¡déjame en paz! ¡asesino!

En la boca del lobo

Demond

No había logrado pegar ojo en toda la noche. Al llegar a Circe dónde se escondía mi padre y su gente, no paró de reprocharme que su equipo pudo conseguir la evidencia mucho más rápido, que seguramente había dejado más cabos suelto, que había cometido errores, que la boca floja de Akane le había comunicado lo “preocupada” que estaba por mi estado emocional, que esperaba ver más avance y rendimiento por mi parte. 

¡¿Qué acaso era un niño?!

Estaba agotado, enojado y muy, muy desorientado. Aquella noche había experimentado sentimientos muy fuertes, que en mi vida habría deseado sentir. Realmente llegué a pensar que algo malo pasaba conmigo. ¿Tendría fiebre? ¿Me habrían contaminado con algún tipo de toxina alucinógena?

Por muy perdido que estuviera, no pensaba quedarme en ese lugar para que más personas sospecharan de mi “terrible” estado mental. Decidí tomarme un café bien cargado y recorrer la ciudad de Los Ángeles, tal vez el cambio de ambiente me sirviera de algo para poder despejar mi mente y organizar mis ideas y prioridades. 

Lo cual no funcionó mucho.

Primero, debía recuperar a mi gato, las locas tendrían clases, así que la casa estaría sola. No completamente, pero la sección en donde se encontraba mi gato, probablemente sí. Esas niñas se habían llevado a Hades ¡sin permiso de nadie! lo tenían oculto. Así que debieron haberlo dejado en algún sitio de su habitación.

¿Cómo carajos había pasado de trabajar como uno de los mejores contratistas de Europa a perseguir a un duo dinámico de adolescentes locas que corrían por ahí con cadáveres y secuestraban gatos de alto rango entrenados? ¡¿Cuándo había pasado eso que no me había dado cuenta?! 

Tan bajo he caído...

Salí del ascensor del hotel, en el que me había hospedado y me encaminé a mi auto. Al entrar, se me hizo un poco extraño no tener a mi compañero junto a mí, encendí el motor y di una vuelta para salir del estacionamiento, miré todo a mi alrededor. La ciudad era increíble, pero nada comparado con las bellezas de Inglaterra.

¡Fiel servidor a la reina!

Ingresé a la zona costera y conducí en dirección a la casa de Nicole, que más que casa era un castillo enorme que no cuadraba con la modernidad de las demás mansiones playeras de la zona.

¡Tch! Vida de ricos.

Estacioné el auto unas cuantas calles antes de llegar a la casa de la susodicha, entré sin problema y caminé directamente hacia el manzano junto al balcón de la habitación de Nicole, comencé a treparlo con rapidez, esta vez no me detendría ante cualquier obstáculo. Salté de las ramas hasta el borde del balcón, las puertas estaban entreabiertas y las cortinas corridas.

Me acerqué con cuidado y asomé un poco el rostro, a través de la fina tela de la cortina. Distinguí el agudo parloteo procedente de la irritante voz de Nicole. Ni siquiera me di la oportunidad de sorprenderme ante aquel hecho, ya nada acerca de esas extrañas californianas me sorprendía. 

—¡Si! ¿puedes creerlo?

...

—No claro que no, solo le dije que se llevara al bendito gato. 

Gato... Llevado... ¡¿Quién se había llevado a mi puto gato?! ¡¿y a dónde?!

—¡Sí! lo puse en una pequeña jaula, intentará dar con el paradero de su irresponsable dueño.

¿Irresponsable, quién?

—¡Carter! mas te vale no dejarla sola, es su primera vez navegando en las aguas misteriosas del insti.

...

—¡Gracias! sí, sé que estas en clases. ¡Chao! ¡Besos, amor!

Colgó y volvió a acostarse en la cama, solté un profundo y grave gruñido. Esa maldita pelirroja me las pagaría, una por una. ¿Cómo? eso estaba por verse, pero solo sabía una cosa.

Bueno... Mas bien dos:

1. La princesita lo tenía.

2. Y estaba en el instituto.

Y allí es a donde iría, no perdí ni un segundo más en ese balcón. Crucé la barra de mármol que separaba las ramas del balcón, estaba dispuesto a saltar cuando alguien abrió las puertas del balcón tras mi espalda, haciéndome sobresaltar y perder el equilibrio, haciéndome caer de plancha contra el suelo, desparramado.

Auuuuuu...

—Auch... —susurré con dolor, me dolió. Y mucho.

Se me salió todo el aire, respiré hondo, tomando grandes y largas bocanadas de aire, antes de levantarme y seguir con mi plan me pasé las manos por la espalda y el pecho, en busca de cualquier tipo de lesión. Nada.

—¡Estoy bien! —chasqueé los dedos, me levanté de un salto y corrí al auto.

Conduje hasta el instituto privado Saint Rowena de Los Ángeles, tal y como mencionaba en el perfil de Nicole. Me detuve unos segundo frente a la entrada, habían muchos hombres de seguridad montando guardia en el perímetro de la escuela. Puse nuevamente el auto en marcha, despacio, para sorpresa mía ni siquiera voltearon a verme cuando entré a las instalaciones.

¿y allí estaba su seguridad? dinero malgastado, para nada.

Me aparqué, apagué el motor y salí del auto, caminé en dirección a lo que parecía ser la entrada principal del instituto, pensaba hacerme pasar por un interno o conserje, hasta por un inspector de salubridad, y dar con la pelirroja o con alguien que la conociera, para decirle que el gato que había "rescatado" era mío. Aquello sería un movimiento un poco riesgoso en cuanto a mantener mi verdadera identidad oculta, ya me había expuesto demasiado, pero debía correr el riesgo.

Caminé por el pasillo desierto, en busca de algún almacenillo de conserjes o sala de profesores, todas las escuelas debían tener uno ¿no? Hasta la de los niños ricos.

Visualicé a lo lejos un pequeño cubículo que decía “Sala de profesores” me encaminé a este, pero fui apañado por una mujer de mediana edad con traje vistoso, esta me sonrió como si le hubiera bajado la luna y enroscó su brazo derecho alrededor del mío. 



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En el texto hay: risas, amorodio, complicidad

Editado: 26.04.2023

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