Del Amor al Dolor
Los primeros días fueron intensos. Desde el momento en que se logró la cercanía, se despertó el entusiasmo hasta llegar a la inevitable atracción.
En ese clima, todo parecía natural; cada gesto reforzaba la idea de que estaban construyendo algo real.
Con el tiempo llegó la confianza, y con ella, una frontera que se derrumbaba sin hacer ruido.
Indicios, sugerencias... una impronta sin violencia, gradual, ejecutada con delicadeza.
Él estaba preso de un deseo que no daba lugar a la duda. Algo comenzó a construirse, tomó dimensiones y logró sostenerse.
Casi sin notar el peso, la voluntad inclinó la balanza.
Él accedió, dejándose dominar por una obsesión que comenzó a hacer lo que mejor sabe: distraer y desorientar.
Se entregó sin entender, sumergido en una transformación silenciosa.