Del otro lado del cerco [libro 1]

Capítulo 23

Narra Noah

Han pasado dos semanas desde el incidente con mi padre, él ya no ha vuelto a acercarse a nosotros, pero, por esto, mi madre lo ha pasado realmente mal. Isaac y yo los hemos escuchado discutir por las noches, y siempre las cosas terminan de la misma manera, con mi madre llorando hasta muy tarde. La noche anterior no fue la excepción, Isaac y yo los escuchamos; escuchamos como mi madre le gritaba entre sollozos y él sonaba tan frío como siempre. Cuando Isaac, mi hermano y yo bajamos a desayunar, mi madre nos sirvió el desayuno y se sentó con nosotros, pero no probó bocado. Miré a mi hermano algo preocupado, él solo me devolvió la mirada encogiéndose de hombros. Solté un suspiro, terminé de desayunar, volví a mi cuarto y me senté en mi escritorio. No mucho después, Isaac vino conmigo.

—Tu madre llamará a tus abuelos —se sentó en la esquina del escritorio—. No pongas esa cara —acarició mi cabello.

—No tolero que la trate así, mi madre siempre aguanta que la trate como basura —solté un suspiro y recosté mi cabeza en su regazo sintiendo como él aún jugueteaba con mi cabello.

De repente, unos toques en la puerta hicieron que nos separáramos, me giré hacia la puerta, ésta se abrió dejándonos ver a mi madre, ella entró tomando de la muñeca a Artur, sin decir una palabra, se sentó en mi cama e hizo que mi hermano se sentara junto a ella.

—Sus abuelos me dijeron que les enviarán un auto para que los venga a buscar —miró a Isaac—. A los tres, el chofer les dará los pasajes de tren aquí.

Soltó un pequeño suspiro. Se veía realmente pálida, su cabello estaba despeinado y sus ojeras eran muy notorias, parecía que no había dormido en mucho tiempo.

—Se irán hasta que todo esto termine, prometo que, en cuanto pueda, iré con ustedes mis niños —sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¿Estarán bien con eso? —los tres asentimos.

—Pero... —comencé a hablar, pero no sabía muy bien que decir.

—¿Estarás bien sola con papá? —dijo Artur rápidamente—. Los hemos escuchado discutir mamá y creo que hablo por los tres cuando digo que nos preocupa que papá te haga algo.

Mi madre bajó la mirada, luego abrazó a Artur acariciando su cabello. Pude notar como un par de lágrimas bajaban por sus mejillas, me levanté rápidamente, me senté junto a ella y también la abracé, mi madre nos abrazó más fuerte, luego nos soltó, limpió sus lágrimas y se levantó.

—No se preocupen por mí, niños, estaré bien —nos mostró una pequeña sonrisa y se fue.

Mi hermano y yo nos miramos unos segundos, él se acercó a mi para luego rodear mis hombros con su brazo, solté un suspiro de resignación. Ahora me dolerá más dejar a mi madre en esta casa.

No pasó mucho hasta que a Fellner le dieran la tarde libre y viniera a buscar a mi hermano, quien no titubeó ni medio segundo para levantarse e irse con él. En cuanto a Isaac y a mí, nos encerramos en la biblioteca y nos pasamos allí horas leyéndonos cuentos uno al otro. Luego, comenzamos a hablar sobre banalidades, soñando despiertos que haremos cuando la guerra termine.

—Creo que volveré a Berlín y continuaré con el negocio de mi padre —dijo Isaac desvaneciendo el silencio que se había formado—. Podemos volver los dos y llevarlo adelante —tomó mi mano entrelazando nuestros dedos.

—¿Seguro que quieres seguir con el negocio? Mi familia tiene muy buena posición económica —él asintió con una pequeña sonrisa en su rostro.

—Quiero honrar a mi padre de esa manera. Él quería que yo siguiese con el negocio, que me encargase de todo cuando ya no esté —asentí. Isaac me parece realmente lindo al querer mantener vivo a su padre de esta manera—. A mis padres les hubiera gustado mucho conocerte —colocó su cabeza en mi hombro.

Luego de pasar la tarde en la biblioteca, decidimos bajar a escuchar la radio con mi madre, ni mi padre ni mi hermano han llegado aún, así que será un rato tranquilo. Mi madre prendió la radio y, como siempre, transmitían noticias sobre la guerra. Hitler seguía matando a quien se le cruzara, ahora estaba encerrando también a polacos, gitanos y rusos.

—¿Cómo Niklas puede servir a un ser tan despiadado y loco como él? —dijo mi madre casi en un susurro, pasó su mano por su frente y luego apagó la radio—. ¿Por qué no van a jugar arriba niños? Yo prepararé la cena—Isaac y yo asentimos, nos levantamos y nos fuimos a mi cuarto. Una vez allí, me senté en el escritorio y saqué la carta que nos habían enviado mis abuelos con los pasajes de tren.

—¿Estás bien, Noah? —Isaac se acercó a mí y me acarició la mejilla.

Tomé su mano tiré un poco de ella y lo senté en mis piernas, lo abracé fuertemente y recosté mi cabeza en su pecho, él me sacó los pasajes de la mano y comenzó a mirarlos.

—No te quieres ir, ¿verdad?

—Sí me quiero ir, quiero llevarte a un lugar más seguro, pero no quiero dejarla sola a mi madre. No con él.

—Tranquilo, ¿sí? Ella estará bien.

Asentí soltando un suspiro. No puedo echar esto para atrás, no después de haber ilusionado a Isaac con el viaje a Holanda. Me separé un poco de él para observarlo detenidamente, seguía con la mirada fija en los pasajes, sus labios se curvaban ligeramente en una pequeña sonrisa. Noté que su cabello ya había crecido, así que no tendríamos problemas con que pasara por un familiar nuestro en la frontera.

—¿Qué sucede? ¿Tengo algo en el rostro? —negué dedicándole una sonrisa.

—Solo observaba lo lindo que eres —un pequeño rubor apareció en sus mejilla haciéndolo ver aún más lindo—. Sobre todo, ahora que puedo ver que eres aún más lindo con el cabello largo —sonrió llevando su mano hacia su cabeza.

—Creí que no lo habías notado, como últimamente estas muy preocupado —realmente no lo había notado hasta ahora, lo he visto todos los días hace casi dos meses y no me había dado cuenta.

—Lamento no haber dicho nada hasta ahora.

Pasamos el tiempo en esa misma posición, Isaac apenas se había movido para colocarse en mi hombro y quedarse recostado allí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.