Hope
Él lo sabe, Alan lo sabe y me odia y sí, su odio esta más que justificado, él jugó con mis sentimientos y yo lo hice con su vida, arruiné esta, pero solo quería que fuera despedido, no que fuera a la cárcel, menos que su padre infartara. Respiro hondo aún sentada en mi auto sin saber qué hacer ni a donde ir, mi mente simplemente se ha quedado en blanco y mis ojos se llenan de lágrimas pensando en sus palabras. Tardo unos pocos minutos en mirar mi teléfono luego de haberlo escuchado sonar y observo el mensaje más de lo necesario hasta que logro que mi mente lo acepte y entonces arranco el auto.
Siento los pasos detrás de mí, pero no me giro, continuo en lo mío y sí, a veces me arrepiento de la decisión que tomé, debí ser chef y no médico, cuando cocino simplemente me relajo por completo y olvido todos mis problemas, justo como lo que me está sucediendo ahora.
—¿Vendrá en serio tu novio a comer? —es la pregunta de Hana y suspiro para luego voltear a verlas, ambas están sentados y me miran interesadas.
—Aún no entiendo que ven de malo en Alejandro —se miran rodando los ojos —y no es mi novio —bufan si creerme.
—No nos gusta —dice simple Hailey y me acerco a ambas sentándome frente a ellas.
—Pequeñas
—¿Por qué mejor no buscas a papá? —miro a Hana al escuchar esas palabras —si quieres un novio, ¿por qué no él? —bufo
—No quiero un novio —digo poniéndome de pie.
—Pero podrías buscar a papá y le conoceríamos —insiste Hailey y dejo de mirar a ambas, ellas siempre han preguntado por su padre, pero nunca tuve el valor de hablar con ellas, solo que ahora están en la misma ciudad que este y estará cerca, cuando vuelvo la mirada a ellas esperan tranquilas sin dejar de mirarme.
—Mañana tienen escuela, será el primer día, ¿ya están listas? —al ver mi cambio de tema ambas bufan —niñas
—Mañana empiezas en el hospital —expresa Hana recordándome algo que me tensa —¿estás lista ya? —me mira y me pierdo en sus bonitos ojos verdes sin saber como reaccionar.
—Alejandro vendrá a cenar —digo antes de que salgan de la cocina y ambas me miran —y quiero que se comporten, que lo traten bien, él nunca ha sido malo con ustedes.
—Se nos quitó el hambre —dicen al mismo tiempo, abro la boca para reclamar, pero solo salen rápido dejándome sola y bajo mis hombros agotada, no las entiendo, Alejandro es bueno, es cariñoso y nos trata a las tres bien, hace de todo para ganarse el cariño de ellas, solo que todo es en vano y nunca las entenderé.
Salgo de la casa y tomo asiento en los escalones junto a Alejandro, él agarra sonriendo la copa con vino que le traje y doy un sorbo a la mía observando las estrellas y estar aquí, mirando hacia el cielo me hace recordar las muchas noches que pasé junto a Alan en donde solo salíamos de mi apartamento, subíamos a la azotea del edificio y nos acostábamos ahí sin hablar, solo mirando la estrellas porque entre nosotros no existían silencios incómodos, solo momentos mágicos.
—Pareces triste —miro a Alejandro cuando habla dándome cuenta de que no me ha dejado de mirar. —Por cierto, mañana temprano vendrá la niñera que contraté, así podrás trabajar, es alguien de total confianza —sus palabras me hacen sentir mal, él se preocupa tanto.
—Lamento que las gemelas no hayan querido salir de la habitación para cenar contigo —Ale sonríe —quizás debí obligarlas a hacerlo pero
—No, para —me detiene rápido —se acaban de mudar Hope, se sienten extrañas y viven en un lugar nuevo y mañana irán a una nueva escuela, no te pido que las malcríes, pero necesitan tiempo —me pierdo en su mirada, es imposible no quererlo, no las entiendo.
—Me hubiera gustado conocerte antes —él ríe
—Nos conocemos hace años Hope, trabajábamos en el mismo hospital, que no me recordaras es otra cosa —sonrío.
—Estábamos en áreas muy diferentes, Ale —dejo de mirarlo avergonzada —imposible conocer a todos en el hospital, lo lamento.
—Quizás yo era invisible para ti, pero tú —lo miro y está sonriendo —tú me dejabas sin aire cuando pasabas por mi lado Hope, cuando te veía de lejos —sus ojos brillan —me gustabas mucho —confiesa con una breve sonrisa —y me sigues gustando ahora y no sé si crees en el destino, pero habernos encontrado luego de tantos años mientras vivías en otra ciudad —su sonrisa aumenta —yo no le llamaría casualidad —mi corazón comienza a aumentar su ritmo y él baja la mirada hasta mis labios, tarda segundos en acercarse y entonces soy yo quien acaba de acortar la distancia entre ambos.
Salgo de la cama de forma rápida y comienzo a vestirme observando que ya es medianoche y sintiendo un horrible dolor de cabeza por el vino que tomé, el cual siempre me sienta bastante mal.
—Vuelve a la cama —dice Alejandro, pero bufo y le miro.
—Debes irte —me mira alzando una ceja cuando digo las palabras mágicas y sigue confundido.
—Hope —se sienta en la cama —es tarde —sonríe —¿no vas a dejarme dormir aquí? —recojo su ropa del suelo.
—No quiero que mis hijas te vean en la mañana Alejandro —le lanzo la ropa mientras me mira perplejo —me pediste que les diera tiempo para adaptarse y si mañana te ven salir de mi habitación entonces será peor —bufa, pero sale de la cama y comienza a vestirse —solo entiéndeme —pido y suspira cuando ya se abotona su camisa.
—Hope te dije que me gustabas mucho —sonríe y se acerca a mí —y luego de lo que pasó, de lo que acaba de pasar —él señala la cama —fue algo especial.
—Alejandro
—Pero no solo quiero eso contigo —no me deja hablar —no quiero que estemos juntos y luego tener que irme a escondidas, yo quiero algo formal, quiero presentarte a mi familia y no como una amiga —ladeo el rostro confundida.
—Me estás pidiendo que
—Quiero que seas mi novia —dice tomando mis manos y me pierdo en sus ojos —y descuida —ríe —no tienes que responderme ahora —suelta mis manos —te daré tu tiempo —Alejandro va hacia la puerta y sigo de pie donde mismo dándole vueltas a la situación.