—Esto es grave, mi Aisuri. Sus heridas están tardando demasiado en recuperarse. No estoy seguro de que logre esperar el Hantoshi en dos lunas. Son quemaduras graves… y no puedo sanarlas.
—No está bien. Lo necesitamos. Un elemento sin su Kami causará un desequilibrio natural y los Yōkai podrían gobernar en caos. Estoy casi segura de que la Miko puede sanarlo.
—Mi Aisuri… si ella lo hace, morirá. Para el Hantoshi necesitamos seis doncellas.
—No será necesario. Traje del mundo mortal algo que nos ayudará a drenar su sangre por días sin matarla. Aunque, si ese fuera el caso, lo haría con gusto. Mi hijo es más importante que una mortal.
—Si él se entera de que lo hicimos sin su consentimiento, se enojará.
—¿Qué quieres que haga? No voy a permitir que muera. Sería devastador. Es el más poderoso de todos porque sabe lo que es amar. Los demás Kami gastan los eones en vanidades absurdas.
Prepara todo, Gang‑Tae. Si mi hijo muere, tú también. Con la diferencia de que serás asesinado por el resto de la eternidad.
—Sí, mi Aisuri. Como ordene.
—En dos horas estaré listo… aunque no sé si la Miko acceda.
—Lo hará. Es su deber con su Kami. Para eso vive. Y si no… igual lo hará.
—Debemos esperar las dos lunas para que sea efectivo.
—No podemos, Gang‑Tae. Es demasiado tiempo. Mi hijo morirá. Prepara la ceremonia para hoy. Ve a hablar con ella. No me gustaría obligarla.
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—Hola… ¿cómo estás?
—¿Cómo respondería eso? Acabo de hacerle daño al dueño de mi vida… a mi Ai… la razón por la que soy Miko.
—¿Quieres enmendarlo?
—¡Sí, mi Ai! Dígame cómo puedo hacerlo.
—Es muy peligroso. Debes dar tu vida por él.
—Haré lo que sea necesario para que pueda perdurar eones.
—Bien. Primero haremos la ceremonia del Hantoshi.
—Mi señor… es en una luna.
—Él no llegará hasta mañana. Debemos adelantarla. ¿Sabes qué hacer?
—Por supuesto. Nací para este día.
—Estaremos en la sala ceremonial.
—Como ordene.
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—Mi Aisuri, tenemos todo listo.
—Perfecto. Traigan a la Miko.
—Háganla pasar.
—Mi Aisuri… estoy lista. ¿Dónde se encuentra mi Ai?
—Está junto a la Mizu. Acércate. Pero antes escucha atentamente: esta no es una ceremonia convencional. Haremos cambios. Tu sangre no será para el elemento… la aplicarás directamente sobre lo que resta de su cuerpo.
—Pero…
—¡No contradigas, maldita Ningen! Si lo haces, te degollo yo misma.
—No es eso… solo que no veo a las demás doncellas para la ceremonia.
—Por premura, solo serás tú. Darás tu vida por la de mi hijo.
—Como ordené, mi Aisuri.
⛩️✦ ✦ ✦Narrador omnisciente ✦ ✦ ✦ ⛩️
El corazón de Itzumi se estremeció. Sabía que nunca más vería a su hermana pequeña.
Sabía que se reencontraría con su padre… si Izanami se lo permitía.
Se acercó a Suijin, que no tenía buena pinta.
Se quitó lentamente el kimono ceremonial, quedando completamente expuesta.
Tomó la daga ritual mientras recitaba los hechizos que su padre le enseñó cuando era niña.
Las lágrimas caían mientras cortaba sus extremidades para que la sangre fluyera.
Era lo único que importaba de ella en ese momento.
Pensó que tendría una vida más larga.
Se equivocó.
Sintió frío.
Mucho frío.
Luego notó que la boca del dragón mítico frente a ella estaba seca.
Entonces tomó una decisión desesperada:
Absorbió su propia sangre y la vertió directamente desde su boca al hocico del dragón.
Suijin balbuceó:
—…Itze…
Ella no entendía por qué su Ai insistía en llamarla así. Itzumi frotó su cuerpo inexperto contra el de su Kami, con la esperanza de que al morir él despertara y agradeciera su sacrificio.
—Empuja tu sangre hacia la Mizu —ordenó Izanami—. Luego coloca tus brazos para que se drenen en el elemento.
Itzumi obedeció.
Cuando la última gota de sangre abandonó su cuerpo, sintió cómo su alma se desprendía.
Un calor abrasador la envolvió.
La quemaba viva.
Los Kami presentes no entendían por qué estaba combustionando sola.
Y así, una Miko dio su vida por su Kami, como en las historias antiguas.
Su cuerpo se volvió carbón.
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—¿Qué sucede, Gang‑Tae?
—No lo sé… nunca había visto algo así.
—¡Maldita Ningen! Me engañó para no ayudar a mi hijo.
—No lo creo, mi Ai. Vi cómo su última gota cayó en la Mizu… y luego se quemó viva.
—Si esto no funciona, irá al mismo infierno para que no pueda reencarnar.
—No creo que lo hiciera adrede. Tenía miedo en sus ojos… y confusión. Igual está muerta. Y luego yo, cuando Suijin sepa que murió…
—Es una Ningen. En otros eones podemos tener otra igual.
—Sabe, mi querida Ai, que eso no es cierto. Ella era su amor… y su mayor debilidad. Tenía la Perla de Fuego. No me extrañaría que quemarla viva fuera parte de la voluntad de la Perla.
—Eres muy astuto. Me dices eso para que no mate a la Ningen por toda la eternidad.
—No es eso… creo que Suijin está despertando.
—¡Arrggggg! ¿Qué me está pasando, Gang‑Tae?
—Suijin, cálmate. Es tu poder regresando.
—¿Mi poder? Es imposible… no hemos realizado el Hantoshi. ¿Dónde está la Ningen?
—Lo siento, mi Ai… es que ella…
—Hijo, ¿cómo te sientes? Me siento ofendida. Despiertas de tu letargo y lo primero que quieres ver es a una asquerosa Ningen.
—No seas infantil, hahaoya. Estabas aquí hace rato. En mis sueños te escuchaba. ¿Por qué nadie me dice dónde está la ni…?
Suijin giró la cabeza.
Vio un montón de cenizas negras.
Olor a hueso y carne quemada.
Entendió.
—Gang‑Tae… ¿qué hace un cuerpo quemado en mi santuario?
—Mi Ai… usted pidió adelantar el Hantoshi. La Miko hizo su deber. Pero luego de su última gota en la Mizu… se quemó sola.
—Eso no es posible…
¿Pusiste a Itze nuevamente a sacrificarse por mí?
—Lo siento, yo…
Editado: 05.03.2026