Narra Noah
Nunca estuve tan nervioso como en el momento en el que tuve que esperar a que Isaac pasara los controles de la frontera, pero cuando lo vi volver con nosotros acompañado del soldado, pude volver a respirar tranquilo. Nuevamente estábamos juntos en el tren de camino a Ámsterdam. Esta vez, el camarote lo teníamos que compartir con Lena y Artur, pero no me importaba en lo más mínimo mientras estuviera con Isaac.
Era bastante tarde y no podía dejar de pensar en lo que será vivir con Isaac mientras estemos allá, tendremos que adaptarnos a la vida de Holanda, pero valdrá la pena si mantengo alejado a Isaac de todos los soldados que le podrían hacer daño. De repente, sentí que alguien se acostaba a mi lado, abrí rápidamente los ojos encontrándome con Isaac, él me miró algo tímido, para luego abrazarme escondiendo su cara en mi pecho.
—¿Qué sucede? —susurré abrazándolo también.
—Solo quería estar contigo. Ya me he acostumbrado a dormir contigo —sonreí. Yo también tenía la necesidad de ir a acostarme junto a él, pero creí que estaba dormido y no quería despertarlo—. ¿Te molesta que duerma contigo?
—Claro que no.
Besé su frente, él sonrió y se acomodó contra mi pecho. Pronto, sentí su respiración un poco más tranquila y pausada, ya se había quedado dormido. Lo arropé un poco más y me quedé observándolo hasta que ya no pude aguantar el cansancio.
Desperté escuchando a mi hermano hablar con Lena en un intento de susurros. Cuando abrí los ojos, Isaac me estaba observando con una pequeña sonrisa en los labios, ni bien me vio despierto, me besó. Rápidamente correspondí a su beso rogando que Lena no se diera cuenta. Aún me avergüenza un poco que alguien que no sea mi hermano nos vea así. Poco después nos separamos, él se levantó y saludó a Lena y a mi hermano, luego tomó algunas cosas de su bolso de mano y salió del cuarto. Por mi parte, me quedé acostado esperando a que volviese.
—¿Ya te has despertado, Noah? —mi hermano se asomó por el respaldo de mi cama, sin mirarlo asentí con la cabeza—. Bien, ya era hora, tu novio ya se ha levantado también —desvié rápidamente la mirada hacia él sintiendo mi cara arder un poco. ¿"Novio"? Es la primera vez que lo llama así, o que yo lo considero como tal—. ¿Por qué pones esa cara? —esbozó una sonrisa burlona—. No me digas que te da vergüenza que le diga así a tu noviecito —soltó una carcajada.
—Déjame en paz, Artur —bajé la mirada intentando ocultar un poco el sonrojo que, imagino, tenía en la cara y que provoca las burlas de mi hermano. De repente la puerta se abrió, imagino que era Isaac que volvía.
—Ahí está tu novio, Noah —solté un suspiro pesado, Isaac se acercó a mí y me miró—. ¿A ti también te da vergüenza? —él solo negó con la cabeza bajando la mirada claramente avergonzado.
—Ya déjalo —regañé a mi hermano mientras me levantaba—. No quiero que lo molestes mientras no estoy.
Tomé lo que necesitaba para asearme y me dirigí al baño. Me alisté lo más rápido que pude y volví al cuarto, mi hermano y Lena volvieron a su conversación mientras que Isaac se limitaba a mirarlos desde mi cama. Me acerqué a él, me senté a su lado recibiendo una sonrisa por su parte, tomé su mano y entrelacé nuestros dedos, él se acercó a mi rostro dándome un corto beso en los labios. De repente me percaté de que tanto Artur como Lena se habían quedado callados, no quise voltear a verlos sabiendo que nos estaban observando.
—Mejor vamos a desayunar Artur. Ustedes vengan cuando quieran, niños.
Escuché como ambos salían y cerraban la puerta. Me quedé mirando a Isaac unos segundos, él esbozó una pequeña sonrisa.
Pasamos un rato hablando en el camarote. Nos volvimos a acostar, Isaac colocó su mentón en mi pecho para poder mirarnos. De repente un silencio se formó en el cuarto, él recostó su cabeza en mi pecho abrazándome, mientras yo me dedicaba a juguetear con su cabello. Respiré profundo cerrando los ojos, sentí a Isaac moverse un poco, no lo miré puesto a que estaba realmente cómodo y sosegado.
—¿Vas a volver a dormir? —me preguntó delineando mi rostro con su dedo, negué con la cabeza, escuché una risita por su parte—. No parece que te puedas mantener despierto, Noah —se movió acercándose a mi rostro, sentí su respiración chocar contra mi mejilla, pero no me besó, dado que la puerta se había abierto.
—Levántense de una vez, tenemos que ir a desayunar —la voz de mi hermano resonó en el camarote. Solté un suspiro pesado y me levanté, Isaac me siguió. Los tres salimos del camarote y nos dirigimos al vagón comedor.
Luego de desayunar, Lena se quedó en la mesa que estábamos ocupando, mientras que mi hermano, Isaac y yo volvíamos al camarote con la intención de hacer algo que nos distrajera el par de horas que nos quedaban hasta llegar a Ámsterdam. Al principio, jugamos con las cartas que mi madre nos había dado, pero, pronto, nos aburrimos, así que decidimos simplemente hablar.
--------------------------------------------------------------
Nos pegamos a la ventanilla cuando sentimos que el tren comenzaba a detenerse lentamente. Sonreímos al ver que ya nos encontrábamos en la capital de Holanda. Lena entró al camarote y comenzó a tomar sus cosas al tiempo que nos pedía que hiciéramos lo mismo. Los tres tomamos nuestras bolsos rápidamente y la seguimos hacia las puertas del tren. Un soldado la ayudó a bajar mientras otro nos acercaba nuestro equipaje. Artur reconoció al chofer de nuestros abuelos al instante, tomamos nuestras respectivas maletas y nos acercamos a él. Nos llevó hasta el auto y nos indicó que subiéramos mientras él y Lena subían el equipaje al baúl. Los tres nos subimos en la misma disposición en la que estábamos cuando salimos de Weimar, Isaac a mi izquierda y Artur a mi derecha.
—Te ves emocionado —dije cuando vi la sonrisa en el rostro de Isaac, él se volvió hacia mí.
—Lo estoy —su sonrisa se amplió un poco, se tomó de mi brazo colocando su cabeza en mi hombro—. Gracias por traerme hasta aquí —tomé su mano entrelazando nuestros dedos, pero, ni bien lo hice, recibí un golpe en el brazo por parte de mi hermano, lo miré rápidamente con el ceño algo fruncido.