Demasiado Bueno

7. Me confundes.

Salí corriendo del salón apenas acabó la clase. Trataba de regular mi respiración mientras corría, pero se me estaba haciendo difícil. Opté por sentarme en una de las bancas que estaban bajando por los bloques.

Inhala, exhala.

Que día de porquería. Me ardían los ojos, tenía la garganta atascada y sentía que no entraba suficiente aire ni por mi nariz ni por mi boca.

Era otro de esos mini ataques a los que ya estaba acostumbrada.

Y los odiaba.

Odiaba no poder controlarme.

Golpeé el suelo lo más fuerte que pude con mis zapatos.

Rato después, sentí la banca de madera reclinarse hacia el otro lado. Alguien se había sentado.

No hacía falta mirarlo, reconocía el olor de su colonia. Sophiet no podía haber aparecido en peor momento.

Lo odiaba.

Odiaba a todos y todo en este momento.

—No fuiste a la velada de anoche. Déjame contarte lo que te perdiste.

Realmente no me interesaba, seguía tratando de regular mi respiración y había apoyado una mano sobre mi pecho para tratar de ayudarme.

Odiaba los exámenes orales, y más cuando eran frente a tanta multitud. Por culpa de eso había terminado aquí, con un examen a medio hacer porque mi mente se había quedado en blanco cuando empecé a responder las preguntas del profesor.

Lo terminé, pero respondía a medias, tartamudeaba y, a veces, decía incoherencias.

No pude haber sentido más vergüenza.

Y ahora también tenía que soportar a Sophiet.

—Janaa...

Sophiet inclinó la cabeza, tratando de buscar mi mirada.

Lo miré solo por un instante, sabía que el enojo se notaba en mi rostro.

—Ayer canté la canción que escuchamos el día de los kayaks. ¿Recuerdas cuál era?

Empezó a tararear la canción.

—Mmm, mmm, mmm...

Y a golpear la banca al ritmo de Yellow.

—Ya que no estuviste, te dejaré ver un poco de mi presentación.

—Look at the stars, look how they shine for you, and everything you do...

Sentí su hombro golpear el mío. No sabía cuándo se había acercado tanto.

—Yeah, they were all yellow, I came along, I wrote a song for you...

Otro golpe.

—And all the things you do, and it was called, "Yellow", y ¡BAM!

Salté en mi asiento por su grito.

—Cortaron la luz. Era la segunda vez que la cantaba, pero el público la había pedido.

Seguía procesando qué acababa de pasar. Sophiet me miraba sonriente. Yo, por otro lado, tenía el corazón acelerado después de su grito.

—¿Estás mejor? —preguntó.

¿Mejor?

Estaba que me estallaba el corazón, fruncí el ceño, ya no estaba hiperventilando y no sentía la presión en el pecho. Se podría decir que algo había mejorado, pero mi cabeza todavía estaba atascada en el recuerdo del salón.

Suspiré.

—No me gusta cuando hay demasiada gente.

—¿Por?

Miré a Sophiet desconcertada.

¿Había pensado en voz alta?

Esperó mi respuesta.

Sí, había pensado en voz alta.

Me resigné. Siempre me pasaba algo peor que lo anterior.

—No sé.

Y de verdad no sabía.

—Está bien.

—Siento que todos están mirando —solté.

—Nadie está mirando. No ahora, Jana.

—Ya sé. Pero se siente así.

Sophiet estuvo callado unos dos minutos hasta que preguntó:

—¿Soy demasiada gente?

Dudé.

—No, la verdad no.

—Entonces podemos quedarnos aquí. Estarás alejada de todas esas molestias.

Algo de razón tenía.

Estuvimos en silencio un rato, hasta que empecé a incomodarme.

—¿Y tú? —pregunté.

—¿Yo qué?

—Cuéntame algo de ti.

Sophiet sonrió.

—Cuando eres perfecto, eres muy aburrido.

—No eres perfecto y no te creo.

—Haces bien.

—¿No vas a contar nada sobre ti?

Pensó un momento.

—Hoy no quiero perturbar tu silencio, Jana.

Me sorprendí.

Sophiet siempre estaba hablando.

Ser silencioso no era muy Sophiet de su parte.

Duramos mucho tiempo sentados en la banca. Vimos el atardecer ocultarse suavemente y, mientras tanto, Sophiet tarareó una que otra melodía.

Tenía una voz muy linda.

Realmente tenía talento para ser cantante.

No mucho tiempo después del atardecer decidí pararme y Sophiet me siguió, salimos de la universidad y cada uno fue por su lado.

Él a su parada y yo a la mía.

Él rodeado de más de diez amigos y yo con Rox preguntándome a dónde había desaparecido y por qué no contestaba.

Lo vi subirse a su bus y yo me subí al mio, finalmente llegué a mi casa completamente tranquila.

Supongo que la compañía de Sophiet había servido para algo esta vez.

Me había ayudado y no lo había notado.

Ni siquiera le agradecí.

¿Habría faltado a sus clases hoy?

¿Por mí?

***

Había pasado una semana desde la última vez que vi a Sophiet.

Si bien siempre me saludaba cuando nos cruzábamos, no se había acercado como usualmente lo hacía. Estábamos en semana de exámenes, se podría decir que entendía que no tuviera distracciones, pero después de haber tenido una semana de un torbellino de Sophiet, empezaba a sentir una sensación extraña.

Tal vez soy masoquista.

Apreté mis manos con fuerza.

Tal vez por eso era que lo estaba abrazando con tanta fuerza justo ahora.

Extrañaba el fastidio.

Sí, seguro era eso.

Sophiet, por su parte, estaba inmóvil.

Yo había salido corriendo apenas terminó la última exposición, en la que el profesor me habló tajantemente y de la manera más grosera posible, y no pude evitar caer en un ataque de nervios.

Cuando salí y había corrido unos bloques, Sophiet estaba justo enfrente de mí.

Todavía no sé por qué lo hice, pero corrí y lo abracé fuertemente.

Aún no podía respirar bien, estaba sudando a cántaros, mi pecho estaba por explotar y sentía que todo mi rostro vibraba.

Sophiet, por su parte, estaba inmóvil. Sus manos estaban alzadas a los lados.




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