Del Otro Lado

5. El Témpano

Capítulo 5

​Era momento de romper la burbuja, de salir de la pecera para enfrentar la vida real y sus miedos. Antonio armó su currículum y comenzó la búsqueda de trabajo; la oportunidad no tardó en aparecer. Consiguió empleo en una empresa importante y reconocida de Buenos Aires. Eso lo motivó, despertó nuevamente su ambición y supo aprovechar el momento. La enfermedad seguía presente, pero había aprendido a construir hábitos. Sostenía su vida con responsabilidad en el trabajo y conducta en el hogar. Aun así, la soledad seguía siendo un territorio peligroso, un espacio donde la innombrable continuaba acechando.

​Con el tiempo, tuvo la posibilidad de poner a prueba sus capacidades cuando la empresa le ofreció una promoción. Superó la primera entrevista. En la segunda instancia obtuvo noventa y seis puntos sobre cien: un resultado sobresaliente. Pero la tercera prueba lo enfrentó a un límite que siempre había ocultado. Debía agrupar fichas de colores y allí quedó expuesto. Antonio era daltónico. Confundió los colores, cometió errores y la promoción se desvaneció. Eligió no insistir; entendió que ese cargo implicaba una responsabilidad que, bajo esa limitación, podía resultar riesgosa. Continuó trabajando en su puesto y, con el tiempo, llegó a convertirse en supervisor de sector, el cargo más alto al que realmente podía aspirar.

​Tiempo después, la empresa entró en convocatoria de acreedores y terminó cerrando. Antonio volvió a quedarse sin trabajo, pero esta vez no fue un golpe devastador. Se sentía capaz, preparado. Un vecino y amigo le ofreció empleo, confiando en su responsabilidad y en su compromiso, y él aceptó.

​Fue entonces cuando Isabel volvió a aparecer en su vida. Habían sido compañeros en la secundaria y nunca imaginó que ella terminaría convirtiéndose en alguien tan fundamental. Se reencontraron, hablaron, e Isabel pudo ver en él algo que muchos no lograban percibir: bondad, confianza, pero también angustia y soledad. Un viaje a la costa terminó sellando aquello que ya no necesitaba demasiadas palabras.

​Quince años de amor, de compañía y de límites claros. Isabel lo cuidó sin invadir, lo dejó ser, y Antonio respondió alejándose de la innombrable. No fueron años perfectos. Hubo decisiones difíciles y límites innegociables, pero también hubo vida, y eso fue suficiente para comprender algo esencial: no siempre se trata de vencer. A veces, simplemente se trata de elegir vivir.

​Porque mientras exista vida, siempre habrá una razón para seguir luchando.




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