3 años después.
Hanna.
—¿Segura que sabes hacer esto? —le pregunto a Maddison cuando corta otro mechón de mi cabello.
—O confías o confías. Ya no puedes echarte para atrás a estas alturas.
Llevo un año con el cabello por encima de los hombros luego de haberlo llevado largo toda mi vida. Nunca me había hecho un cambio de look tan grande, pero debo admitir que terminó gustándome.
Lo malo es que cada cierto tiempo hay que recortarlo para que siga parejo y conserve el largo de ahora.
Siempre iba a un salón de belleza para eso, pero hace días todos se pusieron de acuerdo para hacer una salida familiar hoy y a Maddison se le ocurrió la brillante idea de cortármelo ella cuando empecé a quejarme de lo largo que ya lo tenía después de saltarme la cita del mes pasado.
—¡Terminé! No era para tanto. Le corto el cabello a mi mamá todo el tiempo —se jacta mientras se echa el cabello hacia atrás. Luego me pasa un espejo —Solo hay que pasarle un blower o una plancha para darle un poco de volumen o movimiento. ¿Cuál prefieres?
—El blower está bien.
Ella asiente satisfecha y se pone manos a la obra.
Termina justo a tiempo cuando Nicholas nos avisa que ya debemos irnos.
Debo admitir que le quedó muy bien. Tanto, que estoy considerando pagarle para que sea la encargada de arreglarme el cabello de ahora en adelante.
° ° °
Al final optaron por hacer un picnic en un parque que Hajoon encontró a una hora de aquí.
Maddison quería ir a la playa, pero habría sido un viaje más largo solo para terminar con quemaduras de primer grado al regresar. Para ellos no valía la pena el dolor que quedaría después por unas horas de agua y arena.
Así que el picnic ganó.
Cuando llegamos y bajamos del auto, lo primero que hacemos es buscar un lugar disponible y lo bastante grande para cinco personas y un cachorro.
Porque, luego de varios meses rogándole a su madre por una mascota, Maddison por fin la convenció y terminó adoptando un golden retriever de cinco meses.
—¡Aquí! —grita Hajoon, y nos acercamos hacia donde está parado.
Desplegamos la manta y entre Elena y yo acomodamos las cosas que Nicholas y Hajoon nos van trayendo del auto.
Maddison, por su parte, juega con Kai, su cachorro, para que gaste un poco de la energía acumulada que tiene.
El día está soleado y fresco. Me relaja muchísimo después de pasar tantos días estresada por la idea para un segundo libro del cuento que publiqué.
Durante años me frustró no encontrar una editorial interesada en mis cuentos infantiles. Me sentía en un callejón sin salida y estaba convencida de que mis historias no eran lo bastante buenas para ser publicadas.
Pero luego se puso muy de moda subir webcómics a plataformas gratuitas o compartir tiras cómicas en redes sociales.
Lo intenté porque no tenía nada que perder y ya estaba acostumbraba a subir fotos de los dibujos que hacía en mis cuadernos y ropa.
El proceso fue lento y hubo momentos en los que me desanimé mucho, pero todos estuvieron ahí para apoyarme y animarme a seguir.
Maddison también jugó un papel importante al ayudarme a promocionarme. Ella entiende el funcionamiento de las redes mucho mejor que yo.
Al final fui desenvolviéndome hasta sentirme cómoda compartiendo mis ilustraciones, y uno de mis webcómics fue tan querido por jóvenes y madres que me comentaban que se lo leían a sus hijos pequeños, que terminé decidiéndome por la autopublicación.
Ahorré e investigué durante mucho tiempo hasta que, poco a poco, mi sueño se volvió realidad.
Mi cuento apenas lleva seis meses desde que lo publiqué. No he vendido miles de copias, pero ha sido un muy buen comienzo. Ya estoy cerca de alcanzar los ochenta en ventas.
Y sé que no debería estar estresándome por un segundo cuento cuando el primero lleva tan poco tiempo en el mercado, pero no puedo evitar volverme perfeccionista.
—Deja de pensar en tu cuento.
Recibo un golpe en la frente por parte de Maddison y me la sobo.
—Deberías ser como Hansel. Después de terminar la universidad no salió corriendo a buscar trabajo. Se lo está tomando con calma. Hasta está planeando hacer un viaje a Corea algún día.
—Él puede darse ese lujo porque, incluso si nunca consigue un buen trabajo, Nicholas terminará poniéndolo a trabajar para él para que haga algo productivo con su vida. ¿O cómo crees que va a pagar ese viaje a Corea? —digo —Mi punto es que Hajoon siempre tendrá una opción porque no hay algo en particular que le apasione hacer. Simplemente se deja llevar.
—¿Y qué tiene eso de malo? Deberías dejarte llevar de vez en cuando. Solo de verte con el ceño fruncido mientras te ahogas en tus pensamientos ya me da migraña —se queja mientras lanza la pelota a Kai.
—No tiene nada de malo —me defiendo —Pero desde que me metiste al mundo de las redes sociales no paro de obsesionarme con la idea de que, si no te mantienes activa, dejas de ser relevante en un pestañeo.
—¡No puedes culparme de eso! —finge indignación —Tienes una relación insana con las redes. Eso vamos a remediarlo hoy mismo.
Se inclina hacia mí.
—Dame tu celular.
—¿Para qué? —pregunto con sospecha, aunque termino entregándoselo.
—Te vi durante todo el camino hasta aquí metida en tus cuentas y respondiéndonos con monosílabos cada vez que te hablábamos.
—Es verdad —se mete Elena en la conversación.
Abro la boca indignada.
Ella me ignora por completo y se vuelve para lanzar la pelota de Kai cuando este se la da.
—¿Ves? —me regaña Maddison —Ahora esto es lo que va a pasar hoy.
Se guarda mi celular en el bolsillo del pantalón.
—Te voy a confiscar el móvil por todo el día y no te lo devolveré hasta mañana.
—¡Pero tengo una presentación mañana! —reclamo.
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Editado: 08.06.2026