Demasiado Bueno

3. Eres inesperado

3. Eres inesperado.

Permítanme comentar que la palabra "Sophiet" había salido más veces de mi boca que la palabra "Universidad" desde el lunes hasta el viernes.

De repente había empezado a verlo en todos lados.

Supongo que es inevitable. Cuando conoces una cara nueva, esa persona comienza a aparecer por todas partes. Como si el universo decidiera convertirla en protagonista de un libro de romance.

O quizá solo era mi imaginación.

Yo, Jana, lo veía de lejos y hacía todo lo posible por ignorarlo.

Él, Sophiet, siempre encontraba la manera de saludarme.

Lunes

Lo vi desde el otro extremo del pasillo.

Estaba cerca de las escaleras que debía subir para llegar a mi salón.

Respiré hondo.

Pasaría por su lado sin mirarlo y seguiría mi camino.

Eso hice.

Caminé con la vista al frente, pasé a su lado y, para mi alivio, ni siquiera pareció notarme.

Entré al salón.

Los chicos seguían conversando y el profesor aún no llegaba.

Apoyé la cabeza sobre la mesa para descansar unos minutos.

Uno... Dos... Tres...

Tac. Tac. Tac.

Tres golpecitos suaves sobre la mesa.

Levanté la cabeza.

—¿Alguien no durmió? —preguntó levantando una ceja.

—Sophiet.

Él sonrió.

—Veo que aún no olvidaste mi nombre.

—¿Estás en esta clase?

—Hola. ¿Cómo estás? ¿Qué haces? —respondió con ironía.

Hola, interrumpiste mi siesta, no me importa cómo estás, claramente no respondí eso.

—Hola... ¿Qué haces en esta clase?

—Estoy aquí. ¿Puedo sentarme? No quiero seguir escuchando a mis amigos discutir.

Sin esperar realmente una respuesta, acomodó la silla junto a la mía y, antes de sentarse se pasó una mano por el pelo quitándose algún insecto al parecer.

Nunca lo había visto en esa clase.

¿De verdad compartíamos horario?

¿O simplemente yo prestaba tan poca atención?

Probablemente la segunda.

Disimuladamente alejé mi silla unos centímetros para mantener cierta distancia.

Cuando terminó la clase, recogí mis cosas.

—Adiós.

—Vas a...

Y salí antes de que pudiera seguir la conversación.

Martes

Estábamos cerca de la salida de la universidad.

Belce y Rox insistieron en comprar algo de comer antes de irnos.

Yo apenas iba por el segundo mordisco de una empanada de pollo cuando escuché una voz.

—Hola, chicos.

Sophiet.

Seguro iba a saludar a Belce y luego seguiría su camino.

Eso pensé.

Hasta que lo vi arrastrar una silla desde la otra mesa y colocarla justo a mi lado.

No sabía quién estaba más sorprendido.

Si Rox...

O yo.

Y a Belce, a él todo le daba igual.

—Hola, Jana.

—Sophiet...

—No te vi en todo el día.

¿Para qué? No. No. No.

—Mjm... —respondí con la boca llena, tratando de masticar lo más rápido que podía.

Él me miró y frunció el ceño en aparente confusión.

—¿Estás bien? No te vayas a atragantar.

Tomé mi jugo para pasar la comida.

—Estoy bien, Sophiet. Gracias.

Miró mi vaso. Era hora de desaparecer.

—¿Quieres otro jugo?

¡No!

Lo único que quería era irme.

—¿Tú vas a comprar algo? —pregunté esperando algún milagro del cielo que me ayudara a pasar la vergüenza e incomodidad que tenía.

—Sí. No quería hacer la fila de la cafetería. —se quitó bruscamente unos mechones de pelo que caían sobre su frente y miro hacia un kiosco.

¡Bingoooooo!

Apenas Sophiet se levantó, terminé mi empanada en tres mordiscos, nunca había comido tan rápido.

Me puse de pie apresuradamente sin aun terminar de tragar.

Mmme mmmoy —les dije a los chicos con la boca llena.

—Jana, traga.

Rox giró los ojos, pero sabía que me entendía.

Mmaaay —quise decir bye.

Belce me miró divertido.

—Sabes que se sentó por ti, ¿verdad?

Negué con la cabeza.

No.

No quería saberlo.

Simplemente me fui antes de que Sophiet regresara.

Miércoles

Biblioteca.

Por tercera vez en la semana logré pasar junto a él fingiendo que no existía.

Funcionó.

Durante unos cinco minutos.

Después se separó de su grupo de amigos y caminó en dirección a mi mesa, ¿Por qué caminaba hacia mi mesa?

¿Qué mal había hecho yo? ¿Socializar por un día era mi condena para siempre?

—Hola, Jana —Sacudió su cabeza y miró mi libro.

Suspiré. Debe ser porque no di las propinas en el cajero para los niños huérfanos, no tenía ni para el bus ese día señor Dios.

—Hola, Sophiet —respondí, derrotada en mi interior, tratando de no sudar en mi exterior.

—¿Qué estudias hoy?

—Hoy solo estoy leyendo.

Le mostré la portada del libro.

—¿Y tú qué haces aquí?

Él miró alrededor de la biblioteca.

—No quería seguir escribiendo canciones.

Lo miré.

—¿Escribes canciones?

—O fingiendo que las escribo.

No pude evitar sonreír un poco.

—Bueno, verte... estuvo, bien, pero tengo clase y si... adiós— y con esa excusa me fui.

Sophiet me miro confundido y con una pequeña sonrisa de lado me dijo:

—Adios Jana.

Jueves

Finalmente terminaron las clases del día, hacía un calor horrible en el salón, estar afuera con la brisa era una bendición.

—Jana.

Era una bendición, en pasado al parecer.

Giré.

Sophiet.

Otra vez.

—¿Quieres ir a comer algo? —Se acomodó el cabello mientras esperaba mi respuesta.

¿Lo miré confundida, a comer con él? apenas lo conozco y muy vagamente le he hablado. Además, que estaba segura por lo que había visto de sus amigos que tenía una clase justo ahora.

—¿No tienes clase ahora? —pregunté buscando una excusa.

—Sí.

Esperé a que dijera algo más.




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