¡déjame en paz! ¡asesino!

Nervios, zapatillas y cadáveres

Gabby

Nikki desfilaba por toda la habitación usando un montón de outfits que le quedaban de como un guante, pero al parecer ninguno le convencía.
Rodé los ojos cuando anunció que el conjunto número 35 tampoco era apropiado, yo por mi parte estaba nerviosa, aterrada y frustrada que no dudé en gritarle que si no se apresuraba llegaría Año Nuevo y seguiríamos allí buscando el maldito atuendo perfecto. Sí, me había salido de mis cabales pero razones de peso tenía para estar temblando de miedo. 

Mejor dicho para tener el cabello parado de punta y sudando a cántaros.

Al final, la niña se decidió por un vestido blanco ceñido al cuerpo con dos tiras gruesas que se cruzaban en su espalda, acentuando su figura y unos zapatos coral de plataforma. Se enchinó el pelo y se maquillo, estaba despampanante –tal vez demasiado– pero si fuera a ir el chico que me gusta, creo que...

¡No! me visto para mí, no para nadie más.

Estaba dispuesta a salir cuando Nikki me detuvo de un manotazo por el torso, mirándome fijamente como si fuera un bicho raro o algo.

—Oye, tú, insidiosa de la moda ¿no pensarás ir a la fiesta con esas fachas? —preguntó horrorizada señalando mis sandalias de playa, mis shorts rotos y el uniforme de salvavidas que aún llevaba puesto.

Le lancé mi mejor cara de “¿En serio?”

¿Qué tenía eso de malo? ¿no era lo suficientemente apropiado para una fiesta? ¿en la playa?

Repito, PLAYA.

—Pero Nikki, así estoy bien. La que debe impresionar a su chico eres tú, no yo. —zanjé agotada, ese día había sobrepasado mis límites y no tenía fuerzas ni para mantenerme en pie, solo quería dormir hasta altas horas del día siguiente.

Nikki me sonrió con ternura.

—Al menos deja que te busque algo bonito ¿vale? —la miré escéptica—, nada escandaloso lo prometo.

Se metió nuevamente en su armario y salió casi de inmediato, tendiéndome un top rojo vino junto con unos pantalones cortos negros de licra con agujetas a los costados y cintas negras entrelazadas. Tomé el conjunto que no me pareció para nada mal, aunque no era algo que yo me pondría.

¡Jamás!

Miré de reojo a Nikki y esta suspiró prácticamente leyendo mis pensamientos.

—¡Vamos Gabby! Tómalo como un comienzo. —okay, era cierto aquel sería mi comienzo—¡Te conseguiré unos zapatos de tacón de infarto! —exclamó entusiasmada.

—¡Un momentito, beba! ¡el calzado lo escojo yo! —corrí hacia el armario.

No... Tacones... Nooo.

—¡Pero arruinarás el modelito!  ¡Sé muy bien que aprendiste a usar tacones cuando eras niña! —se quejó a mis espaldas, tropezando con el montón de ropa desperdigada por el suelo.

Nop, en eso no cedería. ¿Tacones? ¡ni hablar! ¿acaso quería que me cayera y quedara en vergüenza definitiva? yo paso, estaba demasiado alterada como para ponerme a recordar aquellas pocas clases de protocolo y etiqueta que me había hecho tomar mi madre de pequeña. Optaría por la vieja confiable, las zapatillas bajas.
Tomé unas negras que tenía de primera mano, Nikki casi se desmaya cuando vio mi fabulosa elección de calzado, intentó razonar conmigo pero como dije antes, no daría mi brazo a torcer. Así que no tuvo más remedio que dejarlo estar.

—Muy bien, Gabby. Tenemos cuarenta minutos aún para que Eloise se vaya a dormir y así poder escapar sin miedo a que nos descubran, puedes darte una ducha y arreglarte mientras yo bajo y me aseguro de que Jefferson se fue a la casa de al lado, si no estoy equivocada, su telenovela debió acabar hace 20 minutos.

Se me escapó un resoplido a causa de la risa, cuántas veces más se habría escapado para salir de fiesta, ay que niña.

Al salir de la habitación entré al baño, me desvestí lentamente y entré a la ducha. Abrí la regadera y pegué un respingo al sentir el agua fría entrar en contacto con mi piel, esperé un rato bajo el agua para que mi cuerpo se acostumbrara.
Bueno, ya estaba, iría a una fiesta a la que no quería ir, vería exactamente a las personas que no quería ver y estaría en un lugar donde realmente no quería estar. Y toda para ¿qué? superar mi "miedo hacia las personas" o más bien solo para hacerle compañía a Nikki que intentaba ligar con Carter.

Un aura deprimente me rodeo. Ay, ay, ay.

Y aunque solo fuera para intentar probarme a mí misma que podía hacerlo sabiendo que jamás lo lograría, ya no podía hacer nada. Había dicho que sí y era lo que haría. Me pasé las pastilla del jabón por todo el cuerpo, dejé que el agua se llevase todos mis problemas al menos por un momento, salí y me enrollé en una toalla. Me sequé lentamente y me vestí, increíblemente el conjunto no me quedaba para nada mal, es más, podría asegurar que me veía hasta... ¡Guapa! 

"Es que lo eres"

¡Ay gracias! Al fin dices algo con sentido, querido subconsciente.

"Lo digo porque si eres guapa yo también lo soy, lógica, querida. Y está por demás decir que soy guapísima"

Mmmmm...

Me solté la coleta alta y pasé mis dedos por las suaves hondas que caían hasta mi cintura, sonreí satisfecha a mi reflejo, sabía que no estaba mal y me hacía más feliz saber que no me arreglaba para impresionar a cualquier idiota de por allí.

Salí con una sonrisa en la cara, tal vez esto no era tan malo, después de todo era una chica joven y quería divertirme ¿no?

A mí manera, claro.

—¡Wow! ¡Gabrielle! te ves espectacular, hasta las zapatillas te quedan fabulosas. —sonreí, aunque no me pasó inadvertido su comentario hacia mis zapatillas bajas —. Ahora solo falta maquillarte. —dijo decidida levantándose de un salto, haciendo rebotar sus perfectos rizos en el acto.

De inmediato di un pasó hacia atrás, colocando mis manos al frente a modo de barrera.

—¡Hey! Tranquila beba, nada de maquillaje. Al menos no hoy. —la miré seriamente, por lo que suspiró.



#4294 en Novela romántica
#1701 en Otros
#458 en Humor

En el texto hay: risas, amorodio, complicidad

Editado: 26.04.2023

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.