Del hielo a la barra

Capítulo 13

—Se marcha—digo nada más entrar en casa—. Esta vez no hay dudas.

—Lo sabemos—confiesa Alicia con el móvil en la mano—. Nos acaba de llamar para despedirse. Se ha disculpado por no hacerlo en persona, pero que ahora mismo no se veía capaz de volver a verte o que nos encontráramos sin ti.

—No me sorprende, teniendo en cuenta nuestra conversación. —Me dejo caer a su lado entre sollozos. Carlos se sienta en el pequeño espacio que queda en el sofá para poder abrazarme también—. He sido una imbécil. Y encima me lo advertisteis. ¿Por qué soy así? ¿Por qué fui incapaz de haceros caso? Tanto miedo a que me hiciera daño para al final terminar haciéndoselo yo. ¿Qué puta broma es esta? Vaya mierda de Navidad.

—¿Has terminado? —me pregunta Carlos sin dejar de abrazarme.

—Eso creo—sollozo—. Digo las cosas según me vienen.

—Si te sirve de consuelo, no creo que Liv esté enfadada—intenta animarme—. ¿Has metido la pata? Sí. ¿Hasta el fondo? También, aunque míralo por el lado positivo: esto te sirve de lección para afrontar tus miedos y no volver a cometer el mismo error. —Me separo un poco de él para mirarle.

—Esto no me ayuda—lloro antes de volver a apoyar la cabeza sobre su hombro.

—¡Ya lo sé! A mí estas cosas no se me dan bien.

—Lo que quiere decir Carlos—siento la mirada punzante que le está dedicando Alicia—, es que… en la vida aparecen personas cuya finalidad es enseñarnos algo. Al principio puede parecer que es para hacernos daño, pero con el tiempo el dolor se convierte en una enseñanza. Nunca se sabe, igual este no era vuestro momento y en unos años os encontráis, surge el amor de nuevo, dais el paso y esto solo será un mal recuerdo.

—Eso es lo que le he dicho yo con más palabras—susurra Carlos. Ella le chista.

—Consoláis a la gente tan mal como yo—murmuro secándome las lágrimas con la manga—. Os agradezco el intento. Una vez más, tenéis razón. Pasaré página. Y al menos tengo la historia completa para contársela a la psicóloga. —Les escucho reírse por lo bajo.

—Tener el chisme completo es lo primordial—bromea mi amiga—. Razón número uno por la que no podría ser psicóloga: marujearía con los pacientes.

—¿Cuál es la segunda? —inquiere Carlos. Sé lo que están haciendo, tratan de distraerme.

—Que me alteraría con ellos—contesta—. Aunque ser amiga de Elena creo que te convalida la carrera.

—¡Oye! —exclamo fingiendo indignación—. Y serlo de Carlos el máster.

—Lo suyo ya es para eminencias—bromea sacudiendo la cabeza.

—Soy un enigma para la psicología, nadie puede entenderme—comenta el susodicho inflando el pecho con orgullo.

Por lo menos si ahora lloro serán lágrimas de risa. Puedo permitirme estar mejor un rato, el suficiente como para que no se preocupen.

⛸️⛸️⛸️

No sé en qué momento he llamado a mi madre, ni siquiera sé qué decirle cuando responde. He vuelto a ser una adolescente llorando por mal de amores.

—¿Qué tal? —pregunta animada. Me tomo unos segundos antes de responder.

—La he cagado, mamá—suelto ahogando un sollozo.

—¿Es por Liv? —adivina y dejo de contener las lágrimas—. ¿Qué ha pasado?

Le hago un resumen lo mejor que puedo en estos momentos. Me escucha tan atenta que por un segundo pienso que se ha cortado la llamada.

—¡Ay, hija! Eres tan desastre como tu padre—dice soltando un suspiro—. Él también casi la caga conmigo. Menos mal que intervinieron sus amigos u hoy no estarías aquí.

—Saber que es algo de familia no me reconforta, mamá—sollozo—. Al menos tú estabas en la misma ciudad que él.

—Y aun así no se atrevió a decirme nada—insiste—. Elena, ¿qué es lo peor que puede pasar? Ve a buscarla, dile lo que sientes.

—Eso ya lo he hecho… —Me corta.

—No, le has dicho que te gusta, no cómo te sientes. Ni siquiera le has dado una oportunidad. —Me seco las lágrimas—. Te queda un año de carrera y después todo será impredecible, puede que acabéis viviendo en la misma ciudad sin saberlo. Eres joven, es ahora cuando debes arriesgar.

—¿Y si me estampo?

—Pues te levantas como hacemos todos, pero al menos no te quedará la duda de no haberlo intentado. Créeme, eso a la larga será peor—continúa diciendo sin alterar su tono suave—. La vida te ha puesto a esa chica en el camino, ¿la vas a dejar escapar? —Miro la hora en mi móvil.

—Ya estará de camino a la estación, no me queda tiempo—suspiro pasándome una mano por el pelo.

—No hay autobuses en Zaragoza, ¿o qué? —contesta como si fuera evidente—. Corre, haz una locura por alguna vez en tu vida o te arrepentirás.

Puede que hayan sido las palabras de mi madre, la necesidad de buscar una excusa para no quedarme en la habitación llorando, el miedo a que tenga razón o una mezcla de todas, porque en cuanto cuelgo salgo corriendo de casa sin dar explicaciones.

Buenas!!

Elena tiene pensado ir tras Liv, ¿llegará a tiempo o será demasiado tarde?

Nos vemos en el último capítulo.

La crítica constructiva siempre será bienvenida.



#5740 en Novela romántica
#2245 en Otros
#499 en Relatos cortos

En el texto hay: navidad, romcom, sáficas

Editado: 14.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.