Del otro lado del cerco [libro 1]

Capítulo 24

Narra Isaac

Al fin estamos saliendo de este horrible lugar y vamos con rumbo a Berlín para tomar el tren hacia Holanda. Estamos a unas dos horas aún de la capital y no puedo evitar sentirme impaciente y emocionado, pero no tengo más remedio que permanecer quieto y parecer calmado, ya que tanto Noah como Artur se ven cabizbajos. Estoy seguro que ambos están tristes por dejar a su madre y a Fellner atrás.

—Isaac —me llamó Lena desde el asiento del copiloto—. Ten —me extendió un sobre largo, rápidamente lo tomé y lo abrí—. Son tus papeles.

Saqué el pasaporte y comencé a examinarlo, luego saqué el documento de identidad, ambos contaban con la foto que me había sacado Amelie hace una semana.

—¿Y esas fotos? —preguntó Noah.

—Las sacó tu madre hace una semana. Las envió para que pudieran terminar los papeles —él asintió. Artur, de repente, me sacó los papeles y comenzó a mirarlos.

—Son realmente iguales a los nuestros, tienen sellos oficiales y todo —Noah tomo mi nuevo documento y lo examinó.

—Mark Henlein —leyó—. Ahora eres Mark Henlein y eres nuestro primo según estos papeles —solté un pequeño suspiro. Me duele renunciar a mi nombre y mi apellido, es lo único que conservo de mis padres—. No me gusta este nombre y menos pensar que somos primos, pero parece que no habrá más remedio que llamarte Mark por ahora y actuar como si fuéramos familiares —asentí guardando los papeles dentro del sobre y, luego, dentro de mi mochila.

—¿Qué haremos para pasar el tiempo hasta que lleguemos a Berlín? —preguntó Noah desviando la mirada hacia su hermano y luego hacia mí. Artur se encogió de hombros, yo tampoco tenía mucha idea de que hacer así que lo imité.

—¿Por qué no haces esto y nos dedicamos a ver por la ventana? —crucé su brazo alrededor de mis hombros acomodándome en su pecho, levanté la mirada notando la sonrisa que se había formado en su rostro.

—¡Qué asco me dan! —exclamó Artur desde el otro lado—. La próxima vez yo me siento en el medio para evitar que se pongan así —Noah y yo soltamos unas pequeñas risas que pronto se apagaron. Debe comportarse así porque debe de extrañar a Fellner.

Noah y yo estamos juntos y estaremos viviendo juntos hasta que la guerra termine, pero él no, no sabe cuándo volverá a ver a Fellner, o si lo va a ver siquiera. Intenté separarme de Noah, pero él me lo impidió volviéndome a recostar contra su pecho.

—No te preocupes, solo está molestando —dijo en tono bajo.

Pasamos medio viaje observando el bosque que se extendía junto a la carretera. Noah no pudo aguantar el cansancio que tenía así que decidió dormir, aunque no pasó ni media hora hasta que despertó nuevamente.

El resto del viaje nos la pasamos hablando Artur, Noah y yo. Cada tanto, Artur hacía alguno de sus comentarios "despreciándonos" cada vez que nos acercábamos mucho, haciéndonos reír.

Llegamos a Berlín eso de las dos de la tarde, la estación estaba realmente llena, en su mayoría era gente de clase alta, pero había gente de clase trabajadora también, quienes rogaban que los dejaran subir y huir de la guerra. Sin contar a los soldados que vigilaban y registraban a la gente antes de que subieran al tren. Estoy más que seguro que tratan de identificar a judíos que intentan escapar.

—Es por aquí niños —nos llamó Lena.

Tomé la muñeca de Noah y lo seguí cuando fue tras ella. Estaba algo nervioso, pasé la última hora del viaje memorizando lo que decían mis papeles por si me preguntaban algo, pero ahora no recordaba nada y, para colmo de males, el miedo no me dejaba pensar claramente.

—¿Estás nervioso, Mark? —dijo Noah tomándome de la mano, solo asentí sabiendo que no podía verme, ya que estaba de espaldas—. No pasará nada, ¿sí? Tranquilo

Lena nos llevó hasta unos de los soldados, el cual comenzó a hacerle preguntas, ella se limitó a presentar los papeles de los cuatro y a decirle que ella era solo una empleada que nos acompañaría hasta Ámsterdam. El soldado miraba los pasaportes uno a uno, luego miraba al dueño de este, hasta que se detuvo en mí. Comencé a sentirme realmente nervioso; quien sabe qué pasaría si descubrían que era judío y que ellos me estaban ayudando a escapar. Para mi suerte, el soldado no sospechó, creyó que los papeles estaban correctos, revisó los pasajes y luego nos dejó pasar. Pude respirar aliviado recién cuando llegamos al camarote que compartiríamos Noah y yo.

—Espero no volver a pasar por esto.

Me acosté en la cama matrimonial que tenía el camarote. En realidad este cuarto era para Lena, pero ella nos lo cedió cuando Artur dijo que sería interesante para él poder conocerla un poco, ya que estaríamos unos días en el tren.

—Recuerda que aún tenemos que pasar el control en Ámsterdam —solté un suspiro y me cubrí los ojos con el antebrazo—. Irá bien, Mark —sentí como se acostaba a mi lado y me tomaba de la cintura.

—Aun no me acostumbro a que me llames así —susurré apartando mi brazo para mirarlo—. Tendré que ser alguien más ahora —me acurruqué contra él—. ¿No crees que estoy traicionando a mi familia así?

—Tal vez, pero no queda otra opción, es lo que tenemos que hacer para librarnos de todo esto. Además, ellos querrían que salieras a toda costa, ¿verdad? —asentí—. Este es el pequeño costo para lograrlo, pero cuando todo esto termine, podrás ser quién eres, sin ningún temor a que alguien nos escuche, ni que te quieran encerrar de nuevo.

Me aferré a él. Tenía razón, no estaba traicionándolos, estaba intentando cumplir su último deseo: salir vivo de aquel lugar. Por ahora, lo estábamos consiguiendo, pero el viaje era largo y aún teníamos que pasar por más.

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No recuerdo bien cuando me quedé dormido, solo recuerdo haber estado hablando un poco con Noah y ¿luego? Supongo que me venció el cansancio del viaje. Desvié la mirada hacia Noah, él se encontraba plácidamente dormido. Sonreí, le di un pequeño beso en la frente y luego me levanté. Observé el camarote detenidamente, era bastante lujoso, más de lo que podría haber imaginado. Noah realmente es de clase alta para poder costear esto. Luego de pasear mi mirada por la habitación, la centré en el reloj que se encontraba en la pared, este marcaba las cinco y media. Me acerqué a la ventana y miré a través segándome un poco al hacerlo, el sol estaba cayendo lentamente. Noah y yo habíamos dormido todo el día. Me volví hacia él, con una sonrisa en los labios.




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