Otra noche sin poder descansar, sin poder conciliar el sueño por más de dos horas, siempre que siente que está apunto de quedarse dormida suena su alarma, para este punto ya no recuerda lo que es dormir plenamente, como es despertar y sentirse llena de energía, ahora que intenta hacer memoria, quizás nunca lo ha sabido, nunca ha podido descansar como es debido. No importa, como sea es un día nuevo, un día más de existencia, se levanta a duras penas, presiona su desgastado reloj, por fin el ruido para. El cuerpo le duele, los hombros se sienten pesados, la espalda punza, el cuello está entumecido, incluso sus ojos le duelen, se estira y todo su cuerpo truena. Fija la mirada en la nada por unos minutos, se siente seca, quiere volver a recostarse pero tiene que ponerse de pie, las piernas flaquean por un momento, <<Así es como se debe sentir una momia al despertar>> piensa. Se viste exactamente con la misma ropa del dia anterior, un pantalon negro con manchas de cloro, bastante ancho, bien podria entrar dos veces en cada pierna. Se pone una playera negra holgada con algunos agujeros, encima una sudadera gris. Ya casi es hora de ir a trabajar en esa nefasta tienda <<¿ Dónde dejé el uniforme?>>. rebusca entre los montones de ropa en el piso, pero nada, <<La sala, tiene que estar ahí>>.
Baja las escaleras, lento, no quiere hacer mucho ruido, no quiere que su madre la escuche pero es muy tarde, en el comedor ya está su madre desayunando junto a la cosa que llama marido y ella es obligada a llamar papá.
—De nuevo tarde, pinche floja ¿ya viste que horas son?— reprocha su mamá mientras sirve más huevos en el plato de su padrastro— El señor Guillermo me dijo que sí vuelves a llegar tarde te va a correr y aver como le haces pinche chamaca para conseguir otro trabajo.
Carolina toma un plato sin prestarle atención.
—Te estoy hablando, ¿no oyes?— La madre no duda en tomar un cucharón de madera, con paso firme se planta al costado de Carolina, se prepara para darle un buen golpe en el brazo— ¡te estoy hablando!— uno golpe tras otro, Carolina se cubre como puede.
—¡Ya te oí, ya te oí !, vieja loca.
— ¿A quién llamas vieja loca?— toma a Carolina por el cabello y la jala hacia ella, la pobre chica se dobla de dolor— ¿a quien llamas vieja loca? ¿eh?¡¿eh?! — su rostro se deforma por la rabia, saliva escurre por su boca, la mujer se asemeja a un perro rabioso, o mejor dicho un cerdo rabioso —más respeto me deberías de mostrar, te dejo vivir bajo mi techo, te dejo comer mi comida y ¿así es como me agradeces pendeja?.
Arroja a la muchacha al piso, logra meter las manos aminorando el golpe, esta misma escena se ha repito cada mañana desde que tiene memoria, las mismas palabras, los mismos golpes, el mismo resultado, ella con alguna parte del cuerpo llena de moretones, furiosa, llorando.
—Deberías dar las gracias de tener una madre tan buena— dice su padrastro, agitando la tortilla en la mano— sí yo fuera tu padre, hace mucho que te hubiera corrido de la casa, no haces más que ser un parásito en esta casa, todo lo que haces es irte a tomar, andar de puta y vete a saber si tambien estas en los mismos pasos que el pendejo de tu papá.
Carolina no estaba prestando atención a las palabras de su padrastro, su pensamiento se había centrado en la imagen de aquel asqueroso hombre que tenía frente a si, era gordo a niveles ridículos, era increíble como sus pequeñas piernas podían soportar tantos kilos, su corte tipo militar lo hacía ver hasta cierto punto cómico, hacía ver su frente pequeña comparada con sus enormes cachetes de cerdo,su ropa estaba sucia, llena de sudor, sí bien los ultimos dias habia hecho una calor infernal en la ciudad, el sudor que envolvió a su padrastro era más bien por el esfuerzo que le implicaba caminar de la recamara al comedor, el esfuerzo por hablar, el esfuerzo por siquiera respirar.
—A parte, ¿qué chingados te pasa?, Doña Elena ya me dijo que te vio recogiendo pájaros muertos en el camellón y no se que más porquerias, nomas donde me entere que andas haciendo tus pendejadas y ahora si vas a saber.
La ira en Carolina incrementó, tan solo habían pasado unos cuantos minutos desde que despertó, aún ni siquiera se había quitado del todo las lagañas y ya estaba peleando de nuevo con su madre y su padrastro, quería irse, tenía que irse ya no soportaba más existir junto a ellos, mira al otro lado de la habitación, a la puerta de hierro oxidado, a su lado el gran sillón desgarrado por el tiempo sobre el esta el chaleco rojo, su uniforme. Podria correr, tomarlo y salir huyendo <<¿al trabajo?>>
— Le rece tanto a la virgen por no tener una hija como tu, solo dios sabe cuanto se lo pedi, ¿que es lo que hice mal?
— Tu no hiciste nada vieja, fue su papá, nos está cayendo su karma.
—Me echo a perder la vida, yo no quería tenerte pero dios quiso que te tuviera, y ve.
Carolina hizo el esfuerzo por levantarse pero algo la golpeo, algo pesado, algo caliente, muy caliente, al punto que al contacto le quemó, ella gritó, se retorció de dolor, sus sollozos se mezclaron con un sonido metálico de aquella cosa al caer, el sonido metálico de la cazuela donde estaba hirviendo la sopa.
— Mira lo que me haces hacer pendeja, mira nomas el tiradero, ay dios mío, y acababa de trapear, me va a dar algo, te juro que me va a dar algo, no se como le haces para sacarme de quicio y apenas van a ser las 10 — La pequeña mujer robusta da vueltas por la cocina, agitando las manos— será mejor que te disculpes niña, ¡Discúlpate!