Del otro lado del pasillo

Alzando la voz

Esta era su oportunidad.
La oportunidad de decirle todo en la cara.
De terminar aquello que seis meses atrás no había podido terminar.
Pria respiró profundamente y caminó hasta él.

-Decime, ¿por qué estás acá? -. ¿Por qué me buscás ahora?

Lucio sonrió.
Aquella sonrisa.
Durante mucho tiempo había sido una de las cosas que más le gustaban de él.

Recordó el principio.
Cuando se conocieron, Lucio era diferente.
Había sido atento, divertido, cariñoso.
La buscaba después del trabajo para llevarla a cenar. Le dejaba mensajes durante el día. Sabía qué café le gustaba, qué canción la hacía bailar y qué flores comprarle cuando quería sorprenderla.
Pria había creído que había encontrado al hombre con quien quería compartir su vida.
Y durante mucho tiempo lo creyó.
Los primeros dos años fueron fáciles.
O al menos eso pensaba ahora.
Porque poco a poco las cosas comenzaron a cambiar.
Lucio empezó a llegar tarde.
Después dejó de avisar.
Los mensajes se hicieron cada vez menos frecuentes y las cenas juntos comenzaron a convertirse en excusas.

-Tengo mucho trabajo, Pria.

Siempre era el trabajo.
Cuando ella intentaba hablarlo, él conseguía darle la vuelta a la situación.

-Estás exagerando.

-No empieces otra vez.

-Sos demasiado desconfiada.

Hasta que un día había llegado a decirle:

-Estás loca, Pria. Sos demasiado tóxica.

Y ella había terminado creyéndolo.
Había empezado a preguntarse si realmente estaba exagerando.
Si estaba siendo una mala novia.
Si quizás debía entenderlo más.
Si estaba siendo egoísta y celosa de sus logros ....
Hasta aquella noche.
Su aniversario.
Pria había preparado una cena especial.
Había comprado su vino favorito, había encendido velas y había cocinado durante horas.
Se había puesto el vestido que Lucio alguna vez le había dicho que le encantaba.
Y esperó.
Una hora.
Dos.
Tres.
La comida se enfrió.
Las velas se consumieron.
Lucio nunca llegó.
Al amanecer, con lágrimas en los ojos, Pria había metido algunas cosas en una valija y se había ido.
Y entonces lo había visto.
Desde el remís.
Lucio bajando de un auto.
Besando apasionadamente a la mujer que conducía.

-Nos vemos más tarde en la oficina, amor.
Pria la reconoció era la asistente de Lucio .
Aquello había sido suficiente.
No necesitó escuchar o ver nada más.
No necesitó ninguna explicación.

Había sentido cómo algo dentro de ella se rompía.
Desde aquel día no volvió.

Y durante meses había intentado reconstruirse.
Ahora Lucio estaba frente a ella, sonriendo como si aquellos recuerdos no existieran.
-¿Por qué no vamos a tomar un café y conversamos, Pria?
-preguntó. Ella lo miró fijamente. -No. La sonrisa de Lucio se
debilitó. -Hablemos acá y ahora. Pria señaló el salón principal.
Se dio vuelta y comenzó a caminar. Lucio la siguió. Al llegar, ella
cerró la gran puerta, aunque no completamente.
No quería sentirse encerrada. Lucio comenzó a recorrer el lugar.
Miraba las esculturas, los cuadros, cada rincón del atelier. Se
detuvo frente a una escultura de arcilla. -Me gusta mucho
-dijo-. Se vería preciosa en el living de casa. Pria no
respondió. Aquellas palabras le resultaron extrañas. En el living
de casa. Durante años había imaginado una casa con él. Habían
hablado de comprar una grande para los dos hijos que habían
imaginado tener algún dia . Habían elegido muebles que nunca
llegaron a comprar. Habían discutido incluso sobre dónde estaría
su taller y qué habitación sería de ella. Habían hecho planes.Muchos planes. Y mientras ella siguió construyendo un futuro imaginario,
Lucio comenzo otras historia.
Pria apartó la mirada.
Lucio se acercó al sillón de mimbre y se sentó frente a ella,
cruzando las piernas. -Te busqué por todos lados. Nadie sabía
dónde habías ido. No volviste a la casa, ni a ver a nuestros
amigos, ni al restaurante al que íbamos siempre. Ni siquiera me
mandaste un mensaje, Pria. Ella lo observó. -¿Cómo me
encontraste?
-Mi hermana compró una pintura tuya por internet. Cuando vio
tu firma no podía creerlo. Averiguó con el vendedor y le pasaron
la dirección del atelier . Así que vine un sábado. Me atendió el de
vigilancia y, como le dije que era urgente encontrarte, me pasó tu
dirección. Pria bajó la mirada. -¿Para qué me buscaste? Lucio
frunció el ceño. -¡Porque desapareciste, Pria! Ella soltó una
pequeña risa amarga. -¿Y te llevó seis meses darte cuenta?
-¡No! Yo te busqué. ¿No me escuchaste? ¡Por todos lados!
Lucio se inclinó hacia adelante. -No volviste a llamar a nadie.
No dejaste ninguna forma de encontrarte. Hizo una pausa. Su
tono comenzó a cambiar. -Escuchame. Sé que trabajo
demasiado. Sé que muchas veces estabas sola... Pria sintió un
nudo en el pecho. Ahí estaba otra vez. El mismo discurso. La
misma manera de convertir todo en algo pequeño. -También sé
que cometí errores -continuó él-. Pero me di cuenta...
Pria levantó lentamente la mirada. -¿Errores? Lucio abrió la
boca. -Pria... -¿Eso fue lo que pasó? Se puso de pie.
-¿Errores? Lucio también se levantó. -No quise decir... -Te vi
con ella. El rostro de Lucio cambió. -¿Qué estás diciendo? -No sé ni cómo llamarla -continuó Pria-. ¿Tu novia? ¿Tu amante?
¿Tu compañera de trabajo? -¿Enloqueciste? -¡Basta, Lucio!
Pria levantó la voz por primers vez -Andate. Déjame tranquila.Ya te superé. No voy a permitir que vuelvas a
inventarme mentiras. No otra vez. Lucio apretó la mandíbula.
-¿Mentiras? Su voz se volvió más dura. -Vos te vas un día,
desaparecés durante meses y cuando finalmente te encuentro
me decís que te engañé. ¡Lo único que veo yo es que vos me engañaste a mí! Pria lo miró sin poder creer lo que escuchaba.
-¿Qué? -Sí. ¿Qué querés que piense? Después de tanto
buscarte, cuando finalmente te encuentro... ¡ya estás de novia!
Pria sintió que el corazón le golpeaba con fuerza. -Lucio...
-¿Huiste con él? -preguntó, cada vez más alterado-. ¿Dónde
lo conociste? -No metas a Dante en esto. Lucio soltó una risa
amarga. -¿Dante? Así que hasta nombre tiene. -Basta. -¿Me cambiaste por un ciego? La frase cayó sobre el salón como un golpe. Pria cerró los ojos durante un segundo. Cuando volvió a
abrirlos, ya no había miedo en ellos.
Solo tristeza. -Nunca te engañé. Lucio guardó silencio. -Vos
me habías abandonado hacía mucho tiempo -continuó ella-.
Yo no quise verlo al principio. Me convencí de que estabas
ocupado. De que trabajabas demasiado. De que quizás yo
estaba exagerando. Una lágrima recorrió su mejilla. Pero no la
limpió. -Hasta que una noche entendí que no estaba loca. Lucio
la observó. -Te vi. Silencio. -Y ese día entendí que ya no tenía
nada que esperar de vos. Pria respiró profundamente. -Vos
rompiste nuestra relación mucho antes de que yo me fuera. Lucio
bajó la mirada. -Yo simplemente fui la última en darme cuenta.
Pria dio un paso hacia la puerta. -Y ahora aparecés acá
después de seis meses, como si todo pudiera volver a ser igual.
Lo miró por última vez. -No sé por qué volviste, Lucio. Hizo una
pausa. -Y sinceramente... ya no sé si me interesa saberlo.




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