Dejarlo todo

CAPÍTULO 3

Un chico, aproximadamente tres o cuatro años mayor que yo, entró por la puerta. Era bastante alto, más que Isaac, con el cabello castaño y ojos avellana. Bastante guapo, la verdad. Se quedó mirándome confundido, así que me levanté rápidamente y me acerqué a él.

—Hola...

—Hola, soy amiga de Madison, me llamo Fernanda —me presentó con una sonrisa.

—¿Tú eres la amiga que iba a traer la enana? —dijo, frunciendo el ceño al mencionar el apodo, algo que me incomodó, ya que, al igual que Madi, soy bajita.

—Mucho gusto, Alexander.

—¿Por qué le dices "enana"? —le pregunté, sin rodeos.

—Pues por lo bajita que es, claro está —respondió mientras cerraba la puerta detrás de sí.

—Oh... ¿vale? —respondí, sin saber si lo decía en broma o en serio.

—¿Dónde está Isaac?

—Salió, me dijo que ya vendría Madi, pero no me avisó que tú llegarías —le respondí mientras me dirigía nuevamente al sillón.

—Ya se fue a buscar otra víctima —murmuró, como si hablara consigo mismo.

—¿Cómo?

—Nada, espera a Madi —dijo, y sin más, se metió en su habitación, tal como había mencionado Isaac.

Mientras tanto, me sumergí en el celular, esperando a Madi. Estaba tan cansada que me iba quedando dormida, sobre todo porque no pude dormir nada en el avión debido a que me tocó al lado de un bebé que no dejaba de llorar. Me gustan los niños, pero cuando lloran sin parar, es otra historia.

Justo cuando estaba a punto de caer en un sueño profundo, un ruido fuerte de la televisión me hizo despertar de golpe.

—¡Joderrr! —grité, sorprendida y frustrada por la interrupción.

Me incorporé rápidamente en el sillón y vi a Alexander sentado, con una expresión divertida, mirándome.

—No son horas de dormir —dijo con una sonrisa.

—Me vale, no dormí en toda la madrugada por el viaje, y el niño al lado no dejaba de gritar —respondí, con tono algo molesto.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó, sin dejar de mirarme.

—20. ¿Y tú?

—24. Pareces más joven, como de 18.

—Me lo dicen bastante. ¿Qué estudias? —le pregunté curiosa.

—¿Cómo sabes que estudio? Podría trabajar —dijo, levantando una ceja, como si me estuviera retando.

—Creo que Isaac me dio ese dato —respondí, sonriendo.

—Estudio Derecho —dijo, sin mucho entusiasmo.

—¡Vaya! Yo voy a estudiar Medicina, específicamente Pediatría.

—Parece que lo tienes claro. ¿Te gustan los niños?

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió con fuerza, y Madison entró saltando de alegría.

—¡Ferrniiiii! —gritó con su voz chillona.

Nos abrazamos por un largo rato hasta que casi no podía respirar.

—¡Madi, necesito respirar! —le dije, entre risas.

—¡Ay, perdón! —se separó de mí, aún sonriendo.

—Hola, enana.

—Hola, bicho.

Qué raros apodos tienen.

—¿Qué tal el viaje? —preguntó Madi.

—Creo que mal, porque se estaba durmiendo en el sofá —respondió Alex.

—A ti no te pregunté —le reclamó Madi, con un tono más serio.

—Solo decía —se encogió de hombros y se dirigió a la cocina.

—¡Al fin! —susurró dramáticamente Madi—. Ahora sí, cuéntame todo.

Pasamos un buen rato conversando, contándole todo, hasta sobre Marck. Alex se fue a su habitación poco después. Como ya era casi la hora de la comida y no había comido nada, le pedí a Madi que me acompañara a almorzar y a hacer compras para mi nuevo lugar. Ella me dijo que le avisaría a su novio y salió del apartamento.

Estaba saliendo del baño después de refrescarme la cara cuando me crucé con Alex, que estaba en modo "estudio" con unos lentes que le quedaban muy bien.

—¿Quieres ir? —le pregunté.

—¿A dónde? —me respondió, curioso.

—A almorzar y luego tengo que comprar mi cama, algunos muebles y cosas para la universidad.

—¿Quién va?

—¿Es un interrogatorio? Va Madi y su novio, creo, solo te preguntaba si querías ir o no.

—Ay, qué amargada... Está bien, iré.

—No tardes —le dije, dirigiéndome a mi maleta para sacar mis tarjetas de crédito. Mis padres siempre me enviaban dinero cada mes, pero nunca lo gastaba. Había ahorrado bastante durante más de tres años, por lo que tenía lo suficiente para comprar todo lo que necesitaba.

Fuimos a un restaurante italiano, me encanta la comida italiana. Luego, fuimos al centro comercial para comprar mis cosas, como la cama. Después de un largo día de compras, regresamos a casa. Era tarde y estaba bastante cansada. Según sabía, el novio de Madi se quedaría con ella, así que no me quedaba más opción que dormir en el sofá. Soy de esas personas que no pueden decir que no a los demás, y eso a veces me ha traído algunas consecuencias. No me gusta incomodar a la gente.

Finalmente, me acomodé en el sofá y rápidamente me quedé dormida.

A la mañana siguiente, sentí como si me estuvieran observando. Ser observada mientras duermo es algo bastante incómodo, así que me senté de golpe y miré a mi alrededor, pero no vi a nadie. Entonces, miré hacia la cocina y, efectivamente, ahí estaba Alex, riéndose de mí.

—¿Qué es tan gracioso? —le pregunté, algo molesta, porque lo último que quería era que me despertaran.

—Nada, pero hace unos momentos, como dormías, la verdad es que duermes bastante feo —comentó, mientras seguía cocinando.

—Ajá —respondí, sin prestarle mucha atención.

Me dirigí al baño para asearme y cambiarme de ropa. En unos 15 minutos, ya estaba lista, así que salí y me dirigí a la cocina. Alex seguía cocinando, pero cuando me vio distraído, me acerqué a la barra donde había unos panecillos con queso. Amo todo lo que tenga queso, así que me senté y tomé uno.

—Gracias —le dije con una sonrisa.

—¿Por...? —dijo, pero me interrumpió al darse cuenta—. ¡Ey, esos son míos!

—Eran tuyos, ahora ya no —le respondí mientras saboreaba los panecillos—. Están muy ricos.

Me serví un café mientras sentía que me miraba, pero no le presté mucha atención.




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