EDEL
Negros.
Sus ojos son como la noche y los agujeros de la conspiración espacial que transmiten un silencio de misterio que ocultan su brillo en algún lugar.
Genuino, elevo las comisuras de mis labios al poder apreciar su rostro de cerca y sin cubrebocas.
Su expresión confirma lo nerviosa que esta de tenerme tan cerca. Sin embargo, eso no fue lo único que pude percibir. A pesar de la gorra que traía consigo, hubo algo que resaltaba en su rostro, el cual llamó más mi atención y que pensé:
«Que hermosos lunares pequeños tiene.» «Parece a esas galletas que tienen chispitas de chocolate.»
—No te preocupes —respondí, con una gran sonrisa.
Bajó su mirada de forma cautelosa a sus brazos, y mi cerebro se activó como un radiactivo al recordar que tiene novio, e inmediatamente la solté, girando mi cabeza a los lados para identificar en donde estaba el chico y aclarar las cosas antes de que se sacara sus conclusiones, pero no vi rastro de él por ninguna parte.
Acomodó su gorra para cubrirse un poco más su rostro y sacó de su sudadera su cubrebocas para ponérselo. Sin decirme nada, pasó por mi lado para entrar al gimnasio.
Me quedé pensando que si no me dijo nada, sería por lo nerviosa que se había puesto.
—¡Ey! —La voz de Alex me trajo de vuelta a la realidad—. ¿Dónde vas? Se me hace raro que salgas de tu jaula.
Doy gracias que no me haya visto agarrando a la chica de sus brazos o empezaría a cuestionarme.
—Tengo que ir a buscar esta pequeña pieza —se la muestro—para el aparato descompuesto.
—¿Acaso eres el chalan? Edel, ¡eres el instructor! —me recuerda—. El que se tiene que hacer cargo de eso es el técnico en reparación.
Encojo mis hombros.
—Lo sé, pero —me quedo mirando la pieza— también quiero ayudarle. Además toma en cuenta que es un señor mayor.
Entrecierra sus ojos y pone cara de: “¿es en serio?”
—Edel, tiene 40 años. No es tan grande. Puede hacerlo.
—No seas inhumano.
—No lo soy, pero es su trabajo. Trabajo que le estas ahorrando.
—¿Sabes qué?, mejor me voy a buscar esto y dejo de perder tiempo contigo.
Estaba por replicar, pero no le di tiempo de hacerlo. Además, necesitaba distraerme para no pensar en la conversación que tuve con Grace.
Pero la verdad es que lo había olvidado después de aquellos ojos oscuros que tuve frente a mí. Y esos pequeños lunares que brotaban en su cara.
Inhalé y exhalé profundo, pensando:
«Hay Edel, acabas de terminar una relación y ya estás pensando en esa chica que tiene novio.»
Al llegar al lugar donde solía comprarse las piezas de los aparatos y mostrarle a la señora la ejemplar, decidí sacar mi celular para entretenerme en mi Instagram un poco mientras la señora buscaba la pieza. Pero jamás pensé que lo que vería fuera tan desagradable.
Era una foto de Grace… besándose con un chico. Y en el pie de la foto decía:
Eres el amor de mi vida. Mi hombre. Con quien quiero pasar el resto de mi vida.
Crack.
Eso dolió tanto que el crujido de mi corazón escuché.
Ahora entiendo por qué de repente terminó conmigo y aquellas constantes discusiones que teníamos por cosas irrelevantes, era porque ya andaba con alguien más. Ahora todo tiene sentido.
No se si lo hizo a propósito para que viera la foto, o se olvidó de ocultármela. Lo cierto era que la foto ya la traía grabada.
—Que idiota eres, Edel. Tenías los cuernos y ni cuenta te diste.—musité para mí y negué vagamente.
La señora me quedó mirando como si estuviera loco por estar hablando solo. Tomé la pieza y le pagué para dirigirme al gimnasio.
Al llegar al gimnasio, entregué la pieza al técnico; quien me dio las gracias, pero apenas y pude mover la cabeza en afirmación.
—¿Estás bien, Eddy? —Miro a Rocco, preocupado.
—No te preocupes, solo estoy… agotado —doy toques ligeros en mi cabeza, dándole a entender que es mental lo que tengo.
Estoy divagando en mis pensamientos y siento que ha pasado una eternidad hasta que, un carraspeo me trae de vuelta y me percato de unos tenis Nike.
Alzo la vista para ver a la persona que esta parada frente a mí, pero al saber quien es, me cambia mi expresión a un semblante relajado al verla.
Al percatarse de mi mirada, cabizbaja y pregunta:
—¿Podrías..? —vuelve a carraspear. Es como si le costara decirme algo—. ¿Podrías ponerme mi rutina?
Me la quedo observando un par de instantes; solo para volver a imaginarme su rostro con esos pequeños lunares que la hacen ver diferente.
No entiendo porque no mantiene el contacto visual. Es como si quisiera ocultar su rostro o sus ojos.