Deimon.

Capítulo 21.

Muerte segura.

—Deberías tranquilizarte—

Ya no sé cuántas veces he escuchado eso. Pero estoy cansada de escucharlo, como si fuera a servirme.

—No Jayme, no me digas que me tranquilice porque lo único que haces es estresarme aún más— digo a toda velocidad mientras camino de un lado a otro. Con su mirada azulada siguiéndome en todo momento.

Luego de que los gemelos me dijeran eso no he podido dormir en toda la noche, la idea de ese sueño que ambos tuvieron se repetía en mi mente, al igual que el rostro del hombre rubio y de ojos marrones. Lo peor es que desde que me dijeron que soy quien lidera esa guerra, no he podido aliviar el maldito dolor en mi nuca.

Desesperada por el torbellino de pensamientos en donde se repetía una y otra vez la frase que dijo Vicky, junto con el sobrenombre de Luna Reginae lo único que se me ocurrió fue salir a caminar por el bosque, en medio de la oscuridad sin linterna y acompañada de Jayme y Midnight.

Sí lo sé, es una idea bastante estúpida e impulsiva pero, ¿qué se suponía que hiciera si dos niños de siete años te dicen que en su sueño lideras una guerra antigua? No es algo que se pueda tomar a la ligera.

El suspiro de la pelinegra a mi lado me saca de ese estado que me lleva atormentando desde que oscureció.

—Aún así inténtalo— no la escucho y niego con la cabeza para mí misma. Siento como me toma de los hombros— Dei respira—

Sus ojos azules me miran significativos, con el ceño fruncido miro nuestro alrededor y mi boca se entreabre al ver que todo está levitando, como las rocas, los troncos, las hojas, incluso nosotras y Midnight. Quien trata de volar por su propia cuenta pero no para de dar vueltas en el aire.

Con la respiración alterada y manos temblorosas me obligo a cerrar los ojos e intentar relajarme. Inhalo con pesadez al sentir como los mechones de mi cabello se levantan, cierro las manos con gran fuerza pero no dejan de temblar. Los ejercicios de respiración no están resultando, no puedo relajarme, niego con la cabeza en busca de otra cosa que me sirva. Decido centrarme en pequeñas imágenes: mi mamá, los gemelos, Jayme, mis amigos... Ryan.

Un calor recorre mis mejillas al imaginar su rostro y la sonrisa maligna de esa tarde, la imagen cambia a los gemelos y sus lindas sonrisas y sus cálidos abrazos, el recuerdo de las risas de los chicos y los chistes malos de Dante me hacen sonreír, la sonrisa de Jayme la primera vez que acarició a Midnight, el... último beso de mamá en mi cabeza. Ese último me hace sonreír con tristeza.

Poco a poco y a medida que las imágenes se repetían en mi mente logro relajarme, para empezar a tocar el suelo firme. Abro los ojos una vez siento mi respiración más suave y mis manos dejan de temblar, es entonces que veo a Jayme con una sonrisa.

Intento devolvérsela pero la misma energía que sentí en la tarde vuelve a recorrerme el cuerpo, me alejo un poco y sin gritar libero la onda al mismo tiempo que dejo salir mis alas y los cuchillos de mis muñecas, Jayme se agacha con rapidez esquivando los cuchillos y cubre sus oídos por precaución.

Caigo de espaldas con mis alas extendidas a los lados.

—¿Mejor?— asiento con un suspiro.

—Mucho... mejor— veo a Midnight volar desde una de las ramas del árbol hasta posarse en mi pecho.

Buh, buh.

Cierra sus ojos y se acomoda mejor sobre mí, esa pequeña presión que hace en mi pecho me ayuda a estar más en calma. Ella siempre sabe como ayudarme. Sonrío mientras la veo.

—Lo sé Midnight, sé que no debo hacerme la cabeza por un simple sueño de unos niños pero tú los escuchaste, además... también soñé con él—

—¿Y te dijo algo?—

Acaricio el lomo de mi búho.

—Fue... extraño, me dijo que los dos sabíamos que el caos está por comenzar, que era mejor protegernos y que sé donde encontrarlo. Y luego los gemelos me dicen esa... frase que...— suspiro y paso una mano por mi cara, es momento de hacerlo— tengo que ir a buscarlo—

Los ojos de Jayme me miran como si estuviera loca.

—Espera, ¿no crees que estás yendo muy rápido? No trato de decirte que no lo hagas es solo que... tengo miedo. ¿Y si es una trampa?—

Niego, pero eso no parece tranquilizarla.

—Dudo que lo sea. Él se me hace muy familiar, además creo que sabe algo sobre mis padres biológicos porque esas personas... la forma en la que me miraron me hizo sentir rara—

La mirada verdosa de la mujer vuelve a mi mente, esa mirada... me pareció tan cálida, tan... amorosa que no sé cómo es posible, solo sé que me dieron ganas de abrazarla por más desconocida que sea para mí. Mientras tanto la del hombre castaño parecía irreal, es como si ocultara algo bajo una mirada dulce y gentil, pero la del niño que ahora ya no es tan niño era como una mezcla de ambos, cálida pero falsa, como si supiera con cuál de las dos mirar a cada persona. Pero por más de todo, ninguna me quita la familiaridad que me hicieron sentir.

—¿Más de lo normal?— la broma me regresa a la realidad. La miro con una ceja alzada, ella me sonríe inocente.

—Que chistosa me salió la nena— digo con sarcasmo. Sonrío al escucharla reír.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.