Déjà Vu

CAPÍTULO 15.

No siempre la oscuridad genera pavor, puede ser incluso más llamativa que la propia luz.

EDEL

Intento parecer serio ante la chica para que deje de mirarme, pero sus ojos siguen clavados con los míos. No entiendo porque la sigo mirando, si cuando eso me ocurre, soy yo quien deja de mirarlas. Y no porque tenga el ego de creerme guapo, porque de hecho soy muy amistoso con chicas, pero hay algunas que me dan a entender que quieren algo conmigo. Cosa que no me interesa porque estoy en un relación con Grace.

Pero ella ha sido la excepción

«¿Por qué no puedes dejar de mirarla, Edel.» «¿Por qué?»

Fue lo primero que vino a mí. Y no solo eso, sino que tenía curiosidad por saber como era su rostro, pero con la gorra que llevaba puesta y su cubrebocas, me era muy difícil imaginármela.

Estiró su mano como queriendo tocar a alguien que estaría a su lado, pero no había nadie. Fue entonces cuando reaccionó y dejó de mirarme para voltear atrás.

Como un tonto seguí mirándola.

Dejé de hacerlo cuando un chico se acercó a ella. Entonces supe que era su novio.

¡Genial, Edel! Te has quedado mirando a una chica que tiene novio.

Suerte que has tenido que no te viera su novio, o de lo contrario tú y ella tendrían problemas. Incluso ellos como pareja.

—Hola —Me pongo de pie ante ellos y únicamente miro al chico, pero también estoy pendiente de ella mediante el rabillo de mi ojo. No me mira. Esta bastante seria mirando a otro lado—, nos gustaría que nos ayudaras con nuestra rutina. Es nuestra primera vez en un gimnasio ¿Qué debemos hacer?

—Claro, los ayudaré con mucho gusto, así que, primero suban hacer cardio 30 minutos y luego se acercan conmigo para ponerles la rutina. ¿Va?

La chica es la primera en adelantarse y antes de seguirla el chico, me sonríe.

Alguien toca mi hombro y mi cuerpo vibra para liberar el susto que me han dado. Lo peor de todo es que maldigo por haber quedado viendo a aquella chica.

—¿No me digas que estas pensando por haber quedado en tercer lugar en la competencia?

Menos mal Alex no se percató que estaba mirando a la chica o empezaría que soy un maldito perro y que no soy tan decente como se lo hago saber.

Y si, también viene a entrenar a este gimnasio.

—No voy a negar que estoy un poco triste, pero no puedo rendirme tan fácil Le echaré ganas para el próximo. Tenlo por seguro.

—Así se habla —me da tres palmaditas en mi espalda, enorgullecido—. Aunque no imagino como este Grace.

—¿A qué te refieres? —junto mi entrecejo.

—¿No te ha contado Grace?

«¿Contarme? Pfff.» (Pensé con gran ironía.)

Las discusiones seguían cada vez más y con ello los enojos. En especial los de ella. Se enojaba porque le marcaba e interrumpía sus entrenamientos. Que prefería entrenar con mis amigos que con ella. Cuando quería recogerla después de sus entrenamientos me decía que no, que intentaría practicar más. Y cuando no pasaba por ella me decía que no me interesaba en lo absoluto.

Trato de entenderla, pero últimamente me desconcierta todo. Incluso me he ahorrado las ganas de preguntarle porque me mintió al decirme que no iría a ninguna lado días antes del entrenamiento. Pero precisamente no lo hice para ahorrar discusiones, sin embargo, ella prefiere tenerlas. Sin tener en cuenta que diría que mis amigos la espían y son chismosos. Que lo hacen para que tengamos problemas.

No se porque dice eso. Tal vez sea porque no les cae.

—Casi no nos vemos debido a los entrenamientos.

—A otro perro con ese hueso. A mi no me engañas. Tienes problemas con ella, ¿cierto?

—No, claro que no. Es cierto lo que te digo —Ni yo me lo creo.

—Sí, claro. Como no.

—¿Me dirás, o no? —arqueo la ceja.

Me queda viendo con los ojos entrecerrados como si quisiera analizar mi expresión.

Al fin de un par de segundos, responde:

—Quedó eliminada de la competencia.

Un cúmulo de culpa se instaló dentro de mí. Era el peor novio del mundo. Ella me necesitaba y yo ni siquiera la había buscado para arreglar nuestros problemas.

Ella al igual que yo se esforzó mucho para llegar a esta competencia. Si yo me siento un poco triste, no quiero imaginar como se siente ella.

Pero una confusión se apoderó en mi interior.

—Espera, ¿cómo sabes eso?

—¿Recuerdas que me dijiste que no me viste después de la competencia? —Asentí — Fue porque ese día vi a Erika competir.

—Vaya, vaya. Ya salió el peine. Y tú que decías que jamás en la vida te quedarías a ver a una chica competir. Tsk, tsk, tsk —chasqueo y al compas niego con burla.

Carraspea y rasca su nuca.

—Yo... eh.... Iré a hacer barra para pecho.

—Huye. Como siempre lo haces cada vez que se habla de Erika —en un susurro menciono.

Llevo tiempo conociendo a Alex y diría que jamás lo había visto tan entusiasmado con alguien. No desde que murió Camila. Desde entonces se convirtió en un Don Juan y con nadie ha tenido nada serio. Las deja cuando el quiere y a cada una le inventa una historia diferente. Pero cada vez que habla de Erika lo hace de una forma brillante y su voz se suaviza.

—He terminado mis primeras rutinas. ¿Qué más sigue? —pregunta una de tantas chicas que le ayudo con la rutina.

Me quedo mirando a un lugar fijo, recordando que ejercicios le puse. Porque sí, soy pésimo para recordar en este mundo de entrenamiento. Y más si tengo mis problemas.

No entiendo porque me quedé viendo precisamente a ese lugar. Habiendo tantos rincones, tenía que fijarme precisamente en ese rincón que va directo a las escaleras para subir al primer piso. Y justo viene la chica con la que tuve contacto visual y la cual se prólogo varios minutos. Viene bajándose la gorra de más y esta a unos pasos detrás del chico.

Podría decir que quiere ocultar de más sus ojos para que no vea a nadie o, para que nadie la vea.




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