El gran salón estaba sumergido en una música suave, perfecta. Las risas también lo eran, todo en ese salón parecía diseñado para que encajara a la perfección… menos yo.
Reconocía casi todos los rostros: compañeros de preparatoria, algunos de secundaria. Había años de distancia entre nosotros, pero esa noche parecía que todos hubieran seguido el mismo guion, parejas, anillos...
Cuando vi a Sohyang acercarse, me levanté casi por reflejo, esa melena rubia con esos hermosos ojos verdes era inconfundible.
—Sohyang, hola —sonreí, acomodando el tono exacto de entusiasmo—. Qué gusto verlos.
—¡Jieun! —me abrazó con cuidado, como si yo fuera la frágil—. Mira nada más…
Su mano descansaba sobre su vientre, redondo, evidente, imposible de ignorar.
—Dawol —añadí, girándome hacia él—, qué gusto verlos.
—El gusto es nuestro, por fin te han nombrado vicepresidenta de la empresa, estoy orgullosa de ti amiga —Sohyang tomó mi mano con cariño y yo sonreí.
—Me esforcé por esto, pero al fin es mío, ahora a trabajar duro para dar el siguiente paso a presidencia —dije bromeando, aunque no era broma en absoluto, al menos no lo era para mí.
Intercambiamos saludos, comentarios ligeros, Europa, vuelos, anécdotas que no requerían demasiada atención, haciendo que todo fluyera mejor entre nosotras, como siempre, me encantaba verla así de radiante y no solo por su embarazo, sino por todo.
Cuando se alejaron hacia su mesa, mi sonrisa se quedó un segundo más de lo necesario… y luego desapareció lentamente mientras volvía a mi lugar.
Miré alrededor, estaba sola con mis padres, pero mi vista iba más allá de manera discreta, no era envidia exactamente.
Me sentía como si todos hubieran llegado a un lugar al que yo nunca recibí indicaciones, me levanté lento y me aleje de los demás, saqué mi telefono cuando llegue al balcón cerrando las puertas de cristal detrás de mí.
El balcón estaba vacío, apenas iluminado por las luces del jardín. El aire era más frío ahí, pero era relajante aun así, tomé mi telefono y busqué.
“Clínicas de fertilidad en Seul”.
Resultados, reseñas, requisitos, mejores recomendaciones.
Dediqué más tiempo del necesario a leer cada detalle, como si pudiera convertir algo tan enorme en una simple lista de pasos, necesitaba tener el control de lo que quería.
—¿Sigues haciendo listas cuando no sabes qué hacer, Juju?
La voz me atravesó antes de que pudiera reaccionar y guardé mi telefono, no necesitaba voltear para saber quién estaba invadiendo mi soledad en ese instante.
—Y tú sigues llegando sin que nadie te invite —respondí, con calma, girándome por fin.
Jeon Jungkook no había cambiado tanto… y al mismo tiempo, sí.
—Vaya —sonrió apenas—. Pensé que al menos fingirías sorpresa.
—No cuando eres predecible.
Sus ojos bajaron un segundo a mi mano, donde aún sostenía el teléfono.
—¿Planeando tu siguiente proyecto, Juju?
Apreté la mandíbula.
—No me digas así.
—¿Así cómo? —inclinó un poco la cabeza— Juju.
Lo miré con enojo, pero no dije nada.
—Tener un hijo no es un proyecto que puedas controlar —dijo entonces, más bajo.
—Lo sé.
Negó suavemente.
—No… —sus ojos se clavaron en los míos—. Lo único que sabes hacer es planear hasta que nada te toque de verdad.
—¿Quién te crees que eres para meterte en mis asuntos? —pregunté con evidente molestia sosteniendole la mirada.
—Alguien que te conocía antes de que empezaras a esconderte detrás de todo eso.
—¿Te doy un consejito? deja de meterte en mi vida.
No espere su respuesta y entre de nuevo al salón, en busca de mis padres, quería alejarme de ese lugar cuanto antes, estaba molesta por culpa de Jungkook. Mi madre fue la primera en verme, se acercó a mi captando mi atención.
—¿Dónde estabas, cariño? —preguntó, observándome con más atención de la que me hubiera gustado.
—Tomando aire —respondí, acomodando una sonrisa que no terminaba de sentirse natural.
—Justo estábamos hablando de ti —intervino mi padre, con una copa en la mano—. La vicepresidenta más joven que ha tenido la empresa… deberías estar celebrando, no escondiéndote.
—Lo estoy —mentí con una sonrisa.
—Jieun —la voz de mi madre bajó un poco—. ¿Estás bien?
—Sí —respondí demasiado rápido—. Solo… necesito irme temprano. Mañana tengo una junta importante.
—Así se habla —respondió mi padre con una sonrisa, esas reuniones siempre funcionaban, agradecía que siempre estaba ocupada de verdad.
—Les aviso cuando llegue. —Tomé mi bolso antes de que pudieran insistir.
No esperé más y con pasos firmes salí del salón sin mirar atrás. El aire de la noche me golpeo al salir, caminé por el estacionamiento hacia mi auto y cuando subí saqué mi telefono otra vez. La pantalla seguía en lo mismo.