Los tres días en la isla pasaron volando. Zarek estaba en la terraza de la pequeña casa, disfrutando de su último café frente al mar, cuando el sonido de su teléfono rompió la tranquilidad de la mañana. Miró la pantalla; era su mano derecha desde Atenas.
—Habla —ordenó Zarek con voz gruesa.
—Señor, los preparativos para la reunión de esta noche están listos —informó la voz al otro lado—. Los empresarios y los jefes de las otras familias ya están confirmando su asistencia. Todo el mundo está esperando su llegada.
Zarek colgó sin despedirse. Una sonrisa fría apareció en su rostro. Era hora de volver al mundo real y arreglar el desastre que su abuelo había dejado con el compromiso de esa tal Valentina. Mandó a preparar su helicóptero privado. Mientras subía a bordo y dejaba atrás la hermosa isla de Grecia, el rostro de la mujer de su sueño volvió a cruzar por su mente. Sacudió la cabeza con fastidio; él no se dejaba distraer por nadie. Tenía un imperio que manejar.
Mientras tanto, en un lujoso hotel de Atenas, Lily terminaba de planear su estrategia. Víktor, su investigador, le había enviado los últimos detalles del evento. Todo estaba saliendo a la perfección.
—Esta noche me vas a conocer de verdad, Zarek —susurró ella con una sonrisa maliciosa.
Lily no quería simplemente asistir al evento; ella quería ser el centro de atención, la mujer que borrara a cualquier otra de la mente de Zarek. Abrío el armario donde colgaba el vestuario que había seleccionado minuciosamente. Era un vestido negro de seda, con un escote profundo en la espalda y una abertura larga en la pierna que dejaba ver la cantidad justa de piel. Era elegante, peligrosa y sumamente sexy. Estaba planeando verse más hermosa de lo que ya era, una verdadera tentación andante.
Se tomó su tiempo con el maquillaje, resaltando sus grandes ojos oscuros, y dejó su cabello negro suelto, cayendo en ondas perfectas sobre sus hombros. Al mirarse al espejo, Lily supo que la presa no tendría ninguna oportunidad de escapar.
La noche cayó en Atenas. El salón del evento estaba blindado por hombres armados, lleno de música suave, joyas costosas y conversaciones sobre negocios sucios. Zarek llegó impecable, vistiendo un traje hecho a la medida que resaltaba su imponente puerta de mafioso. Caminaba con la seguridad de quien se sabe dueño del lugar, saludando a los socios con frialdad.
De repente, un murmullo recorrió la entrada del salón. Zarek, aburrido de la situación, giró levemente el rostro con un vaso de whisky en la mano.
Las puertas dobles se abrieron y el aire pareció congelarse en sus pulmones. Una mujer de negro entró al lugar, caminando con una elegancia felina. Zarek abrió los ojos de golpe, y por poco se le cae el vaso de la mano. El corazón le dio un vuelo salvaje.
No era un sueño. No era su imaginación en la playa. Era ella. La mujer del cabello negro y ojos profundos que lo había besado en el agua estaba a solo unos metros de él, mirándolo con una sonrisa de victoria.