Llegaron a una conclusión inevitable:
La soledad era el peor enemigo de Alejandro.
Era la invitación directa al encuentro con la innombrable.
Él no quería quedarse solo.
Pero muchas veces las circunstancias lo obligaban a soportarla.
A padecerla.
Alejandro sostenía que la soledad era capaz de oscurecer incluso una casa llena de felicidad.
Apagaba su luz.
Lo empujaba lentamente hacia las tinieblas.
Le provocaba angustia.
Tristeza.
Nostalgia.
Sensaciones que, poco a poco, comenzaban a tomar forma y a enredarlo en su propia trampa.
Así quedó nuevamente a merced de ella.
Natalia comenzó a notar cambios.
—¿Estás bien?
—¿Te pasa algo?
—Contame… quiero ayudarte.
—No me gusta verte así.
De repente, la chispa parecía haberse apagado.
El Alejandro que ella amaba aparecía solo de manera intermitente.
Los cambios de ánimo comenzaron a hacerse evidentes.
La intolerancia empezó a crecer.
Alejandro avanzaba sin desvíos.
Pero la verdadera pregunta era otra:
¿hacia dónde?
¿Estaba recorriendo el camino hacia una vida de luz?
¿O su destino había comenzado a cambiar?
Finalmente asumió algo que ya no podía seguir negando.
No estaba bien.
La carga emocional se volvía cada vez más pesada.
Casi imposible de sostener.
La preocupación comenzó a invadirlos.
Y para evitar consecuencias mayores, Alejandro decidió hablar con Natalia.
Con valentía, enfrentó sus propias falencias.
Reconoció su debilidad.
Y pidió ayuda.
Aceptó los ofrecimientos de Natalia.
Aceptó ser ayudado.
Entonces apareció una pregunta inevitable:
¿Puede el hombre resolver aquello que el espíritu no pudo?
¿La solución está únicamente en un psicólogo?
¿O siempre estuvo dentro de Alejandro?
La respuesta parecía clara.
Sí.
La solución siempre nace desde uno mismo.
Pero encontrarla no siempre es posible en soledad.
Las respuestas estaban dentro de Alejandro.
Solo necesitaba un guía.
Alguien capaz de ayudarlo a ordenar el caos.
Un profesional, en ese momento, era el camino indicado.
No para vivir por él.
Sino para ayudarlo a encontrar respuestas.
A resolver sus propios enigmas.
Y a continuar transitando el camino de la vida.
El camino hacia la luz.