Demasiado cerca para odiarte

Capítulo 2: Suerte

Hope

Nada tiene sentido, es lo que repito en mi cabeza una y otra vez mientras obligo a mis piernas a ir hacia él, solo que no quiero llegar, jamás pensé volverlo a ver, hay millones de personas en esta ciudad y justo me encuentro con él aquí, pero nada tiene sentido, se supone que él perdió su trabajo, ¿cómo es que ahora es socio de un hospital como ese? Cuando me detengo justo frente a ellos mi mente se queda en blanco y soy incapaz de decir cualquier palabra.

—Hope —Alejandro coloca una mano en mi cintura —él es mi padre, Arnol Cross —su padre me sonríe y extiende una mano hacia mí.

—Es un placer Hope —dice, pero no logro decir nada —mi hijo me ha hablado maravillas de ti —su sonrisa sigue así como su mano extendida —¿te sientes bien? —el hombre da un paso hacia mí.

—¿Hope qué sucede? Te has puesto pálida —dice Alejandro e intento respirar, pero apenas puedo y niego.

—Es…es el viaje —expreso retrocediendo par de pasos sintiendo que voy a desmayarme en cualquier instante —lo siento yo

—Esta casa está llena de médicos, solo entra —el padre de Alejandro toma mis manos pero niego.

—Yo solo necesito descansar —mi mirada se cruza con la de Alan que no ha dicho tampoco nada.

—Hope —Alejandro me llama, pero solo echo a andar hacia su auto —Hope.

—Hope Cameron —esa voz sí que logra detenerme por completo, cierro los ojos un segundo, no, no seré débil ahora por algo que ocurrió hace años, me giro para dar la cara y ver su mirada fría y su mandíbula tensa es como una bofetada. ¿Qué demonios? Se supone que soy yo quien odia verlo. —Somos médicos —él sonríe —entra, no pareces estar bien —y ahora parece divertido con la situación mientras finge no conocerme.

—Hazle caso a mi cuñado Hope —la palabra cuñado da vueltas en mi cabeza —por cierto, él es

—Alan Parker —murmuro y Alan alza una ceja.

—Entonces se conocen —dice Alejandro sonriendo pero niego.

—Saber el nombre de alguien no implica conocerlo —suelto sin dejar de mirar sus ojos grises —Trabajamos juntos, ¿lo olvidas Alejandro? —miro a este que ahora también está tenso. —hace años.

—Lo sé, pero no trabajaban juntos, en el mismo hospital, pero yo prácticamente ni le conocía.

—Pero yo sí que conocía bien a Hope —dice Alan y me tenso, sus palabras han logrado que recuerdos que había enterrado regresen, él y yo en una habitación, él y yo en mi apartamento, ambos compartiendo risas, comiendo juntos y —Quien no iba a conocerla —sigue —su padre se hizo famoso —sonríe ahora —la pregunta es Alejandro —mira a este —¿debemos contratarla cuando su padre era un delincuente? ¿Quién asegura que ella no tomará el mismo camino? —abro la boca, pero Alan simplemente se aleja y va hacia la casa, bufo sintiendo tanto odio que no sé cómo no he explotado aún.

—Hope

—Llévame a mi apartamento Alejandro —mascullo con rabia y subo al auto dando un portazo, al hacerlo la realidad me golpea cuando mis gemelas me miran alzando una ceja, maldición, el padre de ellas estaba a unos metros, Alan será uno de mis jefes, tendremos que trabajar juntos en un mismo hospital y me acabo de dar cuenta de que el odio es mutuo.

Entramos al apartamento y mis pequeñas corren en busca de su habitación, yo solo suspiro dejando mis cosas en la pequeña sala y luego me dejo caer en el sofá, todo mi cuerpo duele por el viaje, pero la verdadera tormenta la llevo dentro.

—¿Te sientes mejor? —Alejandro toma una de mis manos —¿Necesitas que haga algo? Me tomé la libertad de hacer compras y en la cocina puedes encontrar lo que quieras —él sonríe cuando le miro —incluso les dejé a las gemelas algunos juguetes en su habitación —me pierdo en sus ojos sin saber por qué no puedo amarle, luego de lo de Alan es como si un interruptor se hubiera apagado dentro de mí, como si mi corazón ya no latiera de la misma forma, he conocido a algunos hombres, pero nunca he llegado a sentir eso tan intenso que sentí en el pasado y ahora mirando a Alejandro me pregunto por qué no con él, es guapo, tiene unos ojos azules hermosos y una sonrisa encantadora, por no hablar de su cabello rubio que te anima a enredar tus dedos en este y su cuerpo, bueno, digamos que está muy bien ejercitado, aun así, cuando está cerca, mi corazón no se descontrola, mi respiración no se vuelve un desastre y no pierdo la cordura cuando en algunas ocasiones me ha besado.

—¿Hope me estás escuchando? —la pregunta llega con una enorme sonrisa llena de desconcierto y suspiro.

—Lo siento —él asiente.

—Te decía que le conté a Cristina de tu regreso y está loca por verte —sonrío, ella es una de las tantas amigas que tenía en esta ciudad.

—Pensé que Alan había perdido su trabajo cuando trabajaba en el hospital del cual mi padre era socio —suelto las palabras sin pensar y Ale suspira dejando de mirarme y se acomoda en el asiento.

—Y lo hizo, fue acusado injustamente, perdió su reputación, su trabajo y estuvo un año en la cárcel —me tenso por completo cuando escucho eso y mi pulso se comienza a disparar.

—¿Cár-cárcel? —tartamudeo y él me mira, solo quería que perdiera su trabajo.

—La pasó muy mal Hope —dice con tristeza —pasó por cosas difíciles y nadie le creyó, cuando fue a la cárcel su padre sufrió un infarto porque le daba rabia ver a su hijo injustamente siendo culpado por algo y —bufa —el hombre falleció —trago en seco y me pongo de pie sintiendo como mis manos han comenzado a temblar y sabiendo perfectamente que eso fue culpa mía.

—¿Y —mi voz apenas sale —y cómo es que ahora es socio de ese importante hospital? —Ale ríe

—La vida no siempre es injusta —cuenta sonriendo —cuando salió de la cárcel se fue del país y tuvo mucha suerte, conoció a mi padre en un accidente y salvó la vida de este y la de mi hermana —Alejandro se pone de pie —desde ese instante mi padre lo acogió como un hijo más, mi hermana se enamoró profundamente y cuando mi padre vio el gran potencial que tenía, le ofreció ser parte del hospital, solo imagina como Alan se sintió, luego de tanto tiempo siendo castigado por una injusticia, ahora tenía suerte.




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