Depresión de una Estrella

Capítulo XX: Sueños Misteriosos

Sol Fuentes.

Víctor leyó mi carta y aceptó que tuviéramos la primera cita. Dijo que se encargaría de conseguir el sitio perfecto y comida deliciosa. Ante su posición, le recalqué que no me interesaba lo decorada que se viera la velada, porque lo importante era la fructífera conversación relacionada con los temas que nos atormentaban a diario.

"—Por desgracia sé quién es. No es un tipo bueno, lo considero como: el ser humano más despreciable del mundo. A él lo odio con todas mis fuerzas por mentiroso, corrupto, engreído, codicioso y poseedor de los siete pecados capitales. En conclusión, a nadie le deseo el mal de verlo por un mísero segundo, mucho menos que llegue a platicar con él. ¡Qué raro que hables de esa basura! Jamás aceptaré que se acerque a ti, pues te dañará sin que te des cuenta."

No dejaba de pensar en lo que Víctor expresó de Gabriel. Y, para seguir alimentando mis dudas, Echeverri también comentó que no era un buen hombre, pero ¿qué rayos hizo? ¿Por qué lo catalogaban tan mal? Según lo que observé viviendo con él, podía decir que era el mejor chico del mundo, el cual conquistó mi corazón y el todas las personas que se le acercaran. La vida da sorpresas, solo que, por desgracia, a mí me sucedieron en el peor momento.

Bajé de la nube en la que me encontraba y me coloqué el pijama: una cómoda camisa blanca y un short de licra azul oscuro. Esperaba, ansiosamente, a que el reloj marcara las once de la noche para dirigirme al sitio— dentro del establecimiento de secuestro— que Víctor me indicó. Cabe destacar que señaló que no podíamos reunirnos en la habitación donde dormíamos, porque levantaríamos sospechas de los chismosos que se hacían llamar: nuestros fieles compañeros; además, necesitábamos algo de privacidad. Por supuesto, me alarmé al desobedecer las reglas, pero él aseguró que no permitiría que me reprendieran o hicieran daño.

Sonreí al ver que ya era la hora y, con muchísima cautela, entreabrí la puerta y salí. Abrí mis ojos, asombrada, al darme cuenta de que, en ese gran espacio, una vela estaba encendida. Seguidamente, escuché un aclaramiento de garganta y la fuerte voz del chico. Caminé, guiada por la tenue luz, y él me pidió que tomara asiento en la pequeña silla de plástico que robó de la cocina. Al igual, había una mesita del mismo material que sostenía dos latas de atún con sus respectivos cubiertos, y, sorprendiéndome rotundamente, tres chocolates envueltos de paquete. ¿Cómo consiguió todo eso? ¿Acaso se los quitó a las cocineras?

Fruncí el ceño y saludé, ignorando mi confusión. Sacó el destapador de lata que no alcancé a mirar con anterioridad, abrió la suculenta comida, me facilitó el cubierto para que procediera a alimentarme y, sin dudar, lo acepté. Llevé un poco a mi boca y sentí caricias en mi paladar, como si se tratara de lo más delicioso que alcancé a probar en mis veintiún años. No quise acabarlo todo de inmediato, porque sabía que no lo volvería a deleitar por muchísimo tiempo.

Me trasladé a viejos tiempos, cuando, solo deseándolo, me preparaban lo que quería. ¡Ya estaba cansada de guardarme mis sentimientos! Necesitaba desahogarme y, sin evaluar la respuesta que obtendría, lo hice:

—Era el primer día de universidad de mi hermana, así que me ofrecí a transportarla en el auto de mi novio, por descuido dejé mi teléfono en casa. Al llegar al destino, le pedí a Gabriel Campos, mi chico, que se marchara y yo me quedé viendo como mi pequeña se dirigía a su primera clase. Después, decidí tomar un taxi para ir al supermercado a comprar lo que hacía falta en la despensa y ahí, alguien (que supuestamente trabajaba en la compañía de mi fallecido padre) se ofreció a dejarme en mi hogar y yo acepté, confiando en la sinceridad que emanaba su mirada. Luego, me entregó a unos hombres que fueron los que me trajeron acá, por varios días me encerraron en "El Cuarto Oscuro" donde lanzaban un tomate diario y, como si aún no estuviese castigada, me encadenaron y tuve que recogerlo con los dientes—evalué su nula expresión facial—. El resto de la historia, la sabes.

—Lo que te ha sucedido, en estos últimos días, no es tan grave como haber sido novia de Gabriel. Siendo sincero, creo que él está involucrado en el asunto de tu secuestro. Antes de que me malinterpretes, quiero aclarar lo siguiente: si tu novio hubiese sido yo, no te dejaría quedarte sola en ese lugar—soltó, impactándome—. Querida Sol, hace años conocí a Echeverri en un restaurante, él llegó con el hijo de su mejor amigo y el muchacho era Gabriel. Ellos se aliaban para robar a sus socios, por eso tienen tanto dinero. Quizás planearon esto juntos. Los dos son exactamente iguales.

No creía lo que escuchaba, nunca ideé que pudiera hacerme algo así. Lágrimas traviesas amenazaban en correr por mejillas, debido a tal declaración que destrozó mi esperanza, confianza y, sobre todo, mi corazón que, por los sufrimientos con los que batallaba a diario, ya se encontraba lleno de grietas irreparables. Aún no digería que el dueño del iris azul aguamarina fue capaz de congeniarse con el peor hombre del universo para hacerme daño. Y yo pensaba que ni siquiera se la pasaba por la cabeza serme infiel, porque lograría que me sintiera triste. ¡Ah! ¿Cómo pude ser ridículamente ingenua? Ahora, ya entendía las veces que me ocultaba cosas o rechazaba a comentarme lo realizado en su día laboral. Claro, yo siempre lo justificaba con cansancio y le daba a entender que no había problemas.

"Te odio, Gabriel, me engañaste desde el primer momento que te vi" dije, internamente.

¡Basta! Él no me haría sentir mal, sería feliz sin darle importancia a su ausencia. Me plantaría la idea de que él solo fue un mal recuerdo que quería borrar de mi memoria. A pesar de las limitaciones, reestructuraría mi vida para transformarla en felicidad. Debía enfocarme en mi nueva familia: los chicos del secuestro, actualmente esa era la única decisión sana que podía tomar. Sin embargo, me sería de ayuda que existiera la píldora del olvido, así todo transcurriera más fácil.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.