Demonios del eclipse

Capítulo 33.

Adentro de la caja de recuerdos.

«Lexi»

Lexi despertó en un auto en movimiento en la carretera de Tennessee rumbo a Virginia. Todo parecía ir bien, la chica tenía la edad de 15 años e iba en los asientos traseros mientras que en el piloto iba su padre conduciendo y tomado de la mano con una mujer que iba en el copiloto.

— ¿Ya despertaste? —Preguntó la mujer volteando hacia atrás— ¿Todo bien cielo?

— ¿Mamá? —Dijo aturdida con una pequeña lagrima saliendo de su ojo.

«Jace»

Un día soleado de marzo estaba presente, los rayos de luz entraban por la gran ventana y la brisa de aire meneaba las cortinas blancas de esta, en un cuarto grande que se encontraba en un piso superior de una casa color perla de tres pisos en medio de un gran patio con árboles y jardines con flores preciosas.

—Jace el desayuno está listo —habló alto un hombre desde el piso inferior—, no tardes.

El rubio de 9 años estaba acostado en la cama enredado entre las sábanas, al oír la voz de aquel hombre se le hizo familiar y al recordar de quien se trataba no pudo evitar quedarse callado con un nudo en la garganta.

— ¿Ya estás despierto? —Entró corriendo una niña con cabello rubio rizado— Date prisa Jace…llegaremos tarde —jaló las sábanas desde los pies del niño.

— ¿A-Annie? —La miró perplejo al sentarse en la cama.

Una mujer con cabello rubio entró al cuarto.

— ¿Por qué aún no estás vestido Jace? —Lo miró seria— Irán tarde a la escuela…Annie ve a ver si Elliot ya está listo por favor —le acarició la mejilla y la niña salió—, vamos…te ayudaré, pero que sea la última vez  —se sonrió según ella siendo autoritaria.

«Mason»

Era un viernes de noviembre, estaba nublado con el aviso meteorológico que decía que habría una fuerte lluvia cuando Mason junto con otros chicos estaban en el campo de futbol de un internado escolar al que asistían alumnos de 6 a 18 años, en aquel entonces Mason tenía diez y se juntaba con chicos algo mayores.

—Oh vamos Billy —decía burlón un pelirrojo—, enséñanos lo que tienes ¡Hey Mason! —Alzó su voz para atraer su atención— Billy cree que puede patearnos el trasero…a todos ¿Cómo ves? —Se carcajeó.

Mason volteó a verlos después de reconocer el momento de su vida en el que estaba.

— ¿Bruke? —Frunció el ceño Mason y después vio al niño en el suelo— Billy…

Su semblante cambió y un sensación de culpa lo invadió al ver quien estaba tirado en el suelo asustado del resto de chicos que lo molestaban, un chico de cabello rizado negro con anteojos y complexión escuálida. »

«Liam»

Mark Connors, padre de Liam y esposo de Marie Hale, era un hombre alcohólico con problemas de control de la ira, también era extremadamente posesivo, celoso y cuando estaba ebrio solía ser violento, por lo que se consideraba como un hombre peligroso ya que era también un brutal golpeador, muchos decían que no tenía remedio.

— ¡Mami! —Gritó corriendo Liam hacia su madre.

— ¡Liam no! —Exclamó preocupada con las pocas fuerzas que le quedaban.

A la mañana siguiente, el niño de 6 años llamado Liam Thomas Connors despertó en la cama de un hospital luego de haber ingresado en la madrugada por contusión cerebral debido a un golpe en la cabeza dado por su padre, que iba dirigido a Marie Hale, la madre del niño.

— ¡Liam! —Exclamó aliviada al verlo por el ventana de vidrio del cuarto.

— ¿Dónde…? —Murmuró confundido— ¿Mamá? —Empezó a agitarse por la sensación de miedo que tuvo al ver a la mujer con más golpes en la cara.

La mujer entró rápido al cuarto para ir directo a la cama del niño.

—Tranquilo mi amor, ya estoy aquí… —se sentó a su lado y sostuvo su mano.

En la realidad.

— ¡No puede ser! —Protestó una chica al ver humo saliendo del cofre del auto.

Elijah iba pasando por la calle con el auto de Kalisman y la escuchó con su oído sobrenatural pero no le dio importancia hasta que oyó la voz de una mujer algo mayor llamándola por su nombre, de inmediato miró hacia atrás por el retrovisor y sus ojos se fijaron en aquella chica de tez clara, ligeramente bajita, con cabello largo ondulado de un castaño muy claro casi llegando a rubio, y de una complexión algo delgada, que resaltaba con su vestido corto y holgado color nude con flores pequeñas y descubierto de los hombros, aunque estos eran cubiertos por una chamarra de mezclilla que combinaba con esos zapatos color miel al estilo de botines que disimulaban muy poco su estatura baja. El vampiro paró el carro y bajó a ayudarlas con la camioneta de donde bajaban sus maletas para pedir un taxi e ir a su destino.

— ¿Las puedo ayudar? —Se entrometió con su elegante acento británico— Veo que su auto falló, debe ser el motor…

—Descuide joven —respondió la mujer que parecía ser la madre de la chica—, tomaremos un taxi y la grúa vendrá pronto.

— ¿Van muy lejos? —Hablaba con la mujer, pero veía de reojo un par de veces a la chica quien tenía en verdad su atención— Puedo llevarlas si gustan.

La chica terminó de hablar por celular con la grúa y se acercó a los otros dos.

— ¿Todo bien mamá? —Puso su hombro sobre la mujer y vio desconfiada a Elijah.

Los ojos azules grisáceos del vampiro se clavaron sobre esos iris pardos de la chica, aquella rara combinación entre azul y verde en los ojos de ella llamaron más su atención.

—El joven se ofreció a llevarnos… —respondió la mujer con ojos verdes.

»Debió heredar el color de su madre, aunque… también lucen azules ¿su padre los tendrá así? « La curiosidad empezó a seguir los pensamientos de Elijah.  »Que raros ojos«

—Se lo agradezco… —entrecerró sus ojos esperando saber su nombre.

—Elijah… —titubeó en dar su nombre— Elijah Loughty —terminó diciendo con firmeza al extenderle su mano a la chica.

—Lydia Wilson —sonrió amable al estrecharle la mano—, ella es mi madre Samantha.




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