Denis Sus 150 Años

CAPITULO 4

 

El mago del Siam, era un hombre de unos 35 o 40 años, alto y corpulento, al ser un licántropo era de una belleza sin igual al igual que Denis, de cabello castaño claro, con enormes ojos azules poblados de pestañas, con labios rojos, y mandíbula prominente, cuando se convertía el lobo en luna llena su pelaje era gris plata y sus ojos azules eran atemorizantes.

-Quiero que me ayudes, - le dijo con seriedad – cuando termine todo, podrás intentar matarme, te daré ventajas, pero claro que me voy a defender. – Denis no comprendía muy bien de que estaba hablando.

- ¿A qué te refieres?

-Si me ayudas, te daré la ventaja de que intentes matarme como tú quieras, con tus reglas, ya sea convertido en lobo o en humano, yo solo tengo una noche para ser lobo, y tú puedes decidir si me matas así, o tu convertido en lobo, tú tienes 15 días, puedes escoger lo que quieras, será a tu manera.

-Veo que me conoces muy bien.

-Te conozco bien Denis – le dijo confirmándolo, los ojos de Denis escudriñaban cada aspecto del hombre que tenía enfrente.

- ¿Qué necesitas de mí?

-Tu ayuda para terminar con un cáncer que se extiende por toda la sabana africana.

- ¿Cáncer?

-El rey Leopoldo de Bélgica, no le basta con tener todo el Congo sometido a su barbarie, ahora ha puesto sus ojos en Tanzania, y eso no lo pienso permitir.

- ¿Por qué tan interesado en unas tierras donde solo hay pasto, leones y elefantes?

-Veo que eres inteligente, la tribu Masái esta hacentada en una de las vetas de diamantes más grandes del mundo.

-Si eso es cierto, no creo que podamos tú y yo solos con toda la ambición de ese hombre. – Le decía Denis con tranquilidad viendo los grandes territorios.

-La tribu Masái es pacifica, pero son grandes guerreros si se les trata de invadir, además has visto cómo trata el gobierno de Leopoldo a los pobres africanos del Congo, muerte por doquier, mutilaciones, castigos, latigazos.

-Lo he visto, de camino aquí tengo que confesar que cargue con un que otro soldado belga.

-Tienes el espíritu de justicia tan aflorado como el mío, ayúdame Denis a proteger el último bastión antes de que Leopoldo tome posesión de todo.

-Me imagino que tu interés en Tanzania no es solo de justicia. – Étienne se sonrió, al parecer el joven Denis era más inteligente de lo que pensaba. – ¿te quieres quedar tu con todos esos diamantes?

-Me gustaría darte la respuesta afirmativa y que mi ambición fuera simplemente material, pero no, es más complicado que eso. – Denis lo miró sin comprender, pero vio como una sonrisa le iluminaba el rostro a Étienne. – alguien como yo solo una vez en la vida se puede enamorar, no puedo hablar por ti, yo soy un humano convertido a lobo, en cambio tu eres lo contrario.

- ¿Encontraste la persona de la que te enamoraste aquí en la sabana? – le preguntó algo incrédulo.

- ¿Qué te puedo decir? Tengo alrededor de cuatrocientos años, he visto mucho, conocido tanto, caminado por doquier y me enamoré aquí.

- ¿La persona de la que te enamoraste pertenece a la tribu Masái?

-No solo pertenece a la tribu, es su princesa – La cara de admiración de Denis fue evidente.

- ¿Ella te corresponde?

-Me imagino que no.

- ¿No le has hablado de tu amor por ella?

-No Denis, es que es complicado, bueno lo entenderás cuando la veas. – Le dijo algo irritado, como si estuviera desesperado por esa cuestión, - ¿vas a ayudarme?

-Lo estoy pensando.

-Ven conmigo, vamos a conocerlos, estoy seguro que me ayudaras cuando los conozcas.

Denis se dejó llevar por Étienne, por en medio de los pastizales, escuchando los sonidos de todos los animales, llegaron hasta las aguas cristalinas del río, y un poco más allá comenzaba el asentamiento de los Masái.

-Es hermoso ¿no lo crees?

-Lo es.

-Cuando llegas aquí, no solo te enamoras de su paisaje y animales también de su gente.

La tribu Masái estaba constituido de una gran cantidad de chozas construidas de madera y bloques de barro, todas contaban con hortalizas donde cultivaban verduras, le llamó la atención que tenían en los techos terrazas.

-Les gusta salir por las noches a refrescarse y ver el cielo estrellado, este es solo el asentamiento más grande pero la tribu Masái está distribuida por todo el río, como veras no son pocos, si me ayudas a organizarlos podemos ganar. – Denis miraba y analizaba todo a su alrededor. – Ven te llevaré con el jefe Jerome, o como dirían en Europa el rey.

Étienne lo llevó hasta una choza grande, los materiales de construcción eran iguales a los de las casas, pero esta era más grande, con tres escalones que llevaban a una puerta grande y un porche en todo el frente de la casa, con algunos asientos de madera, al entrar una gran sala y al frente sentado en un sillón de piel de tigre estaba un hombre de piel muy oscura ataviado de rojo, con una capa de colores, cinturón, collares y demás atavíos extraños para Denis, cuando entraron los ojos del hombre se fijaron en Étienne.




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