Narra Isaac
Noah me llevó a su cuarto, tomó algo de ropa y me ayudó a vestirme. Luego, hizo que me sentara en la cama y me abrazó. Me siento realmente débil, intenté liberarme de Henlein, pero no he podido hacer nada, tuve que esperar a Noah para que me salvara de su padre.
—Sé que es estúpido preguntar esto, pero ¿te encuentras bien? —lo miré y asentí. Acarició mi mejilla.
—Noah, déjame entrar —escuchamos la voz de Artur seguido de unos toques en la puerta. Noah me miró como preguntándome si debía o no abrirle la puerta—Noah —asentí al escucharlo insistir tanto.
Noah se acercó a la puerta y la abrió, rápidamente su hermano entró y cerró.
—He escuchado el ruido, pero no he querido salir cuando escuché a mamá gritar —se sentó frente el escritorio—. ¿Qué pasó? —me miró directamente, intimidándome un poco.
—Papá intentó abusar de él —Noah me miró rápidamente e hizo una mueca que no supe identificar—. Mamá y yo escuchamos a Isaac llorar, subimos, escuché a papá gritarle y rompí el picaporte para poder abrir la puerta —se sentó junto a mí y cruzó su brazo alrededor de mis hombros.
—Ya veo... Mamá se enojó mucho, nunca la había escuchado gritar así —Artur se cruzó de brazos y se recostó en el respaldo de la silla—. Dime algo Noah: ¿por qué lo defiendes tanto? —le dirigí una mirada rápidamente a Noah, él soltó un suspiro, apartó su brazo de mis hombros y me tomó de la mano.
—Isaac me gusta —mi cara comenzó a arder—, por eso quiero cuidarlo —suspiró de nuevo—. Espero que guardes el secreto, Artur —su hermano se levantó y se acercó a nosotros, me miró por unos instantes con un semblante serio, pero con un dejo de asco, luego desvió la mirada a Noah.
—Hermano, te estás metiendo en algo peligroso —cruzó sus brazos nuevamente—, pero ambos estamos haciendo algo que no debemos. Guardaré el secreto por ahora —le sonrió a su hermano—. Solo tengan cuidado, papá los mataría a ambos si se entera —Noah asintió.
—A ti también te matará si se entera, y a Fellner lo matarán de verdad —asintió—. Bien ahora vete, Artur —Artur lo miró, soltó un suspiro y asintió.
—Está bien, será mejor que me vaya antes de que se empiecen a besar y me den ganas de vomitar —dicho esto salió del cuarto dejándonos solos.
Sentí a Noah apretar un poco mi mano, lo miré recibiendo de él una pequeña sonrisa.
—¿Confías en que no dirá nada? —se encogió de hombros—. Si dice algo, estaremos en serios problemas.
—Tranquilo, Artur no dirá nada. Él también quiere que guarde un secreto y si se mantiene callado, yo también lo haré —entrelazó nuestros dedos y se acercó a mí—. Todo estará bien ahora —se acercó a mi rostro para besarme, pero instintivamente aparté mi cara de él, me miró unos instantes, soltó un suspiro y acarició mi mejilla—. Lo siento —besó mi mejilla y se levantó—. ¿Por qué no descansas? Te traeré algo para que desayunes —asentí, salió del cuarto mientras yo me acostaba en mi cama. Pronto volvió con una bandeja en sus manos, se acercó a mí y la puso en sus piernas—. Lena solo me dio cereal, pero creo que es suficiente —acercó la cuchara a mi boca, lo miré recibiendo una sonrisa de su parte.
—No es necesario —tomé la cuchara y la metí en mi boca—. Aun así, gracias —él volvió a sonreír y me besó en la mejilla, o al menos esa era su intención, ya que moví mi rostro hacía el suyo para darle un corto beso—. Lo siento, no pude evitarlo —no dijo nada, solo me besó nuevamente. Poco después nos separamos.
—Yo tampoco pude evitarlo —sonrió—. Ten, desayuna —puso la bandeja en mis piernas, besó mi mejilla, se levantó y salió del cuarto.
Comí rápidamente, tomé la bandeja y me levanté. Me acerqué a la puerta y coloqué mi mano sobre el picaporte, pero no abrí la puerta, opté por quedarme en el cuarto. Dejé la bandeja en el escritorio y me senté en el alfeizar de la ventana. Mientras miraba, en mi mente comenzaron a aparecer imágenes de antes de la guerra, cuando era más pequeño, cuando era feliz con mis padres en Berlín. Un par de lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas.
—¿Qué sucede? —me sobresalté al escuchar la voz de Noah—. ¿Por qué lloras? —se sentó frente a mí.
—N-no es nada... —limpié mis lágrimas y solté un suspiro—. S-solo recordaba cuando vivía con mis padres en Berlín; cuando eran buenos tiempos —volví a suspirar. Tomó mi mano y acarició mis nudillos.
—Lo siento —su rostro se entristeció—. Me gustaría poder hacer algo por eso, pero prometo que te daré una vida un poco más tranquila cuando te saque de aquí —me mostró una pequeña sonrisa. Lo abracé colocando mi cabeza en su pecho como siempre, cerré los ojos y solté un suspiro pesado.
—Gracias...
Un silencio se formó en la habitación y se quedó por largo rato. Ninguno de los dos decía nada, ninguno se quería mover, no queríamos romper nuestra pequeña burbuja de tranquilidad. De repente, Noah comenzó a juguetear con sus dedos en mi espalda provocándome cosquillas, me estremecí al sentir sus dedos.
—Noah, me haces cosquillas —levanté la cabeza para mirarlo, él ignoró completamente lo que le dije y siguió con lo que hacía—. No hagas eso —aparté su mano de mí, Noah solo me dirigió una sonrisa.
—Lo siento, me gusta acariciarte —me dio un corto beso, solo sonreí. Podría enojarme con él, pero se ve realmente lindo cuando me sonríe de esta manera. Pasó su mano por mi mejilla y la acarició—. Eres realmente lindo —susurró dándome besos en la mejilla haciendo un camino hasta llegar a mis labios, cuando llegó, me besó.
—Noah —dije cuando nos separamos—, hoy quiero enseñarte lo que aprendí con Kaiser... —sentí el ardor en mis mejillas—. ¿Puedo hacerlo? —sus mejillas también se enrojecieron, asintió desviando la mirada de mi rostro, sonreí y le di un corto beso.
Pasamos varias horas allí, la criada nos llevó el almuerzo y luego la cena. Noah decidió que nos bañáramos luego de que su padre vaya a su oficina y así lo hicimos. Cuando terminamos, él me cambió las vendas como todos los días. Luego, apagamos las luces y nos acostamos en su cama. Me encontraba jugueteando con el cabello de Noah, mientras él, simplemente, me abrazaba por la cintura. Bajé mi mano delineando su rostro delicadamente con mi índice.