Syn se despertó sudando y con el corazón acelerado. Acababa de tener un sueño espantoso, las sangrientas escenas de la muerte de su madre habían regresado y le habían inundado su mente. Estaba tan agitada que no sabía qué hacer. Afuera, los rayos caían iluminando el cielo por unos segundos, emitiendo un estruendoso rugido por todo el cielo nocturno. Syn se escondió debajo de las cobijas cuando uno rayo enorme cayó e hizo retumbar todo. La niña no pudo esconder su llanto y se tapó los oídos, pero aun así podía escuchar los truenos. Poco después, otro rayo cayó, seguido del trueno, mucho más fuerte que los anteriores. La niña se asustó tanto que se echó la manta encima y salió corriendo de la habitación, llorando. Estaba tan concentrada en correr, que no se dio cuenta de que Silas estaba pasando por ahí y chocó con él. Su expresión delató sorpresa y confusión.
—¿Qué estás haciendo? —inquirió él.
—¡Silas! —ella se abrazó de él con fuerza
Silas se quedó inmóvil, confundido por la actitud de la niña.
—Tengo miedo —Syn murmuró apenas audible.
—¿Miedo de qué? —preguntó él.
—La tormenta —respondió la pequeña —Me asustan los truenos... —añadió al cabo de unos momentos.
Silas la miró. Estaba realmente asustada y algo en su interior le impedía dejarla en ese estado, así que decidió consolarla un poco.
—Ya pasará.
La niña se separó un poco de él y desvió la mirada para que no la viera llorar.
—Lo siento —susurró.
Se dio la vuelta para regresar a la habitación, pero él la alcanzó y la detuvo.
—Te acompañaré esta vez —le dijo.
Su tono era muy seco y frío, pero aun así, Syn se sentía segura con él. Silas la acompañó de vuelta a la habitación y la vio acostarse. Otro trueno se escuchó y la niña rápidamente se tapó los oídos.
—No es un depredador, no te hará daño —Silas miró por la ventana.
Syn asintió y se quedó mirándolo él, quien se volvió en su dirección a los pocos segundos.
—¿Qué pasa?
—Mi mamá... solía leerme algo antes de dormir... cuando estaba lloviendo —empezó a decir ella, mirando hacia otro lado —¿Podrías leerme algo?
Silas se quedó en silencio por unos momentos, procesando lo que acababa de escuchar, no tenía experiencia con niños y mucho menos había llevado alguno a su casa. No sabía bien que responder, pero al ver la mirada entristecida de la niña, sintió algo de compasión.
—Está bien —aceptó y empezó a revisar los pocos libros que había ahí —Hmm...
¿Cómo deshacerse perfectamente de un cuerpo?, Asesinato en la barranca negra, Enemigos de sangre, Muerte fallida, ¿Dónde están los cuerpos?, y más títulos similares eran los únicos que Silas podía encontrar, nada aptos para una niña de doce años.
—No tengo nada que pueda interesarte —le dijo.
La niña pareció un poco decepcionada, pero se limitó simplemente a asentir. Su expresión y la manera en que sus ojos bicolores brillaban por las lágrimas no dejaron que Silas lo olvidara y la dejara ahí sola de nuevo, así que tuvo una idea.
—Ya que vas a quedarte por aquí, tal vez pueda contarte un poco sobre mí y Nixstrike.
—¿Nix... strike? —inquirió Syn ladeando un poco la cabeza.
Silas sonrió un poco y se sentó en la cama junto a la niña, quien prestó mucha atención cuando él empezó a hablar.
—Bien, Nixstrike es mi banda, se podría decir que somos quienes administran la mayor parte de la actividad ilegal en el Bajo Distrito.
—¿Es una mafia?
—Hmm, más o menos.
—¿Y tú eres su líder?
—Correcto.
—¿Pero, qué no todo en el Bajo Distrito es ilegal?
—Más o menos. ¿Vas a dejarme hablar? —la voz de Silas sonó un poco dura.
—Si, si, lo siento —Syn bajó la mirada y se acomodó para escucharlo sin decir nada más.
—En el Bajo Distrito hay cosas más ilegales que otras. Hay muchos grupos delictivos que luchan por tener el control de aquello que entra y sale de aquí —continuó Silas y a continuación se acercó un poco más a la niña —Pero nadie equipara a Nixstrike.
Syn sonrió un poco y siguió prestando atención.
—Seguramente te estarás preguntando como llegué tan alto. Pues, verás, nunca tuve nada, viví en las calles por años, cuidándome de los depredadores. Pero un buen día, decidí que no dejaría que mi vida se fuera al carajo. Así que empecé a robarle a los criminales más buscados, me volví invisible a sus ojos. Poco a poco fui adquiriendo experiencia, y pronto hubo gente que intentaba matarme. Me llamaban "el Lobo". Todo aquel que intentaba matarme, perecía. Además, el número de depredadores aumentaba, así me dediqué también a cazarlos. Comencé a reclutar a otros con la idea de formar la banda más temida de todo el Bajo Distrito.
—Y lo lograste —comentó Syn.
—Correcto.
—¿Y tus padres? —la niña recordó que no debía hacer tantas preguntas —Perdón, dije que no preguntaría tanto.
—No los recuerdo bien —dijo él, pero se notaba que no quería hablar de ese tema.
—Yo nunca conocí a mi papá, lo mató un depredador cuando yo nací. Siempre fuimos mi mamá y yo, pero ella... murió hoy... —Syn escondió la cabeza en sus piernas —Nunca volveré a verla, ¿cierto?
Silas bajó la cabeza, no quería decírselo de una manera tan directa, pero la niña tenía razón, jamás volvería ver a su madre y por lo que había entendido no tenía más familia. Estaba completamente sola en un mundo infestado de monstruos salvajes y sedientos de sangre. No tenía a nadie que viera por ella, que la cuidara y le diera una buena vida, tomando en cuenta las condiciones del Bajo Distrito. En ese momento lo único que tenía era a él. ¿Por qué la había llevado con él? ¿Por qué no la había dejado a su suerte en medio de la tormenta y los depredadores? Era solo una niña más que podría haber muerto como muchos otros esa noche. ¿Era por su inmunidad? No, en realidad eso no le interesaba, había algo más, algo que había logrado tocar ese corazón de hielo. No podía dejarla sola, y no podía entregarla a cualquier familia. Ya había decidido que le llamaría a un contacto suyo para ver si podía encargarse de ella. Pero, en cualquier caso, tenía que asegurarse de que estuviera a salvo, había personas que seguramente intentarían utilizarla si se enteraban de que era inmune, incluso los depredadores no dudarían en usarla para obtener una cura.