Los títulos de los capítulos están escritos en hebreo antiguo, acompañados por su transliteración y su significado en español.
La elección de este idioma no tiene un sentido religioso ni doctrinario.
Se trata de un recurso simbólico y lingüístico. Un lenguaje milenario permite nombrar estados profundos de la experiencia humana con una densidad que a veces el lenguaje cotidiano no alcanza.
Cada palabra fue elegida por su significado existencial, no por su carga espiritual.El objetivo no es explicar, sino sugerir.No es traducir literalmente, sino señalar un estado interior.
El idioma funciona aquí como umbral: no impone una lectura, invita a cruzarlo.