Narra Noah
Estaba ansioso por volver a ver a Isaac sin tener un cerco de por medio, quería abrazarlo y besarlo sin temor a que los guardias lo descubrieran o que me terminara electrocutando solo por querer tomar su mano. De repente, unos golpes me sacaron de mis pensamientos, rápidamente me levanté y abrí la puerta, mi madre me sonrió al verme y me extendió un pequeño plato con un par de galletas, como normalmente hace en las tardes.
—Te traje la merienda —volvió a sonreírme—. ¿Puedo entrar? Me gustaría contarte algo —asentí y me aparté de la puerta para que ella pasara, y así lo hizo. Se sentó en mi cama—. Ven, hijo, siéntate —asentí y me senté a su lado—. Verás, por un tiempo, tu padre tendrá que viajar a varios lados por su trabajo —comenzó contándome mientras yo comía las galletas—, así que... —apretó los labios—... Fellner se hará cargo de tu hermano y de ti —la miré rápidamente, ella no me miraba simplemente miraba el suelo de mi habitación—. Espero que estén bien, dejaré una criada a cargo de cada uno, de todas maneras —tomó mi mano aún sin mirarme—. Si algo sucede, ellas tienen órdenes de llevarlos a un lugar seguro —mi madre parecía que no me hablaba, parecía hablarse a sí misma.
—¿Mamá? —me miró rápidamente y forzó una pequeña sonrisa—. ¿Estás bien, mamá? —asintió levantándose de la cama.
—Tranquilo, no sucede nada —sonrió para luego besarme en la frente—. En un par de días nos iremos. Te dejaré el número de dónde nos quedaremos y sabes que puedes llamar a tus abuelos en cualquier momento —asentí sin entender mucho, hablaba demasiado rápido—. Bien, iré a preparar la cena, tu padre vendrá pronto y seguramente tendrá hambre —volvió a besarme en la frente y salió de mi cuarto. Mi madre estaba algo extraña, seguramente ha discutido con mi padre.
Pasó un par de horas hasta que bajé, escuché a mi padre reírse en la sala mientras mi madre seguramente se encargaba de todo, como siempre. Al acercarme a la sala, tanto mi padre como su acompañante, Fellner, me dedicaron sus miradas severas; me sentí más pequeño de lo que me siento normalmente en presencia de mi padre.
—Vete con tu madre, Noah, ve a ayudarle como la niña que eres —me esperaba que me dijera algo así, siempre me denigra delante de los soldados. Asentí a lo que dijo y fui con mi madre, quien cocinaba junto a una de las criadas.
—Oh, cariño, ¿qué haces aquí? ¿Quieres algo? —preguntó dirigiéndome una mirada rápida, negué con la cabeza, tomé un banquillo y lo acerqué a la isla que se encontraba en medio de la cocina para sentarme—. ¿Tu padre te envió a aquí? —asentí desanimado.
—Ya que estoy aquí, ¿quieres que te ayude? —mi madre negó con la cabeza sonriéndome.
—No te preocupes, mi niño, solo quédate aquí a hacernos compañía —pasó su mano por mi mejilla suavemente, luego siguió con lo que hacía.
Me quedé observándola mientras iba de un lado al otro mientras cocinaba y tarareaba una canción que le encanta; ¿cómo una mujer como mi madre puede estar con alguien como mi padre? Ella es realmente alegre y cariñosa, muy humana a diferencia de mi padre quien es un témpano de hielo, él es solo un recipiente de odio infundado hacia su esposa, hacia mí y hacia gente que no le ha hecho ningún mal; ni a él ni a nadie.
Luego de la cena, me encerré en mi cuarto a pensar en Isaac como de costumbre. Las horas se me pasaron volando solo mirando el techo; desde que volvió Isaac al campo de trabajo me dedico a simplemente pensar en el hasta altas horas de la noche.
De repente, unas risas me quitaron de mis pensamientos. Reconocí la voz de Artur, él estaba hablando con otra persona que, deduzco, era Fellner. Era raro escucharlos hablar, Fellner no parece muy conversador, no ha hablado con nadie más que no sea mi padre. Entreabrí la puerta con mucho cuidado e intenté escuchar.
—Es muy interesante, señor Fellner —escuché a mi hermano hablar; su voz suena muy distinta a cuando habla conmigo o con nuestros padres; parece que si puede ser una persona distinta después de todo y no solo seguir a mi padre como si no tuviera personalidad propia.
—Puedes llamarme Meik cuando no estemos junto a tu padre —ahora no parecía tener la típica voz de un soldado, su voz ahora era más cálida.
Me asomé un poco por la puerta y los miré, Artur tenía más cara de idiota que de costumbre. En cuanto a Fellner, casi no podía ver su rostro ya que estaba de espaldas a mí, pero pude distinguir una sonrisa dado a como se veía su mejilla. Decidí volver a encerrarme en mi habitación; realmente no me sorprende en lo absoluto que se lleven bien, Artur siempre está con mi padre, seguramente se lleva bien con todos los soldados que nos rodean, Fellner no iba a ser la excepción. Luego de un rato, las voces cesaron, escuché los pasos firmes de Fellner pasar por el pasillo hasta que se metió, seguramente, en su cuarto. Aproveché que ellos ya no estaban en el pasillo para salir. Miré hacia mi derecha, al final del pasillo se encontraba el cuarto de mis padres. Me acerqué y me asomé aprovechando que esta estaba abierta, al hacerlo vi a mi padre durmiendo; él acostumbra a dormir temprano, según mi madre, es por su entrenamiento militar, realmente me da igual. Me dirigí a la sala, mi madre se encontraba sentada en el sillón.
—¿Por qué estás aquí, mamá? —ella bajó la cabeza un segundo y luego se levantó aun dándome la espalda.
—Es algo tarde, Noah —dejó una taza en la mesa de centro y se acercó a mí—. Ven, vamos, te haré compañía hasta que te duermas si quieres —el rostro de mi madre parecía algo desmejorada, parecía como si no hubiera dormido en días, tal vez se debe a algo que habrá hecho mi padre. Mi madre me tomó de la mano como si tuviera cuatro años de nuevo y me llevó a mi cuarto, sin decir nada, me acosté en mi cama y ella me arropó.
—¿Sucede algo? Estás pálida.
—No es nada, solo estoy cansada. Ya sabes que suelo encargarme de todo aquí, no quiero que las criadas se encarguen de esta casa ellas solas, son prácticamente niñas y no deben estar acostumbradas a ocuparse de todo esto —soltó un suspiro y acarició mi cabello—. Ya duérmete, Noah, es tarde y ya sabes lo que tu padre piensa de que duerman mucho —asentí, para luego acomodarme en la cama, ella me besó en la frente y salió de mi cuarto cerrando la puerta.