Narra Isaac
Miré a Noah, él no parecía entender nada; no debía entender lo que sentía. Me mordí el labio inferior avergonzado por el silencio que se había formado, sumado a la mirada de Noah que se encontraba fija en mí.
—Isaac... —su voz sonaba tan avergonzada como había sonado la mía antes—. Y-yo... n-no entiendo por qué haces esto, pero no es necesario —comenzó a abotonarme de nuevo la camisa.
—Noah... —suspiré—. Me gustaría que fueras tú quien me toque, no tu padre, y sería una forma de distraerme cuando Henlein está usándome como juguete —él desvió la mirada. No debí hablar así, sigue siendo su padre después de todo—. Lo siento... no quise decir las cosas de esta manera, solo quiero hacer algo de eso con alguien que realmente me guste como tú, Noah —tomé sus manos—. ¿Entiendes? —él asintió apretando un poco mis manos.
—Entiendo lo que intentas decirme, pero...
—¿No quieres hacerlo? —rápidamente negó con la cabeza.
—No sé realmente que quieres que haga —dijo de manera vergonzosa. Acaricié su mejilla.
—Ya has visto lo que tu padre me hace, ¿verdad? —asintió haciendo una mueca de repugnancia—. Sería distinto que lo hicieras tú. Sé que tú serás cariñoso y que lo harás con cuidado porque sé de sobra que no quieres hacerme ningún tipo de daño —volvió a asentir acercándose a mí.
—Está bien, Isaac, pero no hoy, ¿sí? Necesito tiempo para pensar en siquiera como hacer eso.
—No te preocupes, Noah —le di un beso rápido—, te esperaré. Además, te enseñaré lo que pude aprender en este tiempo —Noah asintió con un sonrojo en sus mejillas. Sonreí y me acomodé contra su pecho—. Ahora intentemos dormir.
Desperté sintiendo a Noah acariciar suavemente mi mejilla, abrí los ojos encontrándome con él y su sonrisa. De repente, nuestra tranquilidad se interrumpió por unos toques en la puerta, Noah y yo nos miramos rápidamente algo tensos. Sin perder un segundo, me levanté para acostarme en mi cama, él me arropó antes de acercarse a la puerta.
—¿No planean bajar? —escuché la voz de Artur cuando su hermano abrió la puerta—. ¿La escoria esa sigue durmiendo? Es realmente inútil, papá debería fusila... —escuché un golpe que no dejó que Artur terminara de hablar. Rápidamente me senté en la cama y dirigí mi mirada hacia ellos, el mayor se estaba tomando de la mejilla mientras miraba confundido a su hermano.
—Su nombre es Isaac, refiérete a él por su nombre —la voz de Noah sonaba realmente seria. Rápidamente me levanté y me acerqué a ellos.
—Lamento lo que pasó, joven Artur —me dirigí a él como he escuchado que se dirigían las criadas hacia ellos—. Ha sido mi culpa, no me he despertado a la hora que debía. Pronto bajaremos.
Noah me tomó de la muñeca, me metió en el cuarto y cerró de un portazo. Lo miré algo asustado; era la primera vez que lo veía actuar así, él siempre ha sido calmado, desde que Artur me lastimó, había tratado de amedrentarlo lo más que podía. Noah se giró y, sin darme tiempo siquiera a parpadear, me abrazó.
—¿Noah? —pregunté para luego soltar un pequeño quejido cuando él me abrazó más fuerte.
—Lo siento, Isaac... —se separó lentamente de mí y me miró—. Nunca he golpeado a mi hermano —soltó un suspiro—. No quería hacerlo, solo me molesta que te trate así, como si no fueras nada, como si merecieras que te maltraten.
—Tranquilízate, ¿sí? No quiero que vuelvas a golpear a tu hermano —desvió la mirada—. Aunque me trate mal —asintió. Lo tomé de las mejillas y, poniéndome en puntas de pie, lo besé. Correspondió al instante tomándome de la cintura con sumo cuidado.
Luego de separarnos, decidimos alistarnos y bajar a desayunar. Mientras Noah estaba con su familia, yo me dirigí al lugar de las criadas. Lena me sirvió el escaso desayuno que nos correspondía. Las muchachas me trataron cariñosamente como siempre lo hacen. Cuando terminé de desayunar, esperé a que Noah terminara de desayunar para que viniera a buscarme, pero él no lo hizo, quien vino por mí fue su padre. Sin mediar palabra, me tomó del brazo y me llevó hasta la puerta principal, vi a Noah mientras su padre me llevaba.
—¿A dónde te llevas al niño? —escuché a Amelie acercarse prácticamente corriendo a nosotros—. Déjalo tranquilo —Henlein le lanzó una mirada severa, pero su esposa no se inmutó—. Deja al niño —me empujó hacia ella de mala gana y salió de la casa. Amelie me abrazó fuertemente como lo haría mi madre—. ¿Te encuentras bien? —asentí logrando que se separara un poco de mí—. Mi niño... Lamento que tengas que pasar por esto —noté un dejo de tristeza en su voz, me limité a bajar la mirada—. Noah, llévate a Isaac a tu cuarto.
Sentí la mano de Noah tomar la mía y, como de costumbre, me llevó a su cuarto. Una vez allí, me senté en la cama con la mirada baja. Me sentía culpable de alguna manera, de no estar aquí, los padres de Noah no tendrían que enfrentarse y él no tendría que golpear a su hermano para defenderme. Noah se puso en cuclillas frente a mí y tomó mis manos.
—¿Te encuentras bien? —me mantuve en silencio—. Isaac... —soltó un suspiro—. Está bien, no te preguntaré nada —besó mis nudillos—. Déjame revisar tus heridas, tengo que limpiarlas y cambiar las vendas —asentí.
Después de besar mi frente, salió de la habitación. Por mi parte, me saqué la camisa. Me percaté de una gran mancha de sangre que se encontraba en la espalda de esta, solté un suspiro. Seguramente una de mis heridas se abrió en algún momento.
—¿Has manchado la camisa? —rápidamente hice un bollo la camisa cuando escuché su voz—. No te preocupes, te daré otra y haré que Lena lave esto sin que mamá se dé cuenta —dejó el botiquín en la cama junto a mí y tomó la camisa para examinarla—. Tranquilo, ¿sí? —asentí, él tiró la camisa en el suelo, se sentó detrás de mí, me quitó la venda y comenzó a curarme.
—Lo siento —dije por fin luego de un largo silencio—. Lamento que tus padres discutan y que te pelees con tu hermano por mi culpa —escuché un suspiro por su parte, luego, de repente, sentí cómo me besaba en la nuca provocándome escalofríos.