Narra Noah
Pasaron ya cuatro días desde que Isaac y yo nos enteramos de que en un mes nos iremos con mis abuelos. Estamos felices, pero hace un par de días que él se ve raro, muy melancólico y siempre mirando por la ventana de mi cuarto. Parece algo distraído, supongo que piensa en sus padres y que no podrá darles una sepultura siquiera. Me acerqué a Isaac que, como últimamente, estaba sentado en el alfeizar de la ventana. Cuando me senté frente a él, me dedicó una mirada junto con una sonrisa, tomé su mano.
—Vamos, dudo que hoy llueva, demos una vuelta por el bosque, ¿te parece? —asintió animado, se levantó casi de un salto y tiró un poco de mi mano, sonreí levantándome.
Bajamos prácticamente corriendo las escaleras, le avisamos a mi madre que saldríamos, ella nos dio una pequeña mochila con comida y un par de cantimploras, luego nos fuimos. Caminamos entre los árboles sintiendo como, de vez en vez, caían un par de gotas de las hojas. Era realmente agradable sentir las gotas caer sobre nosotros junto con la brisa fresca.
Caminamos un par de horas, tanto Isaac como yo estábamos cansados de andar. Salimos del bosque y comenzamos a caminar por el camino que los autos militares habían formado en la tierra, cruzando este, se extendía una llanura, donde pasamos una tarde. Tomé su mano y lo llevé hasta allí. Caminamos un poco más, alejándonos todo lo que pudimos del camino para que no nos vieran.
—¿Tienes hambre? —dije al tiempo que me sentaba contra uno de los pocos árboles que pudimos encontrar aquí, Isaac se sentó a mi lado asintiendo.
Dejé la mochila en el suelo, saqué los sándwiches que nos preparó mi madre y los dejé sobre la mochila usándolo a modo de mesa.
—Es un bonito día —dijo para luego dar una mordida al sándwich, yo solo asentí volviéndome hacía él—. ¿Pasaremos el día aquí? —asentí nuevamente terminando de comer.
—Daremos la vuelta por allí, seguramente nos tardemos y luego volveremos a casa.
Terminó de comer, se acercó a mí y se levantó.
—Vamos, Noah, quiero seguir caminando —sonrió, me tomó de la mano e hizo que me levantase.
—Está bien, está bien —sonreí tomando la mochila y colgándomela al hombro.
Volvimos a emprender camino notando como, poco a poco, el cielo se iba llenando de nubes grises; seguramente pronto caería otra tormenta. Aún así Isaac y yo no nos apresuramos, no nos importaba en lo absoluto. No pasó mucho hasta que las primeras gotas comenzaron a caer lentamente sobre nosotros, que seguíamos caminando a nuestro propio ritmo sin prestarle mucha atención. La lluvia fue intensificándose, pero seguimos caminando con tranquilidad.
Llegamos a casa casi una hora después, estábamos completamente empapados y con los zapatos llenos de barro. Al vernos, mi madre nos hizo sacarnos los zapatos, los cuales se llevó Lena, y nos envió a ambos a tomar un baño. Isaac y yo obedecimos, fuimos a buscar ropa, para luego ir al baño. Mientras Isaac se desvestía, yo me encargaba de poner a llenar la bañera. Una vez hecho, él se metió a la bañera, dónde me esperó hasta que terminase de desvestirme.
—¿Está bien el agua? —le pregunté mientras me metía en la bañera, él asintió acercándose rápidamente a mí y me abrazó colocando su cabeza en mi pecho—. Eres muy lindo —levantó la mirada a mí—. ¿Qué sucede? —Isaac no respondió, simplemente me besó. Correspondí al beso al instante, tomándolo de la cintura y acercándolo a mí.
No sé cómo, pero, de un momento al otro, Isaac estaba sentado en mi regazo. Sentí como comenzaba a moverse lentamente haciendo que nos rocemos, que nos hizo soltar un pequeño suspiro. Isaac rodeó mi cuello acercándose más a mí, me estremecí al sentir como besaba mi cuello. Siento mi cuerpo arder tanto como siento arder mi rostro, es vergonzoso, pero me gusta esa sensación con Isaac. Pegué un respingo cuando sentí a Isaac morder mi hombro.
—Eso dejará marca... —susurré, él me miró exhibiendo una pequeña sonrisa.
—Esa era la idea, Noah —volvió a sonreír, pero esta vez de una manera extraña.
—¿Me guiarás de nuevo? —pregunté sintiéndome nervioso; realmente no me siento confiado en esto, prefiero que él me guíe con lo que tengo que hacer.
—Pero tú ya sabes que hacer —soltó una pequeña risa—. Aunque estás temblando, tal vez sea mejor que te ayude —asentí hecho un manojo de nervios.
Él tomó mi mano y la llevó hasta su miembro, desvió la mirada de mi rostro con las mejillas sonrojadas.
—T-tócame aquí.
Comencé a mover mi mano lentamente. Como él había dicho, mis manos estaban temblando, pero trataba de mantenerlas lo más firmes que pudiera. Comencé a mover mi mano más rápido consiguiendo que Isaac gimiera, o lo evitaba hacer, dado que tenía su cara pegada a mi hombro para ahogar sus gemidos y jadeos.
De repente, sentí como Isaac apretaba un poco su cuerpo contra el mío, nuevamente provocó que nos rozáramos, tanto él como yo volvimos a gemir. Cada tanto él hacía que nos rozáramos mientras lo tocaba; su cuerpo comenzó a temblar y sus gemidos no cesaban, estaba realmente agitado.
—N-Noah... —me nombró a duras penas con la voz entrecortada—. H-hagamos esto de una vez —me pidió separándose, dejándome ver su rostro al fin, noté que estaba completamente sonrojado. Tomó mi mano apartándola de su miembro y colocándola en su cintura—. S-solo hice esto una vez.
No le estaba prestando atención realmente, mi mente está en blanco. De repente sentí como Isaac metía mi miembro lentamente en su interior, haciendo que ambos soltemos un gemido ahogado. Me aferré a su cintura mientras él bajaba lentamente hasta llegar a la base. Mi cuerpo comenzó a moverse por sí solo, mientras que mi mente seguía nublada solo conectada para escuchar sus gemidos y sentir lo caliente que estaba su interior y todo su cuerpo.
Él también se movía, prácticamente sincronizado con mis caderas. Isaac comenzó a jadear en mi oído haciendo que comenzara a volverme loco, lo separé un poco de mí, lo tomé del mentón y lo besé. Era un beso torpe dado a las embestidas y a los jadeos y gemidos que no podíamos contener. Volví a centrarme en la erección de Isaac, su cuerpo empezó a temblar más de lo que ya lo hacía, igual que el mio.