Narra Noah
Desperté con los rayos de sol que entraban por la ventana y me daban directamente en el rostro. Cubrí mi cara con mi antebrazo y abrí los ojos con pereza. Me giré a ver a Isaac, me daba la espalda, seguramente, aún estaba dormido. Intenté acostumbrarme rápidamente a la luz que entraba, me acerqué a él y me dediqué a mirarlo.
—Eres tan lindo —dije para mis adentros, pasando mi dedo suavemente por su hombro notando como se estremecía.
—Me haces cosquillas —dijo en tono somnoliento.
Se acomodó y se cubrió el hombro con la frazada. Volví a bajar la sábana dejando al descubierto una parte de su espalda y su hombro. Observándolo detenidamente, pude notar algunas cicatrices en su espalda, sin contar la herida que aún tenía por culpa de mi hermano, aunque ya estaba cicatrizada en su mayoría. Pasé mi dedo suavemente por las cicatrices, él volvió a estremecerse, para luego alejarse un poco de mí.
—Déjame —volví a acariciar sus cicatrices—. Noah te quiero y me gusta que seas cariñoso, pero quiero dormir —se quejó. Solté una pequeña risa para luego rodear su cintura y acercarlo a mí.
—Lo siento —le di un beso en la nuca—. Creí que estabas durmiendo aún —él tomó mi mano, se acomodó y luego exhaló con algo de fuerza. Seguramente ya se estaba quedando dormido de nuevo.
Pasó un largo rato hasta que Isaac despertó nuevamente. Ahora él se encontraba recostado en mi pecho abrazándome. Levantó la mirada y me dedicó una pequeña sonrisa. Lo acerqué a mí para besar su mejilla.
—Será mejor que nos levantemos.
Se separó y se sentó en el borde de la cama. Lo observé mientras se vestía. Cuando se percató de que lo estaba mirando, se giró hacia mí y me tiró mi camisa a la cara.
—No te me quedes mirando así —bajé la camisa y lo miré, sus mejillas estaban algo sonrojadas.
—¿Por qué no? —me senté en la cama y me puse la camisa—. Eres lindo, ¿por qué no mirarte? —dije mientras me vestía.
Cuando terminé, lo miré, en mi cara apareció una sonrisa al ver que sus mejillas estaban aún más sonrojadas.
—Vamos a alistarnos para bajar a desayunar.
Abrí la puerta de mi cuarto y me asomé. La puerta de la habitación de mis padres estaba abierta de par en par. Mi padre no estaba allí, seguramente estaría en su oficina o en el campo con los demás soldados. Tomé la mano de Isaac y salí del cuarto, nos dirigimos al comedor donde nos encontramos con Artur y Fellner.
—¿Dónde está mamá? —pregunté sentándome frente a ellos.
—En el sótano con una de las criadas. ¿Él va a sentarse con nosotros? —apuntó despectivamente a Isaac, me volvía hacia él, se encontraba con la cabeza a gachas unos cuantos pasos detrás de mí.
—Sí, se sentará con nosotros. Ven Isaac, siéntate conmigo.
Tímidamente se acercó a la mesa y se sentó junto a mí. Los cuatro nos quedamos callados, Fellner y Artur se quedaron mirando a Isaac con cierto asco, que comenzaba a sentirse algo incómodo. Pateé a Artur, él me miró entendiendo por que había llamado su atención, le dio un leve golpe a Fellner en el brazo haciendo que este apartara la vista de Isaac.
Luego de desayunar, Isaac, Artur y yo salimos a dar una vuelta dado que Fellner estaría trabajando con mi padre toda la tarde. Artur nos hizo caminar por un largo rato hasta llegar a un lago y se sentó en la orilla de este, me senté junto a él y lo observé, pude notar que en su cuello había un par de marcas, como si fueran moretones o algo así.
—¿Qué te ha pasado en el cuello? —bajé el cuello de su camisa notando algunas marcas más.
—¿Él tiene que estar escuchando? Prefiero contarte si no está —acomodó su camisa, dirigí la mirada hacia Isaac, él se encontraba parado lejos de nosotros con la cabeza a gachas.
—Ven, Isaac, siéntate conmigo —como lo había hecho antes, se acercó con timidez y se sentó a mi lado—. No actúes como un sirviente, no lo eres —tomé su mano, volviéndome a mi hermano—. Él no dirá nada —Artur soltó un suspiro pesado, demostrándome el fastidio que sentía por tener que contarme algo que parece un secreto frente a Isaac.
—Estas marcas las hizo Fellner —por primera vez noté un sonrojo en las mejillas de mi hermano—. Las hizo hace un par de días en mi cuarto.
—¿Por qué te las hizo?
—Eres un niño aún —sonrió burlón—. ¿No lo entiendes? Él me marcó porque soy suyo, hermano —volvió a sonreír, pero esta vez con cara de idiota—. Meik me quiere solo para él.
Creí que Fellner solo lo quería a mi hermano como un juguete, como lo habían hecho con Isaac, pero, al parecer, me equivoqué, parece que ambos se quieren de verdad. Artur sonrió mirando el lago.
—Nunca te había visto así antes —su sonrisa se amplió más.
—Lo mismo digo —se volvió hacia mí—. Mírate con él, no le has soltado la mano desde que se sentó contigo —se inclinó un poco para ver a Isaac—. Cuida al idiota de mi hermano, ¿sí? Y no dejes que algún soldado te aparte de él, jud...
—Se llama Isaac, creo que lo he dicho muchas veces —lo interrumpí, mi hermano me miró y asintió dirigiéndose nuevamente a Isaac.
—Bien, Isaac, no dejes que algún soldado te aparte de él y te mate —extrañamente, le sonrió con algo de cariño.
—Te estás comportando raro, Artur —su rostro cambió completamente, desvió la mirada y soltó un suspiro.
—Lo siento —volvió a suspirar—. Encontré las cartas que te enviaron nuestros abuelos. Solo quería hacer las paces antes de que te vayas. Siempre fuimos un poco distantes. Siempre estuve con papá y pretendía ser como él, pero... creo que no es lo mio ser tan despiadado como él. No quiero serlo —sonreí al escuchar esto último. Siempre creí que Artur era un idiota sin corazón tal como mi padre, pero, al parecer, me equivoqué. Rodeé con mi brazo sus hombros.
—No eres tan idiota como creía, hermano —recibí un pequeño golpe por su parte que me hizo reír.
Nos pasamos la tarde allí, cada tanto, Artur se iba a dar una vuelta cuando escuchaba los vehículos de los soldados pasar cerca de dónde nos encontrábamos. En cuanto a Isaac, él parecía estar más tranquilo ahora que mi hermano lo trata mejor. A mí también me tranquilizaba que lo tratara bien y que no haya tenido que hablar con él para que lo hiciera.