Hace eones, Isekai yacía sumido en Mu, un vacío absoluto, desértico y sin vida. En medio de aquella inmensidad silenciosa, los celestiales encomendaron a Izanagi e Izanami la tarea de ponerlo en orden. Con la ayuda de la lanza enjoyada llamada Ama no Nuboko, comenzaron su labor sin saber exactamente qué debían moldear.
Apuntaron la punta de la lanza hacia los unabara primordiales y, de las gotas que quedaron en ella, brotó algo de tonos café y verde. Sorprendidos por aquella primera manifestación de materia, descendieron para tocarla. Era árida y se deslizaba entre sus manos, pero aun así contenía la promesa de un inicio.
Se miraron con satisfacción ante lo primero que habían creado y lo llamaron Chikyū, el primer sekai nacido del vacío.
Emocionados, comenzaron a crear otras fuerzas esenciales: Mizu, Kaji, Kūki, Tsuki y Taiyō. Cansados tras su labor, ascendieron nuevamente al Amenoukihashi para observar desde lejos. Entonces notaron que, donde antes solo había ausencia de luz, ahora se extendían colores, texturas y formas diversas.
Sin embargo, comprendieron que aún faltaba algo que protegiera todo lo surgido. Por ello decidieron descender y habitar en Chikyū, donde procrearon seres protectores de distintas formas. Los Ningen los llamaron Kami. Entre los principales estaban Suijin, representación de Mizu; U-hiji-ni, representación de Chikyū; Kagutsuchi, encarnación de Kaji; y Fūjin, representación de Kūki.
A cada uno se le otorgó el poder del elemento que representaba, y sus padres les encomendaron protegerlo con su propia vida. Aunque eran inmortales, cada uno poseía una debilidad y podía ser asesinado con el arma correcta. Dichas armas fueron enterradas en los extremos de Chikyū, para evitar que cayeran en manos equivocadas y preservar el equilibrio de cada Tane.
Podían adoptar la forma Ningen siempre que lo desearan, pero cada Hantoshi de cada cien años debía ungir su verdadera forma con la sangre de un Shōjō para conservar la vida y seguir habitando un cuerpo Ningen, lo que les permitía perpetuar su descendencia. Debido a ello, tenían prohibido enamorarse de otra Tane, pues si eso ocurría, perdían la mitad de sus poderes. Los Ningen debían ser marcados para poder reencontrarse y reencarnar juntos por toda la eternidad; sin embargo, al pertenecer a otra Tane, perdían sus recuerdos, y los Kami se veían obligados a comenzar desde cero para volver a establecer un vínculo con ellos.
Así comenzó el inicio de las eras, con los Ningen enfrentándose por la posesión de extensiones de Chikyū y por riquezas que, para los Kami, eran asuntos triviales. Aquello que los mortales consideraban valioso, los Kami podían obtenerlo con solo pestañear.
La historia del inicio fue transmitida de generación en generación, y en ella se relataba que cada Buzoku debía ofrecer al Kami un sacrificio de varias Shōjō, arrojando su sangre drenada a los elementos que custodiaban, los cuales cambiaban cada cien años para mantener el equilibrio del mundo. Tenían prohibido intervenir en las guerras, pues con su ayuda estas se volverían infinitas, y entre los Ningen podría difundirse el rumor de las armas creadas para asesinarlos…
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Querido lector está es mi primera historia de género fantástico espero les guste los amo mucho gracias por leer.
Atte: Katry
Editado: 05.03.2026