EDEL
15-diciembre-2021
Tomo la postura correcta y respiro para levantar la pesa que contiene: 240 kg en total.
—Eso —se enorgullece mi entrenador.
—¡Bien, Edel! —alienta y aplaude Alex, mi compi de Wod quien graba mis entrenamientos.
Llevamos años entrenando juntos y compitiendo en concursos de crossfit. Nos conocimos en un centro de deporte llamado: “Los lobos”, donde se especializan precisamente para ese tipo de concursos y te enseñan cosas para que te especialices en entrenador y puedas trabajar en gimnasios o escuelas.
—Quédate ahí —expresa mi entrenador al verme con la barra levantada—. Buena. Controla. Suelta.
Manifiesto una sonrisa de satisfacción al saber que por fin me ha salido el levantamiento de barra con ese peso, y con el que he estado practicando mucho tiempo.
—Eso es todo, Eddy —Alex y yo chocamos nuestros puños—. ¿Cómo te sientes para pasado mañana?
Termino de darle un sorbo al agua que tengo en mi botella.
—Estoy un poco nervioso —admito.
Esto de las competencias me gustan mucho, pero también me da un poco de miedo porque no siempre todos los que compiten terminan siendo elegidos por los jueces. Para eso se debe llevar la dieta y entrenar mucho para que te elijan y pases a la siguiente ronda.
—No tienes porque, has estado entrenando mucho —palmea mi espalda—. ¿Grace también competirá?
—Creo no.
—¿Cómo qué crees?, es tu novia, ¿y no sabes?
Desde aquella fiesta de disfraces todo cambió. Empezamos a tener más discusiones y muy rara vez que venía a verme. En algunas ocasiones tenía excusas para no verme.
¿Cómo lo sabía?
Por la simple y sencilla razón que fueron dos ocasiones que vi las historias de su amiga en donde salía ella. Historias que Grace me ocultó en sus redes sociales. Y cuando ella si quería que yo fuera a verla, le dije que no podía porque yo sí tenía entrenamientos, (obviamente no le dije eso), pero me reclamó que yo no debería de hacerle eso solo porque ella no iba a mis entrenamientos y que seguro se la estaba aplicando para vengarme.
En fin, una discusión que me agobiaba seguir y decirle que no era cierto.
Sin embargo, nunca me ha gustado darle a saber mi situación sentimental a mis amigos.
¿Pero de que serviría ocultárselos?, si podían ver mi expresión en la cara.
—¿Has peleado con ella? —Me límite a contestarle— Edy, últimamente pelean mucho. ¿Acaso?... —arquea su ceja— ¿hay alguien que te gusta?
Aquella tontería me desconcertó por completo que me sacó una sonrisa genuina.
—¿Qué?, ¿de qué hablas?
En estos dos años que llevo con Grace, jamás me ha gustado alguien, porque en primera: yo respeto mucho mi relación con ella. Aunque a veces miro a una que otra chica cuando se me hace simpática.
Eso no quiere decir que me gusta y que soy un auténtico cabrón. ¿O sí?
—Vamos, Edel. Somos amigos, puedes confiar.
—Alucinas, porque no hay tal chica —subo a mi moto.
—Ah, ¿no?
—No —confirmo.
—Y entonces, ¿por qué no dejas de pensar en la chica de aquella fiesta de disfraces?
Es cierto que no dejaba de pensar en lo que le había ocurrido a aquella chica después que se fue, pero solo era preocupación por saber si habrá llegado bien a su casa después que se fue llorando.
—Eso no significa que me gusta, solo que me pregunto, ¿que habrá sido de ella? Eso es todo. Y como no quiero seguir hablando, me voy.
Suena el crujido del motor y acelero más para no poder dejar que hable Alex y le hago señas que no oigo nada de lo que esta diciendo. Respira hondo porque sabe que lo hago a propósito.
Y también debería saber lo que está por venir.
En un intento de quererse subir a la moto, me jalo y no de la tiempo de hacerlo. Me divierte verlo por el espejo lateral con su cara de enfado y que echa su brazo hacia atrás e incluye un chiflido.
En el trayecto del camino me repetía una y otra vez la misma pregunta sobre mi relación con Grace.
¿En qué estaba fallando?
Por andar pensando, casi un carro me atropella, de no ser porque me silbó es como pude esquivarlo, pero terminé cayéndome y ocasionó que tuviera unos cuantos rapones.
El conductor se acercó y empezó a insultarme. Solo me levanté, sin contestarle ni mirarle y el conductor se marchó.
Intenté encender la moto, pero no prendía. Lo bueno es que estaba solo a unas cuadras de llegar a mi casa y me era más fácil llevarme la moto aunque fuera a empujones.
Solo esperaba que no estuviera mi madre, o de lo contrario me diría que esa era una de las tantas razones por las que no me dejaba comprarme la moto.
Miré al otro lado de la calle donde se encontraba el gimnasio Mix Sport y de donde salía una pareja agarrados de la mano, eso me hizo recordar cuando conocí a Grace. Precisamente en el gimnasio de donde ahora trabajo.