2. Odio las multitudes.
Odiaba las entregas finales, pero amaba el descanso después de ellas, por lo mismo no sabía cómo había terminado en la Velada Estelar de la universidad, Belce y Rox insistieron tanto en que viniera que terminé aceptando, llevaba 20 minutos entre la multitud y aun no los encontraba.
El evento era organizado por el grupo de astronomía. Había pocas luces, telescopios apuntando al cielo y un pequeño escenario donde una banda tocaba canciones que apenas reconocía, más allá, el lago de la universidad permanecía tranquilo y completamente oscuro.
Mientras tanto, yo fingía prestar atención a unos chicos jugando ping pong en una mesa alejada de la mayoría, esperando que el destino decidiera devolverme a mis amigos.
—Jana.
La voz sonó justo detrás de mí.
Sentí cómo mis hombros se tensaban antes siquiera de girarme.
El destino había jugado en mi contra.
Sophiet estaba ahí, con una sonrisa tranquila, como si encontrármelo en medio de toda esa gente fuera la cosa más normal del mundo.
—Sophiet.
—No sabía que te gustaban estos eventos.
—Ah...
—¡Sophi! —interrumpió uno de sus amigos—. Tienes que venir a los kayak, vamos a ir río abajo.
—Iré más tarde, por supuesto... —respondió antes de señalarme apenas con la cabeza—. Esta es Jana.
Alcé la mano con una sonrisa incómoda y recibí una mirada rápida de arriba abajo.
Su amigo se fue sin más y otros empezaron a acercarse a Sophiet casi inmediatamente.
Aproveché la distracción para alejarme y volver a buscar a Belce y Rox.
No habían pasado ni cinco minutos cuando un torso apareció frente a mi cara.
Parpadeé hacia arriba.
Sophiet.
—Jana... me dejaste solo.
¿Solo?
—¿Lo siento? —respondí dudosa.
Sonrió apenas, como si mi reacción le pareciera divertida.
—¡Jan!
Escuché la voz de Belce a lo lejos y volví a respirar. Finalmente, una cara familiar.
—Nos vemos, Sophiet —respondí apenas antes de prácticamente correr hacia Belce.
—¿Qué te tomó tanto tiempo?
—Esperé hasta que empezaste a mirar el cielo con cara de "sáquenme de aquí"—Dijo lanzando una mirada detrás de mí.
—¿Dónde estabas?
—De hecho... estaba haciendo mis propias movidas.
—¿Qué hiciste?
—Mmm, una chica.
Lo miré horrorizada.
—Pero no creo volver a verla.
—Los kayak van a empezar a salir. Quienes vayan a participar, por favor hagan fila.
La voz del altavoz interrumpió la conversación y varias personas empezaron a acercarse al lago.
—Belce...
—Será mejor que vayamos. Escuché que ella estará allá. Tal vez el destino quiera volver a unirnos. —Me jaló del brazo—. Vamos.
Cuando finalmente llegamos a la fila, Rox nos estaba esperando.
—Jan... —miró a Belce—. Creí que no habías venido.
—He estado esperando como una hora aquí.
Rox miró detrás de mí de repente.
—No te alarmes, pero alguien está mirándote.
Fruncí el ceño.
—¿Quién?
—¿Le gustas?
—¡No!
—Sí —respondió Belce inmediatamente.
Rox nos tomó a ambos de los hombros como si estuviera a punto de revelarnos un secreto de Estado.
—Tengo una idea. Solo queda un kayak para dos. El resto son de tres. Haré que queden juntos y saldremos de la duda.
—Ni se te ocurra, Rox.
—Ahí viene.
—¡Rox!
—Belce —dije girándome hacia él buscando ayuda.
—ROOOX, BELCE.
—Jana... ¿por qué estamos gritando?
La voz de Sophiet sonó peligrosamente cerca de mi oído y no pude evitar saltar del susto.
Él soltó una risa suave inmediatamente.
—Perdón —dijo con una sonrisa inmensa en su rostro.
—¡Sophi, vamos a subirnos ya! —gritó uno de sus amigos desde la orilla.
Antes de que Sophiet pudiera responder, otro de ellos lo tomó del cuello de la camisa y prácticamente lo arrastró de vuelta cerca de mí.
—Él ya tiene pareja —dijo con firmeza señalándome apenas.
Mis ojos se abrieron de inmediato.
Nuestras miradas se cruzaron en completa confusión.
Sophiet alzó los hombros y sonrió de lado, claramente sin entender mucho la situación, pero tampoco demasiado interesado en protestar.
—De nada —me susurró Rox antes de desaparecer hacia otro kayak junto a Belce.
***
No llevábamos ni 5 minutos de empezar remar cuando la corriente empezó a empujarnos lejos del resto de kayak poco a poco.
Al principio ninguno de los dos lo notó, hasta que las voces de la velada comenzaron a escucharse lejanas y las pocas luces desaparecieron detrás de los árboles.
El lago era mucho más oscuro ahí.
Demasiado oscuro.
Miré alrededor intentando distinguir algo entre las sombras, pero solo veía ramas moviéndose lentamente sobre nosotros y el reflejo negro del agua.
Sophiet dejó de remar.
—Creo que nos secuestró el río.
No respondí.
Él me miró apenas.
—Jana.
—¿Mmm?
—Estás apretando el remo como si fueras a asesinar a alguien con él.
Bajé la mirada inmediatamente.
Mis nudillos estaban blancos.
—No me gusta mucho la oscuridad —admití en voz baja.
Sophiet se quedó callado un segundo, como pensando.
Y entonces sonrió.
Se puso de pie sobre el kayak.
—OH POR DIOS.
El kayak se tambaleó violentamente, me agarré del borde lo más fuerte que pude.
Sophiet abrió los brazos intentando mantener el equilibrio mientras soltaba una risa escandalosa.
—Mira, Jana, soy un hombre de—
El golpe contra el agua resonó fuerte.
Me quedé congelada un segundo antes de verlo asomarse empapado junto al borde del kayak, apartándose el cabello mojado de la cara.
Y entonces me reí.
No una sonrisa pequeña.
No una risa contenida.
Una carcajada real.
Sophiet me miró sorprendido unos segundos antes de empezar a reír también.
Se sostuvo del borde del kayak todavía dentro del agua.