, dejando una pequeña marca.
Hay silencio por unos segundos en los que él me mira espantado y yo lo miro muy enojada. Con ganas de enterrarlo vivo, más específicamente.
—Corre —le aviso entre dientes.
Él no duda ni un segundo, sale disparado de la habitación como la maldita rata que es. Yo voy detrás de él con uno de sus zapatos en mano para lanzárselo a la cabeza a la mínima oportunidad.
° ° °
Hanna.
Maddison grita como loca por unos segundos que, para mis oídos, se sienten eternos, ya que atraviesan los pobres intentos de mis manos por amortiguar el sonido en mis orejas.
—¡No me lo creo, no me lo creo! ¡Esto es grande, es fantástico! ¡Estoy tan feliz por ti, amiga! —se lanza desde donde está parada hacia donde estoy sentada. No me deja ni bajar los brazos cuando ya me está dando un abrazo de oso que me deja sin aire.
—Maddison, deja de exagerar siempre las cosas —le advierte su madre con diversión desde el sofá de enfrente.
—Sí, nadie le está proponiendo matrimonio a nadie. Es solo una cena para presentarles a mi novio, de manera formal.
Maddison por fin me suelta y mi cuerpo agradece el alivio de ser liberado.
—¡Oh, vamos! Déjame emocionarme. ¿Cuándo nos has querido presentar a algún novio, a toda la familia, de esta manera? Siempre hacías presentaciones rápidas si te encontrábamos con algún chico, porque si no, ni nos enterábamos. Siempre tan reservada —me reclama con un puchero. Me río y su madre rueda los ojos.
—Nos honra que quieras invitarnos, pero ¿no será extraño? Preferimos no ir. Podemos conocerlo otro día, sin problema —declina Elena.
—Pero yo sí quiero ir... —se queja Maddison. Elena la regaña con la mirada. Maddison se calla.
Sabia decisión. Mejor nunca contradecir a la señora Anderson cuando lanza esas miradas.
—No será extraño en absoluto. Ustedes ya están muy familiarizados con él, ya que va mucho a la librería —digo. Maddison asiente con entusiasmo, apoyándome.
—Sí, es cierto, pero...
—Pero nada. Ustedes también son familia, lo saben. Tú misma me enseñaste que la familia no es solo la que comparte sangre, que también hay lazos más fuertes que ese.
Se queda pensativa, pero es obvio que mis palabras la conmovieron y, tras unos segundos, acepta. Maddison vuelve a gritar de felicidad y nos jala a todas para un abrazo familiar.
° ° °
—No —responde Nicholas cuando voy a su trabajo para preguntarle sobre la cena.
Estoy muy indignada con su respuesta y, aunque no parece decirlo en serio, su rechazo a conocer a mi novio es evidente. Le incomoda tener esta conversación.
—Pues no te estoy preguntando, te estoy avisando que esta noche vas a conocer a mi...
—No —me interrumpe de nuevo justo cuando estoy por decir la palabra “novio”.
Los hombres que trabajan a nuestro alrededor en el taller mecánico ríen lo más disimulados posible. Asumiré que se están burlando de su jefe por comportarse de forma tan infantil.
—Mi no...
—No.
—Mi...
—Que no.
—¡Ugh, papá! —lo regaño, frustrada, y él se queda paralizado por unos segundos. Ahí es cuando me doy cuenta de que lo acabo de llamar “papá” sin querer.
Muy pocas veces lo llamo así, así que se ha vuelto una palabra con un peso importante para él. Aprovecho su momento de shock para hablar al fin sin que me esté interrumpiendo.
—Invité a mi novio esta noche para que lo conocieran todos. Ya te lo había comentado y, aunque solo hiciste una expresión gruñona, tampoco hubo una negativa de tu parte —abre la boca para hablar, pero lo interrumpo alzando un dedo—. No digo que les tenga que caer bien de inmediato, solo se los presentaré porque son mi familia y quiero que él pueda conocer a las personas más importantes de mi vida, de forma oficial.
—Manipulación emocional. Eso es jugar sucio —se queja entre dientes, con los brazos cruzados.
La expresión gruñona y de hombre regañado me hace reír. Termina sonriendo y me despeina el cabello con cariño.
° ° °
Maddison.
Estoy en el supermercado comprando algunas cosas que le hacen falta a mi mamá, ya que, luego de que Hanna se fue, se volvió loca y empezó a planear platillos para cocinar y llevar a la cena.
Giro hacia el siguiente pasillo y mi carretilla choca con la de alguien más.
—Oh, lo siento mucho —me disculpo y, al alzar la mirada, me encuentro con una inesperada cara conocida—. ¡Oye, yo te conozco! Eres la amiga del novio de mi mejor amiga, ¿no?
Ella me mira por varios segundos sin reacción alguna y me sonrojo.
¿Me confundí de persona? Eso sería tan humillante.
—¿Quién dices que eres...? —pregunta, confundida, y mis ánimos regresan.
—¡Soy Maddison! Hija de la dueña de la librería a la que siempre va tu amigo. Nosotras nunca hemos hablado, pero siempre que te veo estás con él, así que asumí que eran amigos.
—Amigos... Sí, algo hay de eso —murmura y mueve su carretilla, pasándome de largo hacia el pasillo del que iba saliendo. Doy la vuelta con mi carretilla y la sigo.
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Editado: 30.01.2026