Del Otro Lado

Κατόφλι

Katofli

(Umbral)

Cómo evitar lo inevitable.

Manotazos de ahogado.

Solo eran manotazos de ahogado.

El psicólogo, los amigos interesados, las palabras que no alcanzaban.

Todo indicaba que su lucha se limitaba a una sola cosa: no volver a caer en la oscuridad.

Resistir.

Aguantar.

Pero algo nuevo comenzaba a manifestarse.

Susana ya no tenía medios ni fuerzas. Estaba resignada.

Bajó los brazos.

Decidida a buscar una solución y a priorizar a sus hijos, tomó distancia de Alejandro.

La soledad fue despojándolo de su egocentrismo y de su narcisismo.

Solo quedó acompañado por un orgullo tonto, ese orgullo que no permite ver la realidad.

El orgullo que engaña, que miente, que impide crecer.

Alejandro comenzó a reflexionar.

¿Dónde quedó ese niño que seguía el ejemplo de sus padres?

¿Dónde quedó ese adolescente líder, rodeado de amigos?

¿Dónde quedó el Alejandro responsable, digno, lleno de vida?

Todo eso parecía un recuerdo cada vez más lejano.

¿Cómo había llegado a ese punto?

¿Cómo la soledad lo había vuelto indefenso, vulnerable, desganado?

Y entonces apareció algo nuevo.

Una nueva característica.

Una nueva patología.

La depresión.

Solo, vulnerable, angustiado, ahogado nuevamente en su enfermedad, cayó en un pozo depresivo.

Con el paso del tiempo, la enfermedad fue mutando, mostrando distintos matices.

Lo que había comenzado como una seducción engañosa se transformó en una luz oscura que lo arrastró hacia el fondo.

Aquello que alguna vez resultó atractivo terminó siendo una venganza letal, llevándolo a estar cara a cara con la muerte.

Ahora la depresión y la innombrable ya no ocupaban el lugar de una relación estable.

Ya no era su novia.

Era su amante.

Sabía que lo tenía a su merced, pero desde otra posición.

Alejandro era consciente de algo fundamental:

no podía permitirse volver a estar parado al borde.

No podía regresar al umbral.

Comenzó a imponerse.

Límites difíciles.

Límites casi imposibles de respetar.

Solo.

Encerrado en una habitación* , frente a su computadora, mataba el tiempo haciendo nada.

Nada surgía de la nada misma.

Su creatividad y su capacidad para idear y planificar proyectos seguían intactas, pero habían perdido sentido.

Eran fantasías.

Proyectos vacíos.

Tan vacíos como su interior.

El vacío existencial marcaba una nueva etapa de la enfermedad.

Depresión.

Lejanía.

Falta de motivación.

¿Qué camino tomó?

Hace una pausa.

Frente a él, ve a sus sobrinos.

Se queda mirando, con la mirada triste, desconsolada.

Cómo pasó el tiempo.

El tiempo pasó.

Y no perdonó.

El tiempo pasó…y no piensa volver.

Todo se había vuelto insostenible.

No fue un estallido.

No fue una crisis visible.

Fue un clic.

Un simple clic que lo llevó a tomar una decisión.

Las noches de soledad, la desesperación, la espera de algo que no llegaba.

Nada ocurría.

Nada cambiaba.

Había una sola acción posible.

Una sola decisión que debía tomar.No hacia afuera.

Hacia adentro.

La decisión de hacer algo por él.

De buscar reparar el daño emocional.

De dejar de resistir y empezar a hacerse cargo.

El vacío existencial lo hacía sentirse más solo que nunca.

Y por primera vez, entendió.

No podía seguir así.

  • Alejandro no volvió a su habitación, signada por la oscuridad y una energía que se lo impide.




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