Hope
Ambos nos desafiamos con la mirada y odio la idea de que esté aquí, y diga lo que diga, no lo dejaré entrar a mi casa en donde están mis hijas, por esa razón doy un paso hacia él haciendo que se aleje un poco y al salir cierro la puerta sin dejar de mirar sus ojos grises y sin tener idea de cómo ahora hacer que mi corazón vuelva a latir a un ritmo normal y eso es lo que más odio, odio que después de tanto tiempo, después de todo lo que escuché de su boca y de todo lo que ahora ha hecho, después de todo eso aún mi corazón se descontrola y mi cuerpo se revoluciona al verlo, cosas que aunque he querido nadie más me ha hecho sentir.
—¿Qué haces aquí? —me animo a hablar sin dejar de mirar sus ojos.
—¿No vas a invitarme a entrar? —sonríe, el infeliz sonríe después de todo.
—Pude haber muerto gracias a ti —lo señalo y alza una ceja —sé que pusiste algo en mi café y
—Y aquí están las pruebas —saca unos documentos de su carpeta y mueve las hojas frente a mí —pruebas que indican que consumiste algo antes de entrar a una cirugía —habla sonriendo —tus análisis claramente dieron alterados.
—Tuve un accidente por tu culpa Alan —mascullo con rabia —puede haber muerto y tú
—Yo también pude perder la vida en la cárcel y mírame aquí —expresa ahora sin sonreír dando un paso hacia mí —ambos teniendo suerte
—Eres patético, tu rencor ya me tiene harta, ya te pedí disculpas —me señalo —yo
—¿Crees que quiero tus disculpas Hope? —niega con lentitud —nunca he pedido eso —sus palabras destilan odio —me importa un bledo, vas a pagar todo lo que yo sufrí en el pasado —asegura —prometí que ibas a odiarme con la misma intensidad con la que te odio.
—Entonces hazlo —espeto queriendo dejar de mirar sus ojos, pero no puedo —véngate, tiene las pruebas —señalo estas —enséñalas a todos, haz que pierda mi reputación, mi trabajo y bueno, estaremos a mano ¿no? —lo miro sintiendo mi pulso dispararse porque claramente no quiero eso, mi vida quedaría arruinada y mis hijas, mis hijas también se verían mal.
—¿A mano? —Alan ríe —No todo es tan simple Hope
—No es mi culpa que fueras a la cárcel ni que tu padre falleciera Alan —él deja de mirarme dando un bufido —Arthur solo contó lo que quiso, y si somos sinceros —respiro hondo —No entiendo aún todo ese odio y ese rencor, a fin de cuentas, yo no era importante para ti
—Solo dices tonterías —masculla enojado.
—Digo la verdad, te escuché ese día en el hospital, lo escuché Alan —sus ojos se muestran confundidos y mi corazón se acelera aún más —Escuché cuando dijiste que era una cualquiera, que jamás me tomarías en serio —mi voz se quiebra —que no te casarías conmigo porque —un nudo se forma en mi garganta y Alan me mira incrédulo.
—¿Tuviste una maldita pesadilla Hope o golpeaste tu cabeza? —abro la boca, pero no me deja hablar —Yo nunca hablé así de ti
—El que parece que sufrió un accidente y tuvo amnesia fuiste tú —lo señalo con odio tocando su pecho, ¿se puede ser tan cínico?
—Estás loca y nadie va a creer esas tonterías que dices, yo si te amaba y
—Vete de mi casa Alan —alzo la voz sin querer seguir escuchando, es claro que se hará la víctima de la historia —lárgate.
—Solo vine a decirte que tengo esto —miro sus ojos —y de ti depende si quieres seguir siendo doctora o no —me entrega los papeles y miro estos negando.
—Alejandro jamás creería eso, él me conoce
—¿Y crees que su padre se arriesgaría a tenerte ahí luego de ver estos análisis? —no le miro —Alejandro solo es un payaso y no es dueño del circo Hope y ahora... ahora estás en mis manos porque no, no quieres que tu reputación quede así de manchada ¿verdad? —mantengo silencio y la respuesta es clara, no, no solo por mí, hay dos pequeñas dentro que dependen totalmente de mí.
—¿Qué quieres Alan? —miro sus ojos y al parecer acabo de decir las palabras mágicas porque sonríe feliz.
—Quiero que digas ante todos que fuiste tú quien arruinó mi vida años atrás y no hablo solo de la familia Hope —me tenso —hablo de toda la ciudad, esa ciudad que me juzgó y me encerró creyendo que había sido el culpable de la muerte de alguien.
—Pero ya tu nombre está limpio Alan, la gente te conoce, tienes dinero, tienes poder, estás en una gran familia y en el mejor hospital ¿qué más quieres? —su sonrisa se amplía acercándose más a mí y su mirada ahora da miedo.
—Quiero que te conozcan a ti —me señala sin tocarme —no a la Hope que presentas —murmura —sino a la Hope que yo conocí, piénsalo —sus ojos buscan los míos —en dos días Alejandro hará una ridícula fiesta y ahí vas a hablar o esto todos lo verán. —luego de decir sus palabras se da la vuelta y se aleja de mí como si nada, cuando vuelvo la mirada al papel en mis manos mis lágrimas mojan estos, estoy en sus manos y al parecer su odio es mucho mayor que el mío.
El tiempo pasa y ni siquiera he podido responder los mensajes de Alejandro, menos he podido pensar en algo que no sea Alan y mi cama está adornada por esos dichosos exámenes que hicieron luego del accidente, es obvio que nunca conocí a Alan y lo que hizo echando eso a mi café lo acaba de demostrar completamente.
—¡Mami mami! —Hailey entra corriendo a la habitación y la miro rápido.
—¿Mi amor que sucede?
—A Hana le duele su panza —frunzo el ceño y ella toma mi mano y me hace salir rápido de la habitación, habla preocupada aunque logro entender poco y cuando entramos a la habitación el desayuno de ambas está sin tocar.
—¿Cariño qué sucede? —me acerco a esta que esta acotada cubierta por una sabana por completo.
—No me siento bien, no tengo hambre —dice con poca voz y toco su frente, al instante la fiebre queda descartada y entonces quito la manta de su cuerpo.
—¿Dónde te duele? —su mano se pasea por todo su abdomen y miro sus ojos alzando una ceja —Hana
—Es verdad mamá —se queja tocando su estómago —me duele mucho —toco este con cuidado y ella se queja alejando mi mano, paso una mano por mi rostro pensando en muchas causas de su dolor pero