Denis Sus 150 Años

CAPITULO 2

 

Tal vez ya se dieron cuenta que nuestro buen amigo Denis era de origen francés, después de aquel desagradable encuentro con el mago del Siam, tuvo que aprender poco a poco a ser humano, al principio le costó mucho trabajo y esos quince días realmente los sufrió, cuando la luna nueva llegaba y se transformaba en lobo, su condición era famélica, y a su parte lobo le costaba trabajo cazar y conseguir una presa para poder recuperar energía, a Denis le gustaba más su ser original, cuando se convertía en humano no le agradaba lo que veía, aquel ser sin vello, blancuzco, incorporado, le desagradaba, nada como correr libre por el bosque en sus cuatro patas, su abundante pelaje gris oscuro le encantaba, olfatear, escuchar, se creía un ser extraordinario, pero poco a poco su parte humana comenzó a despertar y cobrar conciencia, fue así que comenzó a acercarse a las pequeñas villas que estaban cerca del bosque, observando a los humanos aprendía de ellos, unos tenían sembradíos, otros tenían ovejas, puercos, vacas, no comprendía su apego por aquellas cosas, pero ya con más confianza decidió adentrarse a las villas, conoció molineros, panaderos, tenderos, farmacéuticos, y cuando comprendió de que se trataba realmente el ser humano terminó asqueado, todas esas personas solo tenían una cosa en mente al despertarse todos los días, era algo llamado dinero, unas cosas redondas de plata, cobre u oro, a las que ellos se referían como monedas, al observarlos llego a comprenderlos, se levantaban, araban la tierra, cortaban el heno para alimentar su ganado, cosechaban sus frutas y verduras, trabajar todo el día de sol a sol solo para conseguir unas cuantas de esas monedas, la vida humana terminó por decepcionarlo ampliamente, él que amaba su libertad cuando era lobo, sentir el viento en su nariz, en su grueso pelaje, lo único que le interesaba era conseguir una presa y no tenía que ser diaria, dormir horas, y tomar agua de algún arroyo o pocito.  Pero ahora tendría que vivir con los convencionalismos que dictaban las normas de lo humanos la mitad de toda su vida. 

Pero jamás se imaginó que llegaría a ganar dinero con algo que a él le gustaba, como ya habíamos comentado la parte humana ganaba terreno al ser de Denis, desde hacía tiempo le había llegado a tomar un gusto especial a las setas, su sabor y su consistencia en el paladar le gustaban sobre manera, los champiñones, cremini, portobello, eran sus favoritos, y si a él le gustaban tanto seguro que a los humanos también, en los días de hombre cosechaba los hongos iba a la villa y los vendía, de esa manera se ganaba la vida, rentaba un cuartito y aprendía conviviendo con ellos, un día se topó con un buen hombre, era el dueño de un restaurante en Paris, le dijo que sus hongos eran los mejores, que si se los llevaba hasta su restaurante en el corazón de la ciudad, le pagaría bien, de esa manera Denis se atrevió y llegó hasta la gran ciudad de Paris, llevando con él un buen cargamento de sus mejores hongos, solo dos restaurante tuvieron el privilegio de comprarlos, después de algún tiempo se hizo tan famoso el vendedor de setas, y digamos que sus ganancias eran buenas. 

Un buen día en el bosque convertido el lobo, Denis distinguió un olor diferente, nunca antes había olfateado ese olor, era fuerte, era una combinación de maderas del bosque, salitre, melaza, el aroma lo llevo al tronco de un abeto, comenzó a escarbar y se encontró con algo que nunca había visto, una bola negra rugosa, su aroma delicioso lo incitó a probarla, y su sabor hizo que todas sus papilas gustativas se pusieran alertas, sus cabellos se crisparon, las pupilas de sus ojos se dilataron como en éxtasis, su sabor era muy característico, un delicado amargo y especiado, con un toque avellanado, su consistencia no podía decepcionar, era crocante, Denis se había topado con el oro negro de las verduras, las trufas, el lector podrá imaginar el revuelo que causó en Paris aquel manjar extraído de la propia tierra, unos gramos de trufa eran pagadas en grandes sumas, y los restaurantes se beneficiaron al incluir en sus menús aquel manjar, por su puesto el platillo más caro era el que llevaba una cuantas laminitas de la trufa.  La fama del vendedor de trufas llegó hasta el mismo palacio de Versalles, cuando Denis llegaba a Paris con sus trufas la primera parada era negociarlas  con el mayordomo del palacio, una de las personas de confianza del mismísimo rey Luis XVI, era de conocimiento parisino que al rey y la reina le gustaba vivir bien, dándose grandes lujos en todo y por supuesto, esos lujos también incluía la comida, Luis y María Antonieta disfrutaban del delicioso sabor de las mejores trufas y solo había una persona que se las proporcionaba.

Ahora Denis comenzaba a comprender del mundo humano, y aunque él estaba triunfando, aun no llegaba a tomarles cariño.  Cincuenta años después de la mordida del mago había logrado llegar a conocerlos, a vivir entre ellos, y a ganar más dinero del que se podría imaginar, pero siempre trató de mantener un bajo perfil, pasar entre ellos desapercibido, realmente las únicas personas que lo conocían eran sus clientes, para todos los demás era un completo desconocido. 

Pero todo cambió aquel fatídico día, 5 de mayo de 1789 cuando se convocó a la revolución, todo se complicó dos meses después el 14 de julio con la toma de la Bastilla, un nuevo reto para Denis comprender aquel pueblo encolerizado con sus reyes y nobleza, y terminó despreciando más a la raza humana, se le hacía un desperdicio tantas muertes, tantas desgracias y calamidades que ellos mismos habían provocado.  Tratando con todo su ser de entender aquel revuelo, por su puesto se puso del lado de los revolucionarios, aunque sus mejores clientes era la burguesía, y ellos fueron los que lo llevaron a ganar cuantioso dinero.  Después de mucho meditarlo, Denis decidió combatir en un par de batalla, aunque su origen era ser un lobo, era un lobo francés y el patriotismo lo obligaba a defender al pueblo, sus habilidades de hombre sobre humano lo sacaban de las batallas ileso, pero al final de la revolución siguió pensando en lo mismo, la guerra era una abominación que solo puede ser realizada por los hombres. 




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