Demasiado cerca para odiarte

Capítulo 7: Culpa

Alan

Minutos, eso es lo que ha pasado desde que eché a Hope del quirófano y no he podido concentrarme ni un segundo, sé lo que hice, sé lo que le pasaba y la angustia en mi pecho crece con cada segundo que el reloj marca, crucé una línea que pensé que jamás cruzaría y sé que lo que hice ha sido un grave error, quiero vengarme y hacerla sufrir pero…

—Suturas —ordeno sin apartar la vista del campo quirúrgico y la enfermera instrumentista me pasa el material de inmediato. Mis movimientos son precisos, firmes… automáticos, pero mi mente no está del todo aquí y no puedo seguir así por lo que me alejo un paso y todos me miran.

—Encárgate de cerrar —digo de pronto al residente que me acompaña, este levanta la mirada, sorprendido.

—¿Doctor?

—Termina la cirugía —repito con frialdad—. Es sencilla. No la arruines —me quito los guantes con un movimiento brusco y los deja caer yendo hacia la puerta como un desquiciado. Salgo del quirófano sin mirar atrás y camino rápido, demasiado, sé por qué ella estaba así, Hope, ese nombre se repite en mi cabeza y aprieto la mandíbula. La imagen de sus manos temblando vuelve a mi cabeza y exhalo fuertemente pasando una mano por mi rostro, no debí hacerlo, ella me hizo perder mucho en el pasado, pero lo que acabo de hacer es algo que me tiene respirando con dificultad. Al llegar al consultorio donde debería estar no la encuentro y siento más miedo, el café que le di con lo que le eché ella lo bebió por completo y mi mirada se queda fija ahí en este mientras los segundos pasan y maldigo por lo bajo.

—Maldita sea —salgo de ahí rápido queriendo verla.

—¿La doctora Cameron? —le pregunto a una enfermera al pasar que se detiene con calma como si el tiempo sobrara.

—Salió hace unos minutos… parecía —No la dejo acabar la frase, no hace falta, sé cómo estaba y es mi culpa así que continúo caminando buscándola hasta que mis pasos se vuelven más largos y rápidos y ahora me encuentro corriendo por los pasillos, algo presiona en mi pecho, algo incómodo, molesto, ¿culpa? ¿Por qué? No debería, ella arruinó mi vida.

Mis pasos se detienen cuando escucho el ruido, las voces y veo a algunos corriendo, mis movimientos se vuelven pesados y entonces lo escucho.

—Accidente en el estacionamiento —dice alguien—. Una doctora... —mi mundo se detiene por completo cuando lo escucho, pero no, no puede ser ella, sería demasiado tonta si sintiéndose mal ha salido de aquí, no pregunto, mi corazón sabe la respuesta y solo salgo fuera en donde el ruido me atropella, hay humo, personas y el aire golpea mi rostro mirando la escena, su auto, mi pulso se descontrola por completo y soy incapaz de hacer algo cuando la veo y escucho a los médicos hablar mientras la atienden.

Inconsciente, la palabra me perfora el pecho y todo se desordena, mi respiración, mis pensamientos y sin pensarlo vuelvo dentro luego de no tener idea de cuanto tiempo pasé fuera sin moverme, no escucho nada, no hago preguntas, solo la busco mirando las camillas de la sala de urgencias y entonces la veo y me detengo por completo, ahí está ella, inmóvil, pálida mientras un médico revisa sus signos y una enfermera ajusta el suero, miro hacia el monitor que marca un ritmo acelerado y aunque sé que estará bien algo dentro de mí se rompe y entonces me acerco con lentitud.

—Infórmame —el doctor que la atiende me mira sorprendido y claro, no debería estar aquí.

—No parece haber sufrido daños graves, pero sí sufrió algunas contusiones y aún debemos hacerle varios exámenes, lo que más me preocupa es el golpe en su cabeza —él sigue hablando, pero solo la observo sin poder concentrarme en nada más —y presenta síntomas extraños —le miro rápido —sus pupilas están dilatadas y tiene temblores, además, su ritmo cardíaco no quiere controlarse con nada, debemos hacer análisis —agrega anotando cosas y cada palabra ha sido un golpe, un nudo se forma en mi estómago y simplemente no hago nada, conozco la razón de todos esos síntomas y es mi culpa y por primera vez desde que ella volvió el odio no es el único sentimiento que me hace sentir, pensar en eso me hace apretar los dientes fuerte sintiendo rabia sabiendo que dentro de mí hay algo hacia ella que nunca desapareció, algo fuerte que sigue ahí.

—Hope… —murmuro apenas, tan bajo que nadie más me escucha y me tenso a su lado queriendo tocarla, solo que no hago nada porque sé que todo lo que he construido para odiarla si tan solo la toco, todo se rompe.

—¡Hope! —me hago a un lado cuando Alejandro llega corriendo y comienza a gritar órdenes mientras la mira preocupado y yo solo puedo alejarme, sé que ella recibirá la mejor atención de este hospital.

El tiempo pasa y cuando Alejandro por fin la ha dejado sola entro a la habitación en donde ella está. El monitor marca un ritmo constante, estable y no aparto mi mirada de ella manteniendo la distancia, está ahora con los ojos cerrados y demasiado quieta para mi gusto aunque sé que ya despertó y solo no entiendo como es que Alejandro se fue cuando parecía que iba a quedarse a su lado siempre, mi mirada va al suero conectado a su brazo y respiro hondo, ella sigue pálida y frágil y sé que todo se me ha salido de control, no quería esto y me doy la vuelta para salir de aquí, ella está bien y eso es todo lo que necesitaba saber.

—¿Alan? —me paralizo cuando escucho su voz, pero no la miro —Si querías verme morir tenías mejores formas de hacerlo —y claro que ella se daría cuenta de lo que hice —más eficientes —me giro y miro sus ojos algo adormecidos aún y sé que el efecto de las pastillas que eché a su café aún no han pasado del todo.

—Obviamente, no es lo que quería, pero ya pronto sabrás por qué lo he hecho —intento mantenerme firme mirando sus ojos, debo odiarla.

—No quería que fueras a la cárcel y mucho menos que tu padre muriera —aprieto mis dientes —no pedí eso Alan y ya te pedí disculpas.

—Pero ocurrió —mascullo con rabia.

—¿Quién te dijo? —mira mis ojos —¿Quien te dijo que había sido yo quien…?




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