Alan
Despertar temprano y no ver a Liset en la casa no fue raro, normal luego de que ayer otro nombre escapara de mi boca, al instante ella salió corriendo y yo ebrio y sin fuerzas me quedé dormido como si nada aunque tampoco tenía ganas de ir detrás de ella y sí, pensé en arreglar las cosas en la mañana, pero mi mente y mi cuerpo tenían otros planes y en vez de ir en busca de mi prometida, corrí hacia ella, hacia esa mujer que está ocupando mis pensamientos de una forma que no quiero y ahora, ahora estoy en mi auto sin saber que hacer ni adonde ir luego de lo que he hecho, puse a Hope entre la espada y la pared y le di dos opciones y ninguna la favorece a ella, si ella habla su vida se arruina y si yo hablo igual lo hace. Golpeo con fuerza el volante y entonces agarro mi teléfono y comienzo a llamar a Liset que claramente no responde, pero insisto hasta que agarra la llamada pero mantiene silencio.
—Ve a casa y deja de actuar como una niña —digo, pero ella sigue en silencio —Amor debemos hablar, aclarar un malentendido que
—¿Malentendido? —bufa —dijiste el nombre de otra mujer Alan —cierro los ojos —por dios, nunca había pasado, pero —suspiro, es claro que ahora llora.
—¿En dónde estás Liset? —no responde y sigue llorando —Amor dime en donde estás y
—Alan si ya no te quieres casar conmigo solo dilo.
—Maldición deja de decir tonterías —aprieto el teléfono —Liset yo te amo
—Pero me llamaste por otro nombre y —duda —¿no es ese el nombre de la novia de Alejandro? —me tenso un poco sin saber ahora qué decirle y claro, Liset aún no la conoce personalmente.
—Estaba ebrio Liset —trato de explicarle —y soy el jefe de la novia de Alejandro, estaba enojado, hizo algo mal y no podía dejar de pensar en eso.
—¿En eso o en ella? —me tenso pero mantengo la calma
—No sé de que hablas mi amor, veámonos y te lo explico con detalles Liset —pido y no responde —La novia de Alejandro cometió un error durante una cirugía, luego tuvo un accidente y
—Sé lo del accidente pero
—Vamos a hablar en persona y te explicaré todo cariño —ruego —Liset yo te amo a ti y vamos a casarnos, sueño con ese día mi amor, pero —suspiro —cometí un erro solo por enfado, estaba ebrio, yo
—Iré para el hospital, mi hermano me envió un mensaje, quiere que atienda a alguien, a una niña, no me dijo mucho —respiro hondo. —Solo dijo que me quería a mi ahí porque era alguien importante.
—Iré ahora al hospital Liset y hablaremos ahí, luego de explicarte si crees que miento, puedes dejarme —el silencio del otro lado me tensa, pero entonces ella habla.
—Alan el día que ya no me ames solo dímelo —sonrío con sus palabras.
—Eso jamás pasará Liset —cuelgo la llamada y me quedo en mi auto mirando hacia la nada, luego enciendo este y arranco camino al hospital pensando en lo que diré a Liset y no dejo de sentirme un canalla.
Camino por el hospital sin mucho ánimo luego de enviar un rápido mensaje a mi prometida diciéndole que he llegado y voy directo a mi consultorio sin detenerme demasiado tiempo por el camino, pero llegando a este mis pasos se vuelven más pesados notando que la puerta está abierta y eso me hace fruncir el ceño así que con cautela me acerco.
—¿Ustedes que hacen aquí? —cuestiono rápido cuando al entrar en mi oficina veo a las dos pequeñas que hay aquí y eso es muy raro, ellas me miran sonriendo.
—¿Alan? —habla una de ellas mirándome con grandes ojos verdes que brillan, una sonrisa traviesa y un cabello negro muy bonito.
—El mismo —respondo confundido y ambas se miran sonriendo como si hubiesen encontrado un tesoro.
—Te buscábamos a ti —me señala una de ellas y alzo una ceja, son idénticas —fingí estar enferma para que mamá nos trajera —sonríe como si eso fuera un enorme logro y retrocedo.
—No las conozco —hablo, pero ellas ya no me miran a mí —deberían volver con su madre —voy hacia la puerta necesitando que alguien me explique todo.
—Oh mira qué bonito —cuando la miro la niña está sobre mi silla tocando el pequeño adorno que tengo en mi mesa y tenso mi mandíbula.
—Niña no toques eso por favor —gruño molesto arrebatándolo de sus manos y ella sonríe ampliamente mirando mis ojos.
—Yo soy Hana —se señala sin dejar de mirarme fascinada y ya esas miradas intensas me molestan.
—Y yo Hailey —miro a la otra que está dando pequeños saltos en mi sofá y estoy perdiendo los nervios.
—Bien, bonitos nombres —farfullo ya molesto y señalo la puerta que sigue abierta —ahora salgan de aquí antes de que…
—Y somos tus hijas —dicen alto y tardo segundos en mirarlas, ambas pequeñas sonríen sentadas ahora sobre mi mesa y son bastante rápidas aunque eso es lo de menos, lo que me deja en blanco son sus palabras y rio nervioso mirando a una y a otra sin parar.
—¿Están bromeando? —alzo una ceja —Niñas es un hospital —intento explicarles —no un parque infantil y
—Nuestra madre se llama Hope y la conoces —el nombre que mencionan me deja sin habla y trago en seco, ahora mi mente las relacionan, sus ojos, su cabello, esas facciones que en algún momento adoré, niego con la cabeza sabiendo que es una locura y ellas deben estar confundidas.
—No, no…—río estando mal de la cabeza —ustedes son
—Tus hijas —me señalan como si fuera idiota haciéndome tragar en seco con la palabra hijas dando vueltas en mi cabeza…
—¿Qué edad tienen? —cuestiono dándole oportunidad a esa locura a entrar en mi cabeza y se miran entre ellas.
—Cinco años
—No son mis hijas ¿vale? —me apresuro a decir borrando por completo la idea de mi mente porque no cabe ahí —Lo supiera así que no lo son —niego con la mano queriendo que entiendan bien —ahora solo salgan y si es una broma esto, yo
—Podemos darte sangre —dice una de ellas y frunzo el ceño
—O un mechón de nuestro cabello —comenta la otra tocando su bonito pelo negro.
—O saliva —sonríe esa —así sabrás si somos o no tus hijas —para este punto ya siento mi respiración echa un desastre.