Demonios del eclipse

Capítulo 35. [Song]

[ESCUCHA "NATURAL" DE IMAGINE DRAGONS DE FONDO PARA ESTE CAPÍTULO]

 

En la realidad.

Lissa entró al cuarto de descanso para ver como seguían sus amigos y vio que sus heridas estaban empezando a sanar así que corrió a buscar a John.

Dentro de la caja.

«Jace»

El rubio salió al patio con sus hermanos y su primo, mientras que el resto de la familia se mantuvo adentro, pues eran adultos y estaban bebiendo al caer la noche.

—Iré por mi sueter —avisó Annie—, ¿me acompañas Elliot?

Jace veía cada movimiento como si lo tuviese memorizado.

»Todo va igual…a Elliot se le romperá el botón y mamá subirá a arreglarlo con Annie, luego Elliot bajará a la cocina«

— ¿Qué tanto piensas Jace? —Preguntó Mason viéndolo serio— A veces creo que eres muy sensible —suspiró y volteó a ver otra cosa.

—Solo recuerdo una pesadilla que tuve —confesó cabizbajo—, ¿tú has tenido alguna?

—Todos las tenemos tonto —dijo jocoso—, solo déjalas pasar…no puedes hacer nada con ellas, solo debes ser fuerte.

—Pero si se hicieran realidad…y tú lo supieras ¿Lo cambiarías todo? —Apretó su mandíbula teniendo un sentimiento de duda.

—Supongo que querría, pero… —respiró hondo— ¿Y si no hay otra forma? —Jace le frunció el ceño— Mi papá dice que las cosas suceden por algo, y quizás así sea como debe ser.

El rubio se quedó pensando hasta que se interrumpieron sus ideas con un fuerte estruendo proveniente de la casa.

— ¿Qué fue eso? —Cuestionó nervioso Mason.

—El incendio… —afirmó preocupado.

— ¿Cuál incendio? —Le gritó en vano cuando salió corriendo, luego Mason fue detrás de Jace— ¡Espera!

Ambos niños corrían con todas sus fuerzas hacia la gran casa en llamas, pero no servía de nada pues la construcción aún estaba lejos de donde estaban ellos.

— ¡Mamá! —Gritó el rubio lo más alto que podía— ¡Annie! ¡Elliot!

La desesperación cansaba más al niño que gritar mientras corría, pero de pronto recordó las palabras de su primo de hace unos momentos y sus gritos cesaron.

— ¿Qué haces? ¡Sigue corriendo! —Le gritó Mason jalándolo, pero en Jace sus gritos se oían lejanos— ¡Jace!

»Debió ser así…no había otra forma« Las lágrimas corrieron por sus ojos al pensarlo.

—No hay otra forma —le dijo tajante a Mason—, el techo colapsará…quedarán atrapados ¡No podemos hacer nada! —Lo miró fijamente hasta que se vio en el reflejo de las pupilas de su primo.

El rubio recuperó su cuerpo real y soltó un suspiro amargo para luego dejarse caer en el suelo observando como caía rápidamente su hogar en las llamas.

«Mason»

Todos los viernes los tutores iban a buscar a sus hijos para pasar el fin de semana con ellos y luego regresarlos el domingo por la tarde.

Ese día Mason se quedó con Billy hasta que llegaran sus padres para mantenerlo a salvo, pero Bruke y los demás brabucones los emboscaron.

— ¡Corre Billy! —Ordenó Mason empujando a Bruke— ¡Corre!

Billy corrió lo más rápido que pudo hasta llegar con sus padres, aunque Mason se quedase peleando con los brabucones mayores, al principio se defendía, pero luego dejó de poner fuerza y aceptó los golpes como un castigo por no haber hecho nada al respecto para salvar a Billy en la vida real.

En la realidad.

Lissa llegó corriendo con John a donde estaban los cuatro sentados en el sofá.

—Su herida ya está sanando… —frunció John sus labios— Deben darse prisa.

— ¿Qué pasará exactamente si no salen antes de que terminen de sanar? —Lo miró exigiendo una respuesta.

—Ahora solo viven cosas cotidianas de su vida humana, nada sobrenatural puede entrar con ellos —explicó ansioso—, si sana con ellos adentro su lado sobrenatural entrará con todo lo que eso conlleva, puede ser peligroso para sus mentes lo que puedan vivir ahí.

En la caja.

Los tres chicos aparecieron juntos en el mismo lugar donde entraron, el cuarto de descanso. Se miraron aliviados y se abrazaron entre ellos, hasta que Liam notó pronto la ausencia de la chica y no tardó en preguntar por ella, voltearon al espacio del muro por donde entraron ellos y vieron la silueta de una chica.

—Debe ser ella —insinuó el rubio caminando hacia el lugar— ¿Lexi?

La silueta volteó y caminó hacia ellos, por lo que los chicos se alegraron. En cuanto la forma se hizo más nítida hasta distinguirse su rostro, los chicos quitaron su expresión alegre ya que la castaña no tenía la misma.

—Lo siento, pero no puedo irme —expresó culpable—, no quiero hacerlo…mi mamá está viva y no quiero perderla de nuevo.

—Lexi…no es real —mencionó Jace titubeando—, sé lo que sientes, pero ella no es tu madre, no está aquí —le extendió su mano para que fuera con ellos.

Una mueca de tristeza y dolor se tiñó en su rostro blanco, intentó avanzar hacia ellos, pero no logró atravesar una especie de barrera invisible, la desesperación y el miedo empezó a abordarlos a todos.

— ¿Lexi? —Una voz atrás de la chica la llamó— Cariño… ¿Vas a dejarme? ¿Vas a dejarme morir otra vez?

— ¿Q-qué? —Susurró temblorosa— ¿Mamá? —Se giró hacia donde provenía la voz.

El cuerpo ensangrentado, con las heridas ocasionadas por el accidente y casi descompuesto de la madre de la chica se aventó a ella para ahorcarla con su mano huesuda y descarnada, también empezó a enterrarle lo que le quedaba de dedos en su cuello, lo que lastimaba a Lexi un poco.

— ¡Lexi! —Exclamaron al unísono sus amigos— Hay que ayudarla —ordenó Liam corriendo hasta ella.

Trataron de cruzar la barrera, pero les era imposible, a su vez la castaña perdía el aliento por la presión en su cuello hecha por el cuerpo zombie de su madre.

—Mi pequeño monstruo… ¿Pensabas matarme? A tu madre —Le susurraba la mujer al oído de Lexi—¡Eres una asesina!  Por tus manos corre la san… —No terminó su frase al tomar una inesperada bocanada de aire.




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