Del hielo a la barra

Capítulo 14

He perdido el autobús. Se me ha escapado en la cara y encima he corrido para nada. Odio correr con abrigo. Bueno, odio correr, a secas. Mucho más cuando sé que el conductor me ha visto llegar sofocada y ha decidido arrancar a lo que llegaba a la parada.

«¡Viva el espíritu navideño!».

Miro la pantalla que marca los tiempos, quince minutos para el próximo autobús. El tren de Liv sale en una hora, pero igual pasa el control unos diez minutos antes, lo que me deja a mí con cincuenta para llegar. Hasta la estación hay una media hora aproximadamente si no hay tráfico así que, empiezo a caminar con paso ligero siguiendo el recorrido que llevaría. Con un poco de suerte lo cojo en una de las siguientes paradas.

Soy consciente de que no las tengo todas conmigo, pero como dicen que la esperanza es lo último que se pierde… Espero no perder nada más hoy. Por el camino voy pensando en lo que le voy a decir, la improvisación no es mi fuerte y no necesito cagarla dos veces en el mismo día. ¿Cómo debería de empezar? ¿Disculpándome? Estará a punto de coger un tren, tampoco puedo enrollarme. Debería ser algo que nunca he sido: directa.

«No quiero que te vayas—pienso mientras espero con impaciencia a que un semáforo se ponga en verde o dejen de pasar coches—. Por mucho que sea la verdad no puedo decirle eso».

Un coche me pita por cruzar cuando ambas luces están en rojo. Que se joda, él no puede arrancar y yo tengo una emergencia amorosa. Está claro quién tiene la prioridad.

«Me estoy enamorando de ti y me gustaría que lo intentáramos, aunque la distancia me aterre—sigo buscando qué decir. El autobús pasará en cinco minutos por la parada que hay más adelante—. No, demasiado. Genial, estoy igual que al principio».

Impaciente, vuelvo a mirar el móvil. Si el autobús llega puntual tendré media hora para llegar, tiempo suficiente si le descuento lo que he andado. Para sorpresa de nadie, el tiempo de la pantalla sube un minuto y se mantiene variando durante casi diez, cuando por fin aparece. Podría haber seguido andando, pero no habría tenido ninguna posibilidad de llegar. Soy tan gafe que si me hubiese movido no habría llegado a la siguiente parada.

El tráfico tampoco parece estar de mi lado hoy a pesar de ser martes; tardo en llegar a la estación cinco minutos más de lo normal. Me echo a correr mientras intento no llevarme a nadie por el camino ni tropezar con sus maletas. En cuanto entro, el frío me cala los huesos. ¿Cómo puede hacer peor tiempo en un sitio cerrado que en la calle? No puedo decir que no me lo advirtieron.

Me cuesta más de lo que esperaba localizar el control. Cuando he venido en bus no me he fijado demasiado en el entorno y los nervios no me están ayudando a pensar con claridad.

No veo a Liv en la fila; hay poca gente. Por un segundo creo que todavía no ha llegado, que el tiempo se le ha echado encima y aparecerá corriendo de un momento a otro. Es entonces cuando veo su pelo rubio al otro lado del control.

—Perdone, sé que voy a parecer que estoy loca, pero necesito que me deje pasar un segundito a hablar con esa chica de ahí—le digo al segurata que está junto a la cinta de rayos X—. No puedo dejar que se marche sin decirle algo muy importante.

—Pues… me temo que tendrás que decírselo por teléfono, no puedes pasar—contesta descolocado por mi petición.

—Solo será un momento, de verdad—suplico sin perderla de vista; está en la fila para que validen su billete y no hay demasiada gente—. Podría ser el amor de mi vida, por favor.

—Chica, esto no es una película navideña—insiste molesto—. Por favor, apartarte para que podamos seguir trabajando. —Señala a su compañero.

—Sí, lo siento—murmuro alejándome—. Feliz Año.

No me marcho, solo lo finjo hasta que dejan de mirarme y espero el momento oportuno para poder colarme. ¿Es probable que esto termine conmigo teniendo la entrada prohibida? ¿Detenida? Tal vez, pero si he venido hasta aquí en un arrebato de valentía… Ya me atrevo con todo. Tendré algo que contar en la próxima reunión familiar. A mis primos les encantará.

Por suerte, el universo debe de estar de acuerdo conmigo al producirse la distracción perfecta justo a tiempo. El detector de metales ha pitado dos veces en la misma persona, lo que mantiene ocupados a los dos hombres. Supongo que debería dar las gracias por la poca gente que hay. ¿Un milagro navideño? En cualquier caso, respiro hondo y me armo de valor. No es momento de echarse atrás.

Me coloco detrás de la última persona, entre las cintas verdes que marcan la fila y miro a Liv; es la siguiente. Sin pensármelo dos veces echo a correr. Los de seguridad me persiguen mientras exigen que me detenga, yo grito su nombre, por lo que es inevitable que se dé la vuelta. Ella y toda la estación, vaya.

—Elena, ¿qué haces aquí? —pregunta sorprendida.

Las palabras no me salen. Me siento capaz de hacer cualquier cosa y, sin embargo, por alguna razón he olvidado todo lo ensayado por el camino. En su lugar, antes de que la adrenalina se vaya, pongo una mano en su mejilla y la beso. Los nervios desaparecen cuando me corresponde.

—No es un aeropuerto, pero espero que sirva igual—susurro tras separarnos. Ella se ríe.

No obstante, la felicidad amenaza con desvanecerse cuando noto una mano agarrándome del brazo para separarme de Liv.

—Señorita, tiene que acompañarnos—dice el de seguridad molesto. Los vítores y aplausos que había hace tan solo un segundo se convierten en abucheos.

—Deja a la chica despedirse—exige una de las personas de la fila.

—Es Navidad, hombre, un poquito de corazón—se suma otra, hasta la mujer que valida los billetes se anima.

«Genial, no había contado con el público».

—Por favor, solo necesito un minuto—le suplico. Otro milagro navideño se produce cuando me suelta maldiciendo por lo bajo, aunque tampoco se aleja.

—Elena, no entiendo nada—dice sacudiendo la cabeza.

—Me estoy enamorando de ti y tenía que decírtelo—suelto del tirón. Esto no era lo que había planeado, pero a estas alturas, ¿qué más da? —. Quiero que lo intentemos, aunque estés en Madrid. Me queda un año de carrera y después… ¿Quién sabe? Si lo nuestro funciona y tú has conseguido que te contraten de monitora podría buscar trabajo de lo mío allí donde estés. Hay más empresas que pistas de patinaje, puedo adaptarme. Podemos hacer que funcione, si me das otra oportunidad. Prometo tener menos miedo y decirte cómo me siento. ¿Qué me dices?



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En el texto hay: navidad, romcom, sáficas

Editado: 19.01.2026

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